Volver a visitar Porto Alegre

La primera ciudad que nos enfrentó al dilema de repetir destino fue la capital de Río Grande do Sul en Brasil. La primera vez en visitar Porto Alegre fue en nuestra aventura mundialista del 2014. Habíamos pasado una semana allí y, si bien los partidos eran los protagonistas, habíamos recorrido buena parte de la ciudad.

Esta vez debíamos pasar por una cuestión de rutas: veníamos desde la costa uruguaya y queríamos subir hasta Paraguay, por lo que teníamos que atravesar el sur brasilero. Pero la duda era si iba a ser solo de paso para llegar a la Sierra Gaúcha –pronúnciese gaúya– o si realmente queríamos volver a visitar Porto Alegre e instalarse unos días allí.

Desde que salimos de Buenos Aires solemos debatir acerca de qué haremos con los destinos que ya visitamos en oportunidades anteriores. Nos planteamos si volveremos a visitarlos –seguramente con otros ojos- o si tomamos por otro camino para encontrar nuevos lugares. Siempre llegamos a la conclusión de que no tiene mucho sentido hacerse problema al respecto y que llegado el momento lo evaluaremos. Con Porto Alegre fue así: sin planificarlo llegamos hasta allí.

Rodoviaria de Chui
Moderno cartel que anunciaba las salidas desde el Chui hacia las principales ciudades del sur de Brasil.

Llevábamos un mes de viaje, veníamos saliendo de Uruguay por la costa oriental y no teníamos definido cómo recorrer el sur de Brasil. La primera referencia brasilera que aparecía en el mapa era Pelotas pero, más allá de que su simpático nombre nos atraía, prácticamente no sabíamos nada de ella. Nuestra idea original era pasar una o dos noches para después avanzar un poco más hacia el norte.

Luego de algunos desencuentros con quién nos iba a hospedar allí, de pronto nos encontramos en la frontera de Uruguay y Brasil –Chuy/Chui- sin tener claro cómo seguir. Ir a Pelotas sin ningún hospedaje para pasar unas noches nos implicaba un gasto que no teníamos ganas de afrontar. Finalmente decidimos aprovechar un ómnibus que viajaba durante la noche desde Chui hacia Porto Alegre.

La nostalgia mundialista

A las siete de la mañana nos bajamos en la Rodoviaria de Porto Alegre. Debemos reconocer que, luego de un mes de paz en la playa uruguaya, el movimiento citadino nos impactó un poco. No olvidemos que Porto Alegre tiene más de dos millones y medio de habitantes; casi lo mismo que todo Uruguay. Con el correr de las horas recordamos por qué la capital gaúcha había dejado tan buena impresión en nosotros y en poco tiempo estábamos disfrutando de la ciudad.

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Terminal urbana de buses de Porto Alegre

Los primeros días vivimos una especie de emoción nostálgica posmundial. Cada lugar que pasábamos despertaba un “ahí es donde el año pasado…” seguido de cualquier anécdota mundialista. Haber parado los primeros días en Cidade Baixa, al igual que durante el mundial, favoreció eso.

La falta de Internet los días previos a llegar a la ciudad hizo que no pudiéramos resolver hospedaje a través de couchsurfing (Si querés saber de que se trata lee ¿Qué es Couchsurfing?), por lo que terminamos recalando en un hostel que sacudió nuestro presupuesto. Como ya conocíamos Cidade Baixa, hacia allí fuimos en busca de algún lugar dónde dormir.

Gran lección viajera: en grandes ciudades, el hospedaje, ya sea por Couchsurfing, por intercambio o por cualquier otro método no “tradicional” debe gestionarse con un mínimo de dos semanas de anticipación.  De lo contrario… paganini

La intensa vida nocturna y la oferta de hospedajes de diverso tipo en Cidade Baixa hacen que sea la zona turística por excelencia de Porto Alegre. Además, está cerca del centro histórico y de los principales parques de la ciudad.

Conocer la zona previamente nos permitió acomodarnos rápidamente y aprovechar al máximo los recorridos. Justamente esa es una de las ventajas de volver a visitar un destino. Uno no necesita tiempo para adaptarse o entender la conexión entre los lugares y así los sentidos se enfocan en los detalles, quizás en cosas más cotidianas.

