Rastros de la Villa Imperial de Potosí

Potosí, en la época de la colonia, no era una simple ciudad, era la Villa Imperial de Potosí. Tanta era la plata que se extraía de las minas del Cerro Rico (Sumac Orcko en quechua) y, por lo tanto, la riqueza que generaba, que la Corona Española no dudó en otorgarle esa denominación.

Para tomar dimensión de lo que significaba la Villa Imperial de Potosí en esa época ayuda repasar algunos datos. En el año 1573, Potosí tenía 120.000 habitantes, París 60.000 y Madrid 40.000. El Cerro Rico fue el yacimiento de plata más grande del mundo y entre 1545 y 1600 produjo la mitad de la producción mundial de plata.

Recordar las palabras de Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina también nos ayuda a tomar magnitud de la vida de opulencia y despilfarro de la Villa Imperial de Potosí: “Dicen que hasta las herraduras de los caballos eran de plata en la época del auge de la ciudad de Potosí. De plata eran los altares de las iglesias y las alas de los querubines en las procesiones (…)”.

En Potosí se fabricaron millones y millones de monedas. Durante más de doscientos años iban a España varias veces al año entre 12 y 15 barcos repletos de monedas y lingotes de plata. Dos de los barcos que hacían ese recorrido se encontraron hundidos hace algunos años atrás y contaban uno con 500.000 monedas y el otro con 40 toneladas de lingotes de plata y oro.

La frase “vale un Potosí” para referirse a aquello que tiene tanto valor que no se puede ni medir es solo un ejemplo de lo que alguna vez fue la Villa Imperial de Potosí.

Si las sociedades capitalista están llenas de contradicciones –como todas-, América Latina es un buen reflejo de ello, Bolivia un gran exponente y Potosí su máxima expresión. Una ciudad con una riqueza natural extraordinaria en la que muchas de las personas que nacen ahí viven en condiciones de pobreza y los mineros que se internan en el Cerro Rico cuentan con una expectativa de vida de alrededor de los 55 años. Capitalismo en estado puro.

No descubrimos nada sobre la incidencia de la explotación en Potosí en los inicios del mundo capitalista. Ya  bien lo indicó Eduardo Galeano al recordar las palabras de Karl Marx en el primer tomo de El Capital: “El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista.”

Recorrida por el centro histórico de lo que fue la Villa Imperial de Potosí

Llegamos a Potosí, desde Tarija, luego de viajar en bus por seis horas que parecieron seis días. Lo primero que vimos fue el Cerro Rico, pero como nos agarró desprevenidos y entrando a la ciudad por arriba no nos llamó tanto la atención. Más nos llamó la atención la cantidad de casas construidas sobre las laderas de las montañas sin ningún tipo de planificación urbana. La mayoría, como es común en Bolivia, sin terminación o revestimiento, por lo que el naranja del ladrillo coloreaba nuestra vista y se mezclaba con las tonalidades similares del atardecer.

Villa Imperial de Potosí
Por aquí entramos a Potosí provenientes desde Tarija.

El bus nos dejó en la nueva terminal de Potosí que es en las afueras de la ciudad por lo que tuvimos que negociar con un taxista para que por diez bolivianos nos dejara en el centro.

Era de noche y  el centro nos dio una impresión diferente a la de la llegada a la ciudad.  La Plaza 10 de Noviembre iluminada, prolija, limpia y muy bien cuidada estaba rodeada de edificios coloniales y de la Catedral, una de las tantas iglesias católicas de la ciudad.

Los cuatro mil metros de altura pasaban factura a cada paso que dábamos así que luego de caminar dos cuadras nos metimos en el primer hospedaje que encontramos y allí pasamos la noche.

Como ya venía pasando desde que llegamos a Tarija, la agencia estatal de turismo BolTur a través de un intercambio nos ayudó con nuestra estadía en Potosí gestionándonos el hospedaje en el Hostal Colonial y distintas visitas con el operador de turismo AM Travel Potosí.

Luego de esa primera noche, nos instalamos en el Hostal Colonial, a cien metros de la plaza. Una casona de la época de la colonia en la que hace más de 30 años funciona un hotel que nos recibió –y alimentó por las mañanas- de manera muy amena durante nuestras siguientes tres noches en la ciudad.

Hostal Colonial en Potosi villa imperial
El Hostal Colonial nos recibió de la mejor manera.

