Saraguro: el pueblo de hombres y mujeres de negro en Ecuador

FECHA DE VIAJE: ABRIL DE 2018

Fuimos a Saraguro, un pueblo en el sur de Ecuador porque nuestra amiga y colega viajera/bloguera Tati, nos sugirió visitarlo. Fue en mayo de 2018, cuando estábamos embarazados de Lola. 


Estábamos en Loja, recién llegados a Ecuador. Todo era nuevo y diferente -al norte de Perú, de donde veníamos-. La poca cantidad de autos en las calles, la limpieza de las veredas, la denominación de los diferentes tipos de comercios, la arquitectura, la vestimenta de las personas… Diferente era especialmente la ropa de algunos hombres que veíamos caminar en los alrededores de la plaza principal. 

Adultos, adolescentes y niños con pantalones negros tres cuartos -tipo pescadores- con tiradores, camisa blanca, saco tejido negro y sombrero y zapatos también de color negro. Todos con el pelo trenzado hasta la cintura.

Una vestimenta diferente a la que usaban la mayor parte de las personas en ese momento en ese lugar. Ese rasgo diferente nos llamó la atención. ¿Quiénes son esos hombres de negro? Los saraguros. Unos días después nos enteramos que viven justamente en el pueblo que lleva ese nombre: Saraguro. 

El saber popular sostiene que se visten de negro porque están de luto desde la muerte de Atahualpa, el último emperador Inca. Aunque no hay evidencia que lo confirme, tampoco hay nadie que lo contradiga con firmeza.

Saraguro, el pueblo

¿Es una parada obligatoria en el recorrido por Ecuador? Sí, claro. Como todo punto en el mapa, aunque no figure en ningún folleto turístico. De Loja nos íbamos a Cuenca por la Carretera Panamericana hacia el norte y Saraguro queda casi en la mitad del trayecto. Parar unos días en un pueblito entre las montañas siempre es un buen plan, ¿cómo no íbamos a conocer este pueblo de gente misteriosa al sur de los Andes Ecuatorianos? 

La primera impresión fue de un pueblo deshabitado. Aunque había muchas fachadas de locales comerciales, todos estaban cerrados. Es que llegamos un sábado por la tarde, ya en el horario de la siesta. Después nos enteramos de que el sábado es día de descanso -y no lo domingos, como sugiere aquel libro sagrado-. 

El día domingo no se descansa; hay que levantarse temprano y dirigirse al centro del pueblo. El mercado está abierto desde la 4 de la madrugada. Desde las comunidades, los saraguros se acercan a vender y a comprar lo que producen en sus tierras, lo que se cultiva en otras regiones del país y también lo que se fabrica en las ciudades. 

El mercado es un galpón que por fuera parece que se cae a pedazos y por dentro que está recién refaccionado. Todo ordenado, limpio y prolijo. Para nuestro gusto, le falta un poco de rusticidad. Eso lo encontramos afuera, donde están los puestos de comida, los que le dan -en aroma y color- ese aire típico de mercado andino. 

En las cuadras aledañas, se estacionan los camiones colectivos que funcionan como transporte público para trasladar a los saraguros desde las comunidades hasta el pueblo. Alrededor del mediodía, en los camiones colectivo se ven las bolsas que fueron dejando los que ya hicieron sus compras. Están ahí pero nadie las toca, cada uno sabe cuál es la suya. 

Además de hacer las compras, el domingo se va a misa, se compran flores frente a la iglesia, se va al banco, se pagan los servicios. Después de todo eso, los saraguros se sientan a esperar en los bancos de las dos plazas. Todos están vestidos de gala; desde los pequeños hasta los ancianos, visten su ropa y accesorios tradicionales. Pollera negra y camisa blanca las mujeres, con collares de colores. Pantalones pescadores con tiradores y saco negro los hombres. Por supuesto, con sombrero y una trenza larga. Todos con zapatos negros lustrados.  

Tanta relevancia tiene este día en la zona que la Alcaldía de Saraguro los llama Domingos culturales. Lo vivimos como un día de intercambios; comerciales y sociales. 