Nuestras caminatas por Cidade Baixa incluyeron recorridos por sus pasajes angostos, por las avenidas, por calles conocidas y por las que no habíamos pasado nunca. Así descubrimos el Museo Joaquim José Felizardo, un museo histórico de la ciudad interesante para ver la planificación urbanística y la evolución de la ciudad. Se ubica en la calle João Alfredo, donde antiguamente corría un río.  El museo está instalado es una casona antigua con un gran parque, única finca que queda en todo Porto Alegre.

Con mapa en mano y con el recuerdo de lo caminado el año anterior, caminamos hasta Travessa dos Venezianos, una calle, casi un pasaje, marcada en los folletos turísticos como un punto para ver. Ya la conocíamos del viaje de 2014, pero en ese momento nos había dado la impresión de que no había nada de particular. Sospechamos que la fiebre mundialista nos distorsionaba la visión y que nada que no tuviese una pelota de fútbol cerca nos iba a llamar verdaderamente la atención. Así que le dimos una segunda oportunidad.

Travessa dos venezianos - Visitar Porto Alegre
Travessa dos venezianos

Aunque ahora viajamos con otros ojos, la impresión fue la misma. No es más que una calle adoquinada de 50 metros con casas simples, todas iguales con ventanas verticales y de techos altos, pintadas de diferentes colores, vivos y pasteles, destinadas originalmente a familias de bajos recursos. No hay locales de comida, ni de artesanías, ni de objetos, ni de oficios. La información turística cuenta que son viviendas de principios de Siglo XX y que forman parte del Patrimonio Histórico y Cultural de Porto Alegre. Por eso en las imágenes de los folletos muestran una calle de aspecto particular que llama la atención a los curiosos. Una vez allí, uno comprueba que fue una producción fotográfica donde les pidieron a todos los vecinos que saquen sus autos ese día y así poder retratarla.

En definitiva es una calle “pintoresca” que para los que nos gusta caminar, hacer los recorridos prefijados y también salirse de los circuitos, observar la arquitecturas de las casas y preguntarse sobre quiénes vivirán en cada una de esas viviendas, resulta un entretenido camino para hacer.

Contiguo a Cidade Baixa está el Parque Farroupillha, conocido popularmente como Parque de la Redención. Es el parque más grande de Porto Alegre y, de hecho, es la única zona que no pertenece a ninguno de los barrios con los que limita. Nos gustó por su onda boscosa al no estar excesivamente parquizado y por su toque popular.

Brique de la Redención en el parque Farroupilha - Visitar Porto Alegre
Brique de la Redención en el parque Farroupilha

Nosotros llegamos en busca de descanso cerca del mediodía y nos encontramos con muchas otras personas descansando en horario de almuerzo laboral. Es sus más de 350.000 m2 tiene áreas de mucha vegetación y otras expuestas plenamente al sol, un lago artificial -que en ninguna de las dos visitas pudimos ver de cerca porque lo están refaccionando-, un mini zoológico, puntos de conexión gratuita a WiFi, un pequeño parque de diversiones (llamado Parquinho da Redenção), un auditorio con forma de carpa de circo gigante y, por último –creemos que no nos olvidamos de nada-, una zona de comidas al paso.  Además, los fines de semana funciona una feria de artesanías y de antigüedades.

Lindante al parque está uno de los campus de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, sede de las facultades de Arquitectura, Educación, Ingeniería y Derecho. Hacia allí fuimos a sumergirnos al mundo académico. Un gran parque, comedor, edificios en buen estado, una cinemateca y un museo con una exposición sobre las trayectorias de conocimiento de la universidad en sus 80 años. Como la entrada es gratis y nosotros somos curiosos, entramos y encontramos objetos, recorridos, investigaciones, fotografías, restos fósiles y diversos elementos que dan cuenta de las investigaciones que se llevaron adelante en un montón de disciplinas.

(Re) descubriendo Porto Alegre

Sin éxito con las solicitudes de Couchsurfing y con la necesidad de reducir los gastos de hospedaje buscamos una alternativa al hostel en el que nos estábamos quedando.

