Mirar y experimentar el Eclipse total de sol 2019

Pasaron casi cuatro años desde el día en el que nos enteramos que el 2 de julio de 2019 iba a haber un eclipse total de sol y que solo iba a ser visto desde algunos puntos en América del Sur. Estábamos en Chile, haciendo el Tour de Estrellas en Vicuña, un pueblo del Valle de Elqui. Mientras mirábamos la luna desde un telescopio en el observatorio Mamalluca, uno de los astrónomos nos dijo: “Los invitamos a volver el 2 de julio de 2019 porque acá va a ser el mejor lugar para ver el eclipse total solar”. Aunque nos entusiasmó la idea de experimentar semejante fenómeno natural en ese lugar, se nos hacía imposible pensar dónde íbamos a estar cuatro años más tarde. Probablemente, en ese momento pensábamos que más cerca de llegar a Alaska que en el hemisferio sur. 

El 2 de julio de 2019 nos encontró casi en el mismo lugar que cuatro años atrás. Nos separaban solo 270 km y la imponente Cordillera de los Andes; pero estábamos prácticamente en la misma Latitud. Estábamos en Bella Vista, un pueblo de la provincia de San Juan, donde fue el mejor lugar para ver el eclipse total de sol del lado argentino. 

No fue casualidad

Llegamos a San Juan a principios de febrero de 2019 sabiendo que íbamos a vivir en la provincia al menos hasta mitad de año. Pasado el 30 de junio, planeábamos retornar a la ciudad de Buenos Aires. A los pocos días de llegar, empezamos a escuchar sobre los grandes acontecimientos que iban a tener lugar en la provincia y nosotres nos entusiasmamos por todo lo que íbamos a poder vivir: la Vuelta a San Juan, la Fiesta Nacional del Sol, la Feria Internacional de Artesanías y el eclipse total de sol. Ahí recordé las palabras de ese astrónomo chileno una noche a final del invierno de 2015. 

Faltaban varios meses para el 2 de julio pero desde ese momento acordamos irnos de San Juan después de esa fecha. Estábamos en uno de los pocos lugares en Argentina donde se iba a poder ver el eclipse de sol de manera total. Faltando pocas semanas nos decidimos ir al punto de observación público de Bella Vista, un pueblo a 250 km al noroeste de la ciudad de San Juan.  

En el mejor lugar 

Decidimos ir a Bella Vista porque era el mejor lugar para ver el eclipse. ¿Por qué el mejor? Porque fue, por su ubicación geográfica, el lugar donde más tiempo duró el eclipse total en territorio argentino. Las predicciones de la NASA decían que la duración de la totalidad sería de 2 minutos 30.5 segundos. Las coordenadas precisas del mejor lugar para ver el eclipse eran Latitud -30.4685 y Longitud -69.2556. Resulta que allí no hay nada; nada más que tierra y algunos arbustos sobre un llano frente a la Cordillera de los Andes.  

La gobernación de San Juan y astrónomos locales organizaron la instalación de puntos de observación en distintas zonas de la provincia. Claro que se podía ver desde cualquier lugar dentro de la franja de la totalidad de la sombra. Solo que al tener predios específicos como puntos de observación se podía tener bajo control la entrega de anteojos adecuados para ver el eclipse, baños, puestos de comida, feria de artesanía, actividades. 

Vivirlo en comunidad

El punto de observación de Bella Vista fue elegido por medios de comunicación nacionales e internacionales, por astrónomos profesionales y amateurs, por aficionados de la astronomía y por simples mortales interesados en experimentar un eclipse solar total. Todos se trasladaron hasta ahí desde diferentes partes de Argentina y del resto del mundo.

Sabíamos que íbamos al punto de mayor concentración de gente. Es que queríamos ser parte de un evento social convocado por un fenómeno natural. Conocíamos los pueblos de esa zona cordillerana de San Juan, los habíamos visto casi vacíos, habíamos transitado esas rutas en soledad. Queríamos ver cómo el fenómeno del eclipse 2019 transformaba esa cotidianeidad en pausa con la llegada de miles de personas. Queríamos compartir ese momento con otros viajeros entusiastas y multiplicar la energía del universo con la nuestra

Cronología del eclipse 

Decidimos que, si íbamos a vivir semejante experiencia, teníamos que hacer todo con tranquilidad. Llegamos dos días antes a Rodeo, un pueblo cercano a Bella Vista y cabecera del departamento de Iglesia. Digamos que es el pueblo más grande de la zona y el que más servicios turísticos ofrece. Fuimos en auto de alquiler de una empresa local (Classic Rent a Car) desde la ciudad de San Juan y aprovechamos para recorrer todo el Dique de Cuesta del Viento. 