Alrededor de las dos de la tarde, la actividad merma. Menos gente en la plaza, menos gente caminando, menos gente haciendo cola, menos gente comprando. Los comercios ya están casi cerrados. Solo están abiertos los pocos restaurantes de alrededor de la plaza. Por ahí comimos nosotros, mirando todo y a todos. 

Cuando el espectáculo cultural termina, toma protagonismo la arquitectura.

Saraguro es de esos pueblos irregulares porque el trazado cuadricular típico de los pueblos coloniales de América del Sur no es posible por la geografía. Seguimos sin entender cómo a alguien se le puede ocurrir fundar un poblado en el medio de sierras y colinas.  

Igualmente intentaron construir los edificios principales sobre calles paralelas y perpendiculares. Así que está la iglesia matriz y enfrente el parque central. A uno de los costados está la sede municipal y en otro el banco, también un restaurante y una casa de té y puestos de artesanías. Todo ese recorrido se hace por veredas en las que hay que subir o bajar, bajo los techos de galerías de madera; aunque parece que estás caminando sobre balcones porque uno está como arriba y la plaza allá abajo. 

Alejándose de la plaza, desaparecen los adoquines de las calles y las pocas calles rectas y anchas; aparecen las diagonales y los callejones con casas de techos y puertas bajas.

El sábado es día de descanso para los locales, pero de actividades para los visitantes. En el momento en el que vistamos Saraguro estábamos embarazados y con pocas energías aventureras, sobre todo después del viaje hasta allá que implicó curvas y contracurvas y subir hasta más de 2250 msnm. 

¿Qué podríamos haber hecho en Saraguro? Además de recorrer el pueblo, visitar el mercado y caminar por sus calles -subiendo y bajando- hay algunos sitios naturales para conocer en los alrededores que nos mencionaron los taxistas, la gente del hostal y de los lugares donde comimos.  

  • Baño del Inca: Es una zona de cuevas y una cascada con una pileta natural, donde se puede hacer baño de purificación. Nos dijeron que se llega en auto en 5 minutos desde el pueblo y después se camina por un sendero por 20 minutos. Está habilitado para acampar.
  • Cascada de la Virgen de Agua Santa: Está a 10 Km del pueblo de Saraguro, en el barrio Oñacápac. El salto de agua mide 30 metros de alto y enfrente hay un mirador donde colocaron un altar con flores y candelabros, en donde se dejan ofrendas a la virgen. Dicen que la Virgen apareció en la cascada y hacía milagros a los pobladores, por eso ahora además de ser un destino turístico es un lugar sagrado y tiene muchos devotos.
  • Sector de las Tres Lagunas: No tenemos mucha información. Sabemos que es una zona a la que llaman la Voladora, en el camino Saraguro-Yacuambi.
  • Leona Dormida: Es un cerro con forma de… leona dormida (aunque en la foto que vimos no la identificamos). Está situado en la parroquia Urdaneta en el camino hacia Cuenca. Hay que ir en auto hasta la Comunidad Villa Carreña y después caminar por unos 15 minutos.
  • Cerro de Arcos: Por lo que vimos en las fotos son unas formaciones rocosas naturales que asemejan a ruinas en forma de arcos. Para llegar al cerro hay que viajar hasta Manú, luego de esta parroquia se puede tomar un vehículo por una carretera angosta hasta la cordillera del barrio Sabadell.
  • Bosque Nativo de Huashapamba: Es área protegida de 217 ha por su característica de bosque nublado con alta variedad de flora y fauna nativa. Alcanza entre los 2800 y 3000 msnm y tiene conexión con la laguna sagrada de los saraguros, ubicada junto al cerro El Puglla.

No hicimos nada de todo eso y nos dedicamos a descansar y a disfrutar de la vista del pueblo desde el Hostal Achik Wasi, donde estábamos alojados.

Los saraguros

¿Qué sabemos de los saraguros además de que se visten de negro? Fue en una charla con María Guaillas, encargada del hostal, donde nos enteramos que el negro no tiene que ver con el luto porque en la cosmovisión andina no existe el ritual de vestir de negro luego de la muerte. Sin embargo, sabemos que el sincretismo entre la religión católica y las creencias indígenas llega hasta ámbitos inimaginables. Para María, y para las comunidades saraguro, el negro se debe a que la lana oscura es mejor para el clima frío de los Andes

Mucho tiempo de esa charla lo dedicamos al tema de la vestimenta, porque despierta curiosidad en los extraños y para ellos representa costumbre, tradición y -actualmente- un recurso de atractivo turístico que empezaron a explotar. 