A través de AirBnb nos pusimos en contacto con Oscar y Ana María, de Colombia, quienes nos hospedaron en su casa. Su nacionalidad nos alivió la cuestión del idioma y nos permitió recibir indicaciones certeras y precisas sobre la zona y la ciudad. Con el portugués nos llevamos bastante bien, pero siempre nos perdíamos, digamos, un 30% de las explicaciones. Que sean colombianos también nos permitió que la primera cena con ellos fuera con arepas de por medio. Charla va, charla viene, al rato de estar en su casa ya nos sentíamos muy a gusto y comprobamos una vez más lo bien que uno puede sentirse con personas que acaba de conocer pero con las que hay cosas en común. Ellos, a su manera, también son viajeros que decidieron dejar su Bogotá natal para hacer una maestría en la Universidad de Río Grande do Sul.

Oscar y Ana viven en el centro histórico de Porto Alegre, a unas cuadras de la costa del Guaíba,  una zona que prácticamente no conocíamos. Si bien hacía un par de días que estábamos en la Ciudad, recién ahí sentimos esa adrenalina que se siente al llegar a un lugar desconocido. Puede parecer obvio pero no está de más recordarlo: siempre hay nuevos rincones para descubrir y conocer, incluso en lugares en los que uno ya estuvo.

La ubicación de nuestro nuevo hogar en Rua dos Andradas, a metros de la Plaza Alfandenga, nos dejaba a pasos de numerosos lugares de interés.

Dominó en la Plaza Alfandenga - Visitar Porto Alegre
Dominó en la Plaza Alfandenga

Un posible recorrido es el que comienza por el Mercado Público Municipal do Porto Alegre, un mercado típico, que no hay que dejar de visitar. Nosotros, como buenos fanáticos de los mercados lo visitamos en reiteradas oportunidades, aunque llamativamente nunca comimos ni compramos nada ahí.

Su estructura ocupa una manzana entera y si bien su fundación fue en 1886 durante toda su historia recibió numerosas remodelaciones siendo la última en 2013 a raíz de un incendio.  El mercado cuenta con un camino interior que lo bordea, lo que arma una galería circundante a la que dan los locales, y dos caminos perpendiculares que se cruzan en el centro. Justo ahí encontramos un piano y un chico lo estaba tocando. Por momentos el sonido que de ahí salía generaba un ambiente muy particular y agradable. En otros momentos contribuía al caos sonoro mezclándose con los ruidos, voces y gritos del resto del mercado. En todos los caminos se encuentran negocios de frutas, verduras, embutidos, carnes, flores.

También están los especialistas en yerba y té. Hay cafeterías y muchos lugares para comer que la mayoría dan a la calle. La planta baja es prácticamente la única planta del mercado porque el primer piso continúa aún en reparación, está casi cerrado y solo algunos locales funcionan como oficinas. Todos los locales que dan a la calle están identificados con un número de loja (local) que por su apariencia deben tener al menos varias décadas.

A la salida del mercado se puede tomar la Avenida Borges de Madeiros en sentido contrario al Río. A nosotros nos hizo recordar cómo era caminar en un mar de gente como en Buenos Aires. Sin embargo debemos reconocer que la sensación no fue angustiante ni de ahogo. Cada vez que la caminamos era como si estuviésemos viendo ese caos humano pero desde afuera, sin necesidad de preocuparse pese a estar en medio de cientos de personas.

Borges de Madeiros descomprime un poco su caudal humano cuando llega al antiguo viaducto Otavio Roca, otro de los puntos claves de Porto Alegre. Si se elige subir se obtiene una vista amplia del centro: se aprecia el Mercado, las peatonales, los edificios públicos. Si se elige atravesarlo por debajo, hay que recorrer unos 200 metros de paredes de mosaico con arcadas y techos altos –altísimos- con variedad de locales como bares, barberías, relojerías e imprentas. Si bien fue remodelado hace algunos años, está muy deteriorado y sus techos funcionan como hogar de varias personas que viven allí con algunas –pocas- pertenencias.