Ya instalados y tratando de acostumbrarnos a la altura empezamos a caminar por lo que supo ser la Villa Imperial de Potosí. Los primeros recorridos nos confirmaron lo ya sabido: Potosí fue una gran ciudad colonial, como lo fueron Cuzco o Cartagena de Indias. Durante las caminatas con Danilo, guía de AM Travel, empezamos a conocer algunas historias de aquellas casas, iglesias y conventos coloniales. Son más de 15 las iglesias construidas en la época de la colonia en el centro de la ciudad. Paseamos por las angostas calles con sus fachadas con balcones prominentes de madera y jugamos a imaginarnos cómo sería por esas calles la vida en el Siglo XVI. Seguro que más amena que dentro de la mina.

También nos enteramos que la ciudad en un principio creció alrededor del Cerro Rico de manera desorganizada y que con el tiempo y la magnitud que fue tomando se fue ampliando con la típica estructura de las ciudades de la colonia española. Calles distribuidas en forma de cuadrícula, una plaza principal con edificios gubernamentales a su alrededor y varias iglesias. Tampoco faltaba la división que separaba la ciudad de los colonos, la Villa Imperial, de los indígenas. El punto más famoso que aún hoy recuerda esa división es el Arco de Cobija.

Potosí Villa Imperial
Este arco dividía a los colonos españoles del pueblo indígena.

Una visita obligada cuando se pasea por el centro de Potosí es la Casa de Moneda. Hoy es un museo, pero en ese edificio funcionó la segunda Casa de Moneda de la ciudad entre los años 1759 y 1773. Se hizo una segunda casa de la moneda, en plena caída del precio del metal a modo de “relanzamiento”. Entre otras cosas, la nueva casa perfeccionaba la confección de la moneda y dificultaba la falsificación. Si tenemos en cuenta los datos que mencionamos al principio, podemos tomar dimensión de la importancia que tuvo la Casa de Moneda de Potosí en la época de la colonia.

El museo ofrece una visita guiada muy completa que dura unas dos horas y que vale la pena hacer. Por un lado, se recorre un edificio de aproximadamente 15 mil metros cuadrados distribuidos en una manzana y dos plantas. Caminar por sus pasillos, balcones y salones es en sí mismo un viaje en el tiempo. Por otro lado, se ve en detalle cómo era el proceso de confección de monedas y lingotes de plata para la Colonia y como se dirigía dicho proceso desde Europa, como todo en aquella época.

Así, vimos cómo se fundía y laminaba la plata, cómo se le daba la forma redonda a las monedas, cómo se grababan los distintos motivos y cómo se fue perfeccionando el proceso. Obvio que también vimos cómo se explotaban hombres y animales para que eso fuese posible -no muy distinto al presente-.

Además el museo cuenta con varias salas en las que pudimos ver piezas hechas en plata, desde sillas hasta floreros, una muestra de la ostentación de la época y también otras salas con la diversidad de materiales extraídos del Cerro Rico. Obviamente, la plata es el principal pero también se extrae minerales como zinc, el estaño, el plomo, cuarzo y cobre.

Luego del recorrido quedamos con sensaciones bastante intensas: las contradicciones que conocíamos de Potosí las empezábamos a ver con más cercanía. lo que fue la Villa Imperial de Potosí ahora apenas es Potosí. De todas maneras eso no era nada comparado a las sensaciones que tendríamos luego de la visita a la mina. Tan fuertes fueron las sensaciones y contradicciones generadas por nuestra visita a los mineros que las expresamos en una nota aparte. Por eso escribimos Minas de Potosí: en el laberinto del Tío >>>>

Por supuesto, como todas las ciudades bolivianas que venimos conociendo, Potosí tiene un muy colorido y pintoresco mercado principal, a dos cuadras de la plaza. La particularidad que tiene es que es medio laberíntico, no es un espacio amplio con puestos, sino pasillos angostos donde apenas si pasan dos personas caminando y con escalones donde más de una vez tropezamos. Por supuesto es el mejor lugar de la ciudad para encontrar todo tipo de productos, aunque no es tan campesino como otros.

No deja de llamarnos la atención que en los mercados bolivianos no refrigeren ni la carne ni los lácteos, por eso por el momento nuestras compras en los mercados se limitan a alguna que otra “magia” dulce para acompañar el mate, fruta o verdura.

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Puesto de frutas en frente al Mercado de Potosí.

