Travesía en ferri hacia la Carretera Austral en la Patagonia chilena

Después de varios meses en Chile, finalmente conocimos el sur. Queríamos viajar por la Patagonia chilena porque la mayoría de los chilenos nos había recomendado conocer los bosques, los lagos y los ríos. No sabíamos ni a qué parte ir ni cómo llegar a una región que prácticamente está desconectada del continente y a la que solo se accede realizando varios trayectos en barco –además de avión-. Finalmente fuimos hacia la Región de Aysén para recorrer la Carretera Austral y lo hicimos a través de un ferri de Navimag.*

Fue una travesía de 24 horas en un barco que navega por canales y fiordos del Pacífico y con la Cordillera de los Andes de escenario. De Puerto Montt, capital de la Región de los Lagos, partimos hacia Puerto Chacabuco a 80 km de Coyhaique, capital regional de Aysén justo en centro de la Carretera Austral.

La ida hacia la Carretera Austral

La travesía empezó alrededor de las 7.00 de la mañana de un domingo. Igualmente el check in lo realizamos el día anterior por la tarde porque citan a todos los pasajeros para coordinar el embarque de los vehículos. No tenemos auto ni alquilamos uno, así que nos presentamos con nuestras mochilas en la zona de embarque esa mañana.

Ya había gente más ansiosa que nosotros esperando y otros que llegaron después. Al rato nos indicaron que el bus estaba atrasado. “¿Qué bus?” Nos preguntamos. Resulta que el ferri es tan grande que lo estacionan en otra zona del puerto. 15 minutos después ya estábamos frente al barco; a nuestros ojos una estructura imponente.

El día estaba gris, frío y ventoso. No nos importaba mucho aunque sabíamos que las fotos no iban a poder mostrar el paisaje desde la Bahía de Angelmó con la ciudad de Puerto Montt de fondo y el volcán Calbuco detrás.

Ferry de Navimag
Los peatones subimos al ferri.

Apenas subimos nos encontramos con más gente. Eran los que viajan con vehículo y estaban desde la madrugada esperándonos a todos nosotros, los que viajamos a pie.

Rápidamente nos acomodaron en los camarotes y nos invitaron a pasar a desayunar. Eso hicimos mientras los operarios alistaban todo para zarpar: sacar la rampa de carga, calentar motores y levantar anclas.

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En el comedor hicimos los primeros amigos del viaje. Un estadounidense que iba hacia la Carretera Austral para pescar con mosca por los espectaculares lagos que hay en la Patagonia Chilena. Después iba a cruzar en bus a Los Antiguos, del lado Argentino, para pasar por la Cueva de las Manos y luego seguir por la Ruta 40 y volver a Chile a la altura de Puerto Natales. Destino final: Torres del Paine. Una joven de EE.UU. fanática del rafting que se subió al barco para después pasar hacia Futaleufú, destino famoso por su río para practicar ese deporte. Luego seguiría al sur de la Carretera Austral hasta Villa Chacabuco, futuro Parque Nacional de la Patagonia, para trabajar de manera voluntaria en un programa de conservación de flora.

Después del intercambio de experiencias todos nos fuimos a ver la partida a la cubierta. Nos despedimos de Puerto Montt con un poco de resolana y la expectativa de tener sol durante el viaje.

La mañana transcurrió entre caminatas de proa a popa y de babor a estribor. También recuperamos energías con una siesta reparadora, si es que a dormir a media mañana se le puede decir siesta. Nos despertamos con el llamado a almorzar por el altavoz y en el comedor nos volvimos a juntar con nuestros amigos viajeros, otras parejas de extranjeros, familias chilenas y choferes de los camiones que también se trasladan en ferri hacia el corazón de la Carretera Austral.

Almuerzo comunitario.

Por la tarde, la expectativa de sol estaba frustrada. El horizonte al sur era amenazante: el cielo negro y el mar abierto (en realidad no, pero no se veía nada alrededor). Afortunadamente, para nuestra vista y tranquilidad, sabíamos que hacia la derecha teníamos el archipiélago de Chiloé y a la izquierda el continente con las montañas nevadas de la Cordillera de los Andes.

La mayoría de los pasajeros nos instalamos en el bar ya que empezó a llover. Algunos leían, otros jugaban al ajedrez. No faltó el que durmió una pequeña siesta en los sillones después de leer algún libro.

Los más inquietos nos paraban de entrar y salir a cubierta. Como una pareja de franceses que alquiló un auto para recorrer el sector sur, de Coyhaique a Villa O´Higgins (lo sabemos porque después la cruzamos en la ruta mientras hacíamos dedo).