A dos cuadras del viaducto, está el recientemente remodelado Cine Capitolio, típico de la ciudad por su valor arquitectónico y cultural.

En la parte alta –la de arriba del viaducto- se concentran distintos puntos de interés. Nosotros entramos por casualidad al Museo Julio de Castilhos que es interesante visitar porque ayuda a entender las raíces gaúchas del sur de Brasil. Además es gratis, como todos los museos de Porto Alegre que dependen del gobierno. El pasado gaúcho de esta zona emparenta mucho a los pueblos paraguayos, argentinos, uruguayos y brasileños, lo que en la actualidad se ve reflejado en algunas costumbres similares, que no se encuentran en el centro o norte de Brasil. El ejemplo más claro es quizás el mate.

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Típico chimarrão brasilero

En los primeros paseos por Porto Alegre nos llamó la atención ver que los brasileños toman mate. Como argentino uno sabe que, además de nosotros, los uruguayos y paraguayos tienen esa costumbre pero puede sorprender ver a un brasileño con mate en mano y termo bajo el brazo. Eso sí, hay algunas diferencias empezando por el nombre: chimarrão. Además la yerba es más fina, con más polvo y sin palos y de un verde más intenso, como más fresco. El chimarrão suele ser de calabaza y es bastante más grande que el mate rioplatense.  Si bien es rico y recomendamos probarlo, claramente nos quedamos con el mate argentino.

Saliendo del museo hacia la izquierda, a solo 100 metros, se encuentra la Plaza Marechal Deodoro-aunque los portoalegrenses prefieren llamarla Praça da Matriz-. Esta plaza, situada en una de las zonas más altas de la ciudad, concentra los edificios públicos de la gobernación de Porto Alegre y del estado de Río Grande do Sul y otros de importancia social.

En el sentido de las agujas del reloj, encontramos alrededor de la plaza al Palacio Farroupilha, un moderno edificio sede de la Asamblea Legislativa, el Teatro Sao Pedro -a donde nos dejaron pasar a visitar la sala-, el Tribunal y Palacio de Justicia, el Memorial del Ministerio Público, la Catedral Metropolitana, el Palacio Piratini –de sugestivo nombre para ser la casa de gobierno estadual- y el Memorial de la Asamblea Legislativa, antigua sede del parlamento hasta 1967 y que actualmente funciona para brindar información de la historia política a investigadores y estudiantes. Al asomarnos a este edificio, nos invitaron a pasar y pudimos subir a la terraza desde donde se tiene una interesante vista de la ciudad y del Lago Guaíba.

Bajando hacia el lado del Río y retomando Rua dos Andradas, nos encontramos con el  Museu da Comunicação Hipólito José da Costa, un museo gratuito que narra un poco de la historia de los medios de la comunicación. No es la gran cosa pero como comunicólogos no podíamos dejar de ir. Además queda de paso a la Casa de la Cultura Mario Quintana (CCMQ) y ahí sí nadie puede dejar de ir.

La CCMQ es un centro cultural instalado en lo que era el Hotel Majestic y que recibe ese nombre en honor al poeta brasileño que vivió allí algunos años. Es un tremendo edificio rosado de principios de Siglo XX cuya principal característica es que tiene puentes que unen los dos bloques del edificio que están separados por un pasaje, que ahora es peatonal.

En su interior, el edificio cuenta con numerosas salas –destinadas a talleres o exposiciones-, biblioteca, salones, patios, terrazas y  miradores distribuidos en seis pisos. Hay muestras permanentes de pintura y fotografía, actividades artísticas, de danza, musicales, etc. Nosotros fuimos varias veces porque tenía buenos espacios con WiFi para poder trabajar en un entorno más que agradable.

En el quinto nivel se destaca una terraza ambientada con plantas y  jarrones y bañaderas del viejo hotel. Un verdadero pulmón verde en las alturas que de hecho lo llaman “jardín” José Lutzenberger aunque no tenga pasto –para nosotros una condición sine qua non-.  En el último piso hay un bar con balcones ideal para ver el atardecer. También ideal para dejar unos buenos reales.