Lo que nos gusta mucho de Bolivia, y no es excepción en Potosí, es la cantidad de locales y puestos de comida que hay por todos lados. Antes de irnos de la ciudad fuimos a averiguar cómo llegar a Uyuni. Para eso caminamos unas veinte cuadras desde la plaza hacia la antigua terminal porque los buses a Uyuni solo salen de ahí. La cuestión es que las veinte cuadras que caminamos no dejamos de ver puestos de comida de todo tipo. Lo mejor, y más peligroso, es que la comida es casera y barata. Por 12  bolivianos (2 dólares) tenés un menú con sopa y plato principal.

Alejarnos de la plaza principal nos permitió conocer un poco de los lugares más “comunes” de la ciudad, aquellos en donde la gente vive y trabaja (si es que no lo hacen en la mina). Lugares en donde la obra pública brilla por su ausencia, el trabajo infantil se hace más evidente, el tránsito es caótico y nos preguntamos más que nunca qué hubiera pasado si la plata del Cerro Rico hubiese quedado en Potosí o, por decirlo de otra forma, si la Villa Imperial de Potosí no hubiese desaparecido.

Un recorrido menos contradictorio: Ojo del Inca, las aguas termales de Potosí

Una opción en Potosí para aquellos que quieren algo de contacto con la naturaleza es ir a las Termas Ojo del Inca. Es de forma redonda, ya que antes de haber un pozo termal, ahí había un cráter de volcán. Los Incas, desde la cima de un cerro aledaño, observaban las estrellas en el ojo de agua, así trazaban líneas para interpretar los movimientos estelares y saber lo que le depararía la naturaleza a futuro. De ahí el nombre de las termas.

El predio queda a unos 45 minutos de la ciudad y vale la pena hacerlo para probar esas aguas naturales y bien calientes. Además, el entorno, en la cima de una pequeña montaña, le da un toque distinto al de muchas otras termas.

Nosotros fuimos con AM Travel, sin embargo se puede llegar en transporte público. A todos, cobran una entrada de… como todo en Bolivia puede tener un precio variable. A nosotros nos cobraron 5Bs. pero escuchamos que a otros les cobraron 10 Bs.

Como el clima estaba nublado no fue mucho lo que estuvimos. De todas maneras nos tomamos un tiempo para bañarnos y comprobar la calidez del agua y también lo profundo del pozo. A menos de un metro de la orilla ninguno de los dos hacía pie.

Alrededor del Ojo hay algunos metros cuadrados de pasto “habilitados” para acampar por 10 Bs adicionales. Si bien no lo vivimos pensamos que puede ser una linda experiencia pasar la noche allí, dentro del agua viendo las estrellas. O bien, alejándose y ver el cielo reflejado en el del Ojo del Inca.

Jueves de Compadres: los mineros de fiesta

Teníamos que seguir para Uyuni, pero por esas cosas que tienen los viajes, el día que habíamos planificado seguir adelante, era Jueves de Compadres, festividad muy significativa  en Potosí. Por eso decidimos quedarnos un día más.

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Cholas vendiendo pétalos de flores para decorar el frente de las casas.

El Jueves de Compadres se festeja el jueves de la semana anterior a Carnaval y es una celebración entre hombres. A la semana siguiente se festeja el Jueves de Comadres, que es entre mujeres. La particularidad del Jueves de Compadres en Potosí es que la tradición típica carnavalesca se cruza con las costumbres mineras.

Así es como el protagonista es el Tío de la Mina, algo así como un diablo (aunque más bien un dios de las profundidades) que protege y da prosperidad a los mineros. El Jueves de Compadres es la fecha que se aprovecha para venerar al Tío de manera especial. Esto implica, entre otras cosas, sacrificar una llama para ofrendar su sangre, encontrarse y festejar entre hombres en la mina. Se come, se toma y se fuma mucho. Y se masca coca, obvio. Las mujeres decoran las calles y los frentes de su casa como un homenaje hacia sus hombres y hacia la Pachamama.

Nosotros fuimos subiendo a pie desde el Mercado Minero hacia la base del Cerro Rico. A medida que nos acercábamos a la mina todo se iba vistiendo de fiesta. El mercado estaba lleno de hombres comprando ofrendas para el Tío y la Pachamama, para darles de comer y beber. Cerca del mediodía la mayoría había dejado las calles para ir a la mina.