El negro se debe a que la lana oscura es mejor para el clima frío de los Andes

María nos mostró con su ropa cada uno de los componentes del traje de las mujeres. La pollera larga hasta los tobillos, el anaco -una sobrepollera tubular- de tela plisada confeccionada con lana de borrego. La blusa blanca, bordada en colores en el cuello. El rebozo sobre los hombros, de color negro, para abrigarse. La faja de colores, que funciona como cinturón. El tupo, un accesorio de plata para enganchar el reboso. Y también collares de mostacillas de colores y aretes de plata. Todo el conjunto cuesta más de USD 1500, por lo que muchas jóvenes no lo usan cotidianamente. Sin embargo, para las fiestas tradicionales no hay nadie que no esté vestido de gala. 

Sobre los pantalones tipo pescadores que usan los hombres, María nos dijo que es una cuestión de comodidad: como realizan trabajos de agricultura, para no embarrarse los pantalones directamente los hacen hasta las pantorillas. Pura practicidad. 

Después seguimos conversando mientras recorríamos el hostal. María nos contó que lo empezaron a construir alrededor del 2008 a partir de la iniciativa de la Fundación Kawsay, una entidad social y comunitaria del pueblo Saraguro. Nos mostró las habitaciones de la planta alta desde donde se tiene la mejor vista del pueblo, y también las quíntuples, para familias numerosas o para grupos de amigos, ya que en temporada alta -junio y julio- reciben a grupos. 

Nos llevó al salón de eventos, donde organizan reuniones, fiestas, conferencias. Nos hizo caminar por la huerta donde tienen sembrado hierba luisa, cedrón e hinojo entre otras hierbas y plantas; todos elementos necesarios para preparar horchata, la infusión medicinal típica de la zona. Por último nos mostró toda la variedad de trabajos artesanales que se realizan en las comunidades Saraguro, como collares, pulseras y aros, tejidos en telar y sombreros. 

Antes de terminar el recorrido, María nos señaló un panel lleno de fotos. Cada una muestra algún aspecto de la vida en las comunidades que conforman al pueblo Saraguro, en tanto colectivo cultural originario de la región. 

Sin dudas, la mejor forma de conocer a los saraguros -y a cualquiera- es conversando, compartiendo, conviviendo. Conscientes de esto, fundaron una operadora de turismo comunitario, Saraurku, con propuestas de actividades culturales experienciales. Consiste en convivir unos días en las comunidades de los saraguros y compartir sus actividades diarias como el trabajo en artesanías de tejidos en telar y joyería de plata, tareas en el campo con animales y en las plantaciones de maíz, papa, habas además de la preparación de comidas típicas. Es un intercambio cultural entre el visitante, familia anfitriona y la comunidad


En nuestro caso no fue posible ese intercambio porque no habíamos planificado ir y nos enteramos de esta posibilidad recién al llegar. Será la próxima.

Datos útiles para visitar Saraguro

  • Hay transporte público desde Loja y desde Cuenca, con varias salidas diarias. 
  • La oferta hotelera es limitada. Nosotros nos hospedamos en el Hostal Achik Wasi, de gestión comunitaria. Lo recomendamos por sus vistas desde la colina donde se ubica, por el entorno natural, por las instalaciones rusticas y confortantes, y por la calidad de la gente que lo administra.  
  • Para hacer actividades de turismo comunitario o de naturaleza, pueden contactarse con la operadora Saraurko
  • La oferta gastronómica es escasa. Recomendamos el restaurante ShamuiCo, frente a la plaza principal. Es de gastronomía local, con fusión francesa. No es económico, pero vale por la calidad y por el entorno. 
  • Es obligatorio visitar Saraguro un domingo o durante alguna festividad, sino puede llegar a decepcionar.

Agradecemos a Tati, del blog Caminando por el Globo, por habernos recomendado visitar Saraguro mientras nos alojaba en su casa de Loja. También a María Guaillas, del Hostal Achik Wasi, por la charla y por la confianza.

 

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