Como extra, en la planta baja de la Casa de la Cultura se encuentra la Cinemateca Paulo Amorim dedicada a películas independientes. Por una módica suma se tiene acceso a ver dos películas, como ellos mismos definen, de cine-arte. Cuando nosotros fuimos, estaba en cartel Relatos Salvajes.

A la salida del Centro Cultural, avanzando por Rua das Andradas hacia el Río, espera el Gasoducto. Sin embargo, antes de llegar hay un par de puntos que está bueno observar por sus construcciones. Uno es la  Companhia do Comando Militar do Sul que es una base militar que cuenta con un museo y el otro es la Iglesia Nossa Senhora das Dores que a mano derecha se impone detrás de unas escaleras.

Todos estos puntos los recorrimos caminando con mapa en mano y folletos turísticos pero también siguiendo el recorrido que nuestros sentidos nos indicaban. Además, cuando fuimos a la Oficina de Turismo ninguna de las empleadas sabía hablar español -ni inglés- así que no sabemos si nos perdimos de visitar algún sitio de interés -histórico, social, cultural- de la ciudad. Esto nos molestó bastante porque Río Grande do Sul limita con todos países de habla hispana y nos parece que debieran contemplar que algún empleado hable aunque sea portuñol.

Otra alternativa para recorrer el centro histórico es hacerlo con un tour. Por ejemplo, la ciudad ofrece el servicio Linha Turismo para recorrer la ciudad en ómnibus (el famoso bus destechado). Tiene dos itinerarios: uno por el Centro Histórico que abarca todo lo que hicimos nosotros caminando incluso un trayecto por la costanera y otro por la zona sur que va hasta las afueras de Porto Alegre, llegando hasta los caminos rurales. En nuestro caso, nos interesó la propuesta de Free Walk POA, una iniciativa de un grupo de 15 jóvenes para mostrar la ciudad a turistas o locales contando historias y anécdotas de los portoalegrenses.

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Los chicos de Free Walk POA se identificaban con remeras naranjas.

El tour lo realizan todos los sábados a media mañana con voluntarios que hablan en portugués, español e inglés y el pago es por propinas o comprando un libro que ellos mismos realizaron para solventar el proyecto. Fue una caminata de más de horas en la que recorrimos los puntos de mayor interés –muchos por los que no habíamos pasado cuando paseamos por nuestra cuenta- y nos enteramos de algunos datos curiosos.

Por ejemplo que la Iglesia Das Dores tardó más de 100 en construirse porque los fondos provenían de los fieles. Parece que no tenía muchos… Y que como es una de las iglesias más lindas de la ciudad, las reservas para casamiento tienen que hacerse con mucho tiempo de anticipación tanto que algunas mujeres reservan antes de conseguir novio.

Paseo por la costanera del Guaíba

Porto Alegre es de esas ciudades que aprovechan su costa al máximo. Algo que nos encanta y entusiasma, como nos pasó con la rambla de Montevideo.

A pocas cuadras del centro, a partir de La Usina do Gasômetro comienza (o termina) un recorrido  de varios kilómetros sobre el Río Guaíba. Parece que los portoalegrenses tienen la costumbre de llamar a las cosas por lo que no son. El Río Guaíba es en realidad un lago  y la usina de gas en realidad funcionaba a carbón.

La Usina del Gasómetro hoy es un centro cultural en el que se ofrecen muestras artísticas de todo tipo. A diferencia de la Casa de la Cultura, en La Usina del Gasómetro casi no hay divisiones en su interior. Su espacio interno abierto  hace que al ingresar se pueda ver toda la dimensión de la construcción, un galpón enorme de techo interminable, y eso lo hace un lugar muy atractivo, más allá de las exposiciones temporales que pueda haber. Además funciona una sala de cine -también independiente- y talleres de danza, teatro y pintura.

La Usina do Gasómetro está sobre el Lago Guaíba y a metros de la entrada empieza la costanera desde donde los portoalegrenses con un chimarrão y viajeros como nosotros suelen juntarse a ver los atardecer que suelen ser espectaculares.