El 2016 no será un buen año para los mineros porque el precio internacional del metal será bajo y eso hace, obviamente, que sus ganancias sean menores. El impacto que el futuro cercano tiene sobre los festejos se hace notar. No para nosotros que no sabemos cómo habrá sido en otras épocas, pero sí para los locales que frente a nuestras consultas no paraban de decir cosas como “este año el festejo es tranquilo, el precio del metal está bajo” o “hay mucha sequía, la temporada es mala”.

En una esquina vimos unas diez llamas amontonadas. No entendíamos bien qué hacían allí. Nos acercamos y vimos que estaban a la venta. Cada comprador elegía y por unos 900 bolivianos (120 dólares aproximadamente) se cargaba un animal en el baúl del auto. De ahí se iban directo a la mina. El Tío los esperaba.

Las señoras nos comentaba que este año las cooperativas mineras estaban comprando entre cuatro o cinco llamas y que en años anteriores llegaban a comprar 15. Las ofrendas fueron austeras pero nunca dejan de hacerlas.

Potosí Villa Imperial
El vendedor observa las llamas que ya están atadas. En el fondo los posibles compradores

Nuestra estadía en Potosí fue corta, estuvimos cuatro días y cuatro noches. Eso sí, fueron cuatro días de mucha intensidad y cuatro noches de mucha reflexión. Reflexión que dio origen a muchas de estas líneas.

Las preguntas y reflexiones que puede llegar a generar adentrarse en lo que fue la Villa Imperial de Potosí por supuesto que no son motivo para no ir. Todo lo contrario, Potosí es un lugar único que puede ayudar a entender la realidad de muchas regiones de América Latina. Visitar Potosí es mucho más que visitar una ciudad. Es la oportunidad de entender algo más sobre la contradicción fundante del mundo en que vivimos –o quizá, solamente para seguir haciéndose preguntas, que siempre son bienvenidas- .

Nuestra experiencia dentro de las minas, la pueden leer acá: Minas de Potosí: en el laberinto del Tío >>

Villa Imperial de Potosí, entrada a la mina
Minutos antes de entrar a la mina. No te pierdas nuestra experiencia en la nota.

DATOS ÚTILES PARA VISITAR POTOSÍ

  • Para visitar la Casa de la Moneda hay que hacer una larga fila. Únicamente se puede realizar la visita con los guías oficiales en grupos de 20 personas (es español, inglés, francés). Hay dos turnos por la mañana y dos por la tarde. La entrada para extranjeros es de 40 Bs. y no incluye el derecho a sacar fotografías.
    Nuestra recomendación es ir a la Casa de la Moneda antes de ir a la mina porque da un panorama general de la historia y de lo que fue la Villa Imperial de Potosí y después la visita al Cerro Rico complementa la información y la experiencia.
  • Para conocer las termas del Ojo del Inca, una opción es ir en transporte público. Hay que ir hasta el Mercado de Chuquimia (frente a la antigua terminal) y de ahí un micro que vaya en dirección a Tarapaya y Miraflores por 3 Bs.
    Hay que tener en cuenta que la entrada al predio cierra a las 17.30 y en ese momento se van las personas que ofrecen agua caliente y venden algún que otro producto comestible y bebible.
    Si el plan es acampar, hay que ir con la comida porque no hay nada y las instalaciones son muy básicas.
  • En Potosí hay decenas de agencias. AM Travel, con quien nosotros hicimos los recorridos, está justo frente de la Casa de Moneda. Danilo es un guía excelente.
  • Como toda ciudad turística de Bolivia, tiene hospedajes para todos los gustos y presupuestos. Los hostels, los residenciales, los hostales. El Hostal Colonial nos recibió con las puertas abiertas. Dos patios internos, pisos de madera, espacios amplios y muy calentitos. Seguramente se escapa del presupuesto mochilero, pero una habitación doble no sale más que una igual en un hotel cualquiera de Mar del Plata, Argentina. Muy recomendado para parejas de treintañeros como nosotros.  

* Los datos históricos utilizados en la nota (a excepción de los citados) fueron obtenidos de la información brindada por el guía de la visita a la Casa de Moneda y por Danilo, guía de AM Travel.

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 Esta publicación está patrocinada. Es una de las formas que usamos para viajar: mencionar una marca, empresa u organismo a cambio de un producto/servicio/remuneración. Todo lo que escribimos es subjetivo, está basado en nuestra experiencia y redactado con mucho ♥.

 

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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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