El martes 2 de julio definimos que íbamos a ir al punto de observación solo un rato antes de que empiece en eclipse parcial. No queríamos que Lola estuviese muchas horas en un lugar al aire libre y sin instalaciones adecuadas para que ella la pase bien. 

Llegamos al predio alrededor de las 16 horas. Después de hacer varios minutos de fila en el auto mientras los policías organizaban a las decenas de autos que llegaban, bajamos equipados: cochecito de Lola, colchoneta de juego, juguetes varios, mochila ergonómica para portearla, ropa de abrigo y mantas

El día estaba espectacular, pleno sol, un cielo 99% despejado y hasta calor -aunque estábamos frente a la Cordillera de los Andes en pleno invierno-. 

El comienzo del eclipse parcial empezó y casi no nos dimos cuenta. Estábamos distraídos mirando la cantidad y variedad de gente que se estaba concentrando en el lugar. Desde evidentes “gringos” que habían viajado miles de kilómetros hasta “gente autóctona” que llegaba caminando desde su casa. La franja etaria en todos los casos iba desde bebés lactantes y deambuladores hasta ancianos de pelos blancos y piel curtida. 

Entre los locales se generaban rondas de sillas, banquetas o reposeras. Algunos se reconocían y aprovechaban para saludarse después de no sabemos cuánto tiempo. Era realmente un evento social. 

Ya teníamos los famosos lentes homologados, así que decidimos buscar un lugar para empezar a disfrutar del eclipse parcial y prepararnos para la llegada de la sombra lunar. A simple vista el sol brillaba como todos los días, apenas uno podía mirar y encandilarse como siempre. Solo poniéndonos los lentes podíamos ver cómo la luna iba tapando el sol desde abajo a la izquierda

Nos alejamos de la pantalla, de los parlantes y de las cámaras de TV. Pusimos la colchoneta para que Lola juegue en el piso y el cochecito haciéndole de sombrilla. Cada tanto mirábamos hacia el sol con los lentes para ver cómo el eclipse avanzaba. 

La tonalidad empezó a cambiar. Era de día pero la luz era diferente. La sombra estaba difuminada. La temperatura disminuía. El sol perdía su potencia. 

Lo que pasó desde unos segundos antes del eclipse total es difícil de transcribir. Todos los sentidos estaban en alerta y al mismo tiempo era imposible captar todo y por momentos alguno se anulaba. 

Recuerdo que empezó a oscurecer, pero de una manera diferente al atardecer, porque se hizo azul de repente. Había estrellas en el cielo. Hacía frío. Al mirar al sol con los lentes, ya no se veía nada. Sin los lentes, había un círculo negro rodeado por un aro de fuego

La gente gritaba, aplaudía, reía. (Y nosotres, que somos gente, hacíamos algo similar.) Y además de toda la emoción del momento, sentíamos nervios por estar cuidando debidamente a Lola para que no quisiera mirar hacia donde miraban todos. Ella protestaba por tener la capucha puesta o por no poder jugar con los lentes que teníamos puestos. También sonreía cuando escuchaba a todos aplaudir. 

Mientras tanto intentábamos registrar de alguna manera lo que estábamos viviendo: La Go Pro en automático sobre el trípode y Mariano filmando con su celular. Lamentablemente, ninguna imagen que tenemos retrata lo que vimos. 

Fueron 2 minutos 30.5 segundos de sombra, tal como lo decía la NASA. Fue efímero y los recuerdos son borrosos y confusos. De repente, la claridad volvió. El sol seguía ahí. Los minutos transcurrieron y vimos -con los lentes- cómo el sol se escondía tras la Cordillera de los Andes aún con la luna tapándolo parcialmente. 

Lo que el eclipse (nos) dejó

La gobernación de San Juan dice que el eclipse (y todo lo que se generó a partir de él) les dejó más de $380 millones a la provincia. Nosotres fuimos testigos de la cantidad de autos que se movilizaban entre los pueblos del departamento de Iglesia desde el 1 al 3 de julio y vimos patentes de otros países, advertimos cómo subieron los precios de los hospedajes y que en las plataformas de reserva por internet figuraban sin disponibilidad, reconocimos a personas de distintas partes del mundo por su modo de vestir o al escucharlos hablar. 

Por todo esto también fue que elegimos irnos a Bella Vista a ver el Eclipse: para vivir en primera persona todo lo que mueve un evento así. Y cualquier motivo que haga viajar a las personas, para nosotres es interesante experimentarlo.

 

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