La costanera de Porto Alegre a nosotros nos gustó porque no es una típica costanera construida de material y súper parquizada. No es tan prolija, tiene un equilibrio entre un camino asfaltado para caminar, patinar y andar en bici pero también tiene pasto y vegetación un tanto descuidada que da la sensación de estar en un entorno más natural y no tan citadino como en realidad es.

Los  fines de semana la costanera se llena de gente. Están los que hacen actividad física, los que pasean, los chicos jugando a la pelota, los que se tiran al pasto con una lona a comer o a tomar chimarrão, los grupos de amigos jóvenes y las familias. Los puestos de comida abundan y una gran opción es comprar algunas brochetes con farinha (son pinchos de pollo o carne a las que se las reboza con harina de mandioca). Otra opción son los salgados (masa con algún relleno generalmente frita), hamburguesas o el clásico cachorro quente (más conocidos en Argentina como panchos).

En nuestro paseo de domingo por la costanera, levantamos algunas brochetes y nos sentamos en unos troncos a metros del Guaíba en donde había lanchas y motos acuáticas surcando el agua. Un día de abril de más de 30° nos invitaba a continuar caminando por el paseo costero hacia el sur de la ciudad. Durante el recorrido encontramos algunas terminales deportivas llenas de gente haciendo todo tipo de ejercicio bajo el sol. Nosotros dudamos en parar a hacer unos abdominales pero finalmente decidimos seguir para que no se nos derritiera el helado que veníamos saboreando.

Pasar por el Anfiteatro Pôr do Sol, sede del Fan Fest del mundial nos trajo los mejores recuerdos, aunque sin la estructura que la FIFA montó ahí en 2014 el lugar estaba bastante cambiado. En una de las esquinas del anfiteatro aparece una escultura llamada Super Cuia que, sin exagerar, parece un racimo de pechos femeninos; muy artística y cuidada por cierto. Aunque por lo que averiguamos está inspirada en las cuias, recipiente de calabaza que se usa para tomar chimarrão.

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Llamativa escultura Super Cuia

Hasta ahí podríamos decir que llega el recorrido “corto” de la costanera. Sin embargo se puede continuar caminando por la Avenida Beira Río hacia al sur. A unos 200 metros esta se une con la avenida Edvaldo Pereira Paiva por la que se puede seguir el recorrido. De un lado se encuentra el Lago Guaíba y del otro se encuentra el Parque Marinha do Brazil.

Luego de caminar alrededor de 30 minutos se llega al estadio mundialista Beira Rio, que es la sede del Inter de Porto Alegre. Al estar en un espacio abierto se puede apreciar la moderna construcción en su totalidad y sacar unas buenas fotos. Pasar por allí significó rememorar los días de mundial donde todo era un mar de gente con camisetas de diversos países. Ese domingo, solo vimos camisetas rojas y mucho tráfico porque el Inter jugaba de local.

Pasando el estadio, caminando unos 1000 metros más está el Museo Iberê Camargo, que debe su nombre a uno de los más famosos artistas brasileños. El edificio en sí mismo ya es una obra de arte y además tiene una ubicación en la costa que da una vista panorámica de la ciudad. Además de las obras de Iberê Camargo suele haber exposiciones de otros artistas brasileños o internacionales. La entrada es gratuita, tiene WiFi libre y un barcito en la entrada con vista al lago. Si bien puede ser una buena idea ir caminando por la costa los 5 kilómetros que separan al museo del gasómetro, hay varias líneas de colectivo que hacen ese recorrido, de ida y de vuelta.

Una de las cosas que nos enteramos por ir al museo municipal es que toda la zona de la costanera está emplazada sobre terrenos ganados al lago. Y es algo que se nota porque son terrenos parquizados, amplios, limpios y pensados para el esparcimiento de los portoalegrenses.

Si bien Porto Alegre es una ciudad grande tiene una virtud de ciudad chica: se puede recorrer caminando, la distancia entre puntos importantes no es mucha y las calles y veredas son amigables -para dos porteños que padecieron las calles del microcentro de Bs.As. es un punto a favor-. Tiene mucho verde y muchos parques en los cuales descansar de las caminatas.

Además de los que ya mencionamos, recomendamos visitar el Parque Moinhos de Vento (también conocido como Parcão) ideal para ir a tomar mate a la tarde. Está en medio de una de las zonas residenciales de la ciudad -donde están las casonas y las calles arborizadas- y rodeado de bares, cafés y pastelerías para extender el día cuando cae el sol.

También nos recomendaron visitar la Planta Hidráulica Moinhos de Vento (cerca de ese parque) porque el edificio y los jardines están inspirados en el Palacio de Versalles pero cuando pasamos era de noche y estaba cerrado.

Dicen que hay que dejar cosas sin ver en los lugares que para tener una excusa que motive a volver. Aunque nosotros no necesitamos excusas para volver a ninguna parte, menos para visitar Porto Alegre por tercera vez que tiene todo lo que nos gusta de una ciudad. Además es el punto perfecto para hacer vida citadina antes seguir camino a las playas de Florianópolis o hacia la Sierra Gaúcha, la zona rural de Río Grande do Sul por donde nosotros continuamos el viaje.

Porto_Alegre-(22)
Vista de Porto Alegre desde Guaíba

Al visitar Porto Alegre por segunda vez, también recorrimos algunos puntos de la afueras, como Nova Hamburgo –de colonización alemana- y Guaíba a donde se llega cruzando el lago en barco. Pero ese relato lo dejamos para más adelante, para esta vez ya fue mucho.

Para ver la galería de imágenes de Porto Alegre, ingresen acá >>

 

Información útil para visitar Porto Alegre

  • ¿Cómo es el transporte en Porto Alegre?

    La capital gaúcha cuenta con líneas de colectivo para dirigirse desde el centro a cualquier punto de la ciudad. El costo es de 2,7 reales.  Si bien la ciudad no cuenta con subterráneo, cuenta con un tren que sirve para conectar el centro con las afueras (el norte de la ciudad), pasando por puntos estratégicos como la estación de buses (rodoviaria) y el aeropuerto. Por ese motivo resulta muy útil cuando uno llega a la ciudad por tierra o por aire.
    Tanto los buses como los trenes tienen una buena frecuencia y la calidad del servicio, según nuestra experiencia, es buena. También existe la opción del taxi (son rojos) y hay paradas bien señaladas en todas las zonas. El costo no es muy elevado y al tener taxímetro uno se puede quedar tranquilo con el valor a pagar. Para nosotros fue ideal tomarlos en un día de lluvia que justo teníamos que movernos con todo el equipaje y otra vez que necesitábamos volver rápido para ver a Boca.

  • ¿Qué no me puedo perder al visitar Porto Alegre?

    Si tuviéramos que recomendar puntos para recorrer en pocos días en Porto Alegre no pueden perderse el Mercado Municipal, el Parque Farroupilha (o de Redencao) y la Casa de la Cultura Mario Quintana.

  • ¿Qué comer en Porto Alegre?

    La oferta gastronómica de Porto Alegre es bastante variada en precio, aunque no tanto en tipo de comida. Por momento nos dió la sensación de que en todos los lugares vendían la misma comida. En general fue bastante complicado conseguir un lugar para comer pastas o pizzas por ejemplo, cuando se supone que es la ciudad brasileña con mayor influencia italiana.
    La modalidad buffet libre es la mejor opción si evaluamos precio-calidad. Nos resultó curioso que haya menús que varían el precio según si es con “una o dos carnes”. El centro es la zona por excelencia para este tipo de menús.
    A la noche en Cidade Baixa hay ofertas gastronómicas más sofisticadas y ahí sí se puede conseguir una mayor variedad de tipos de comida (italiana, internacional, peruana, sushi). También ahí, por sumas que exceden a nuestro presupuesto, se consigue comer buenas carnes.
    Los puestos callejeros también son una gran opción para comer, sobre todo los fines de semana sobre la costanera o en los parques.
    Lo que no pueden dejar de probar al visitar Porto Alegre es: corazón de frango (pollo), salgados, farofa y, por supuesto, chimarrão.

 

Fuentes de consulta

Todos y cada uno de los folletos en portugués, español e inglés que nos llevamos de la Oficina de Turismo. Se pueden descargar acá: www.portoalegre.travel/site/downloads.php

 

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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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