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Nosotros nos instalamos en una mesa con las computadoras para trabajar y las guías de viaje y mapas para planificar nuestros próximos pasos. En ese momento se nos acercaron dos españoles para pedirnos prestados los mapas. Estaban recorriendo la Patagonia chilena y argentina en bicicleta –con soporte eléctrico- y se habían subido al Navimag para recorrer el trayecto norte de la Carretera Austral de Puerto Chacabuco a Puerto Montt por la ruta bimodal: más de 1100 kilómetros de ruta y cinco horas de ferri en tres trayectos.

Sea por trabajo (como nosotros y los camioneros) o por placer (como los extranjeros y las familias chilenas) todos nos encontrábamos ahí para conectarnos con la Carretera Austral y recorrer la Patagonia chilena.

Para nosotros un domingo no es domingo si no hay fútbol. Y así fue la tarde: partidos de la liga española y canales de deporte con resúmenes de la fecha. El problema fue que a la hora del partido de Boca con Rosario Central la televisión chilena no lo pasaba. Fue el primer partido del campeonato que no vimos. No nos importaba demasiado, Boca ya había salido campeón la fecha anterior.

Bar del ferry navimag7

 

 

 

 

 

El menú de la noche fue pescado. Si, justo pescado. Una de las pocas cosas que no comemos ninguno de los dos. Tímidamente les preguntamos a los mozos si había una alternativa. Amablemente nos trajeron empanadas de pino.

Por la noche, muchos salimos a cubierta a intentar encontrar alguna estrella entre las nubes negras. Fue imposible. En el comedor, muchos de los chilenos se juntaron en los sillones frente a la TV a ver la novela dominical.

Nos fuimos a dormir con la sensación de estar empezando a cumplir con lo que veníamos deseando desde que todos los chilenos que nos cruzamos nos dijeron “tienen que conocer el sur”.

A la mañana nos volvió a despertar un anuncio en altavoz informándonos que el desayuno estaba listo y que en media hora más arribábamos a Puerto Chacabuco. Del comedor todos nos fuimos a las terrazas a observar las maniobras de “estacionamiento” ansiosos por pisar tierra firme. Primero bajamos los pasajeros que andábamos a pie –o en bici en el caso de los españoles- y después empezaron a descargas todos los vehículos. Ya todos estábamos listos para recorrer la Carretera Austral.

La vuelta a Puerto Montt

Un poco más de dos semanas después nos subimos al Navimag nuevamente. El embarque nos regaló algo de sol para poder disfrutar de la bahía de Puerto Chacabuco con las montañas nevadas alrededor. Sentimos mucha felicidad por todo lo vivido en la Patagonia y al mismo tiempo un poco de nostalgia. Finalizada la carga y las maniobras de zarpe, emprendimos el regreso a Puerto Montt de noche así que no pudimos disfrutar de la vista navegando entre los fiordos.

No nos levantamos a ver el amanecer porque cuando sonó el despertador y miramos por la ventana estaba todo gris.

El viaje de regreso también transcurrió bajo la lluvia y entre charlas con otros viajeros. Una pareja vasca que vino de vacaciones a recorrer la Carretera Austral en bicicleta. Luis, viajero por trabajo, que después de tan solo unos minutos de charla nos ofreció llevarnos en su camioneta hasta Santiago. Y dos viajeros famosos. Claudia y Christian, una pareja chilena que hace dos años y medio está viajando desde Alaska a la Patagonia en camioneta, haciendo una road movie y viviendo la vida itinerante como nosotros.

Tuvimos el privilegio de pasar a la cabina del capitán, aunque en ese momento estaba de guardia el piloto adjunto y el tercer piloto. Conversamos sobre las cartas de navegación y la ruta que hace el Navimag a través del Canal Moraleda, las Islas Guaitecas, el Archipiélago de Chiloé y el Golfo Corcovado. Las nubes no nos dejaban ver nada así que en los mapas y radares nos mostraron en qué punto podíamos llegar a ver el Volcán Corcovado. Y nos contaron que en los días de cielo celeste incluso se puede llegar a ver la punta del Volcán Chaitén. Nos quedamos con las ganas.

Aunque técnicamente nunca navegamos en mar abierto, esta vez sentimos mucho el movimiento de las olas; un sucundum interesante pero nunca nos sentimos mal.

Tocamos tierra en Puerto Montt ya de noche así que el fin de nuestra travesía fue con la vista de la ciudad iluminada. Nos despedimos del ferri y de la Patagonia chilena con una gran sonrisa a pesar de la lluvia que nos golpeaba en la cara.

¿Querés ver todas las imágenes? ¡No te las pierdas! Entrá a la galería de imágenes de la Carretera Austral desde acá >>

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Si te interesa la navegación y los viajes en barco podés leer, Diario de viaje en barco por el Amazonas de Brasil, donde contamos cómo fue navegar desde Manaos hasta la frontera con Colombia durante siete días.

* El viaje lo hicimos a partir de un acuerdo con Navimag. Esto significa que contamos nuestra experiencia, de manera subjetiva, en esta crónica y la compartimos en nuestras redes sociales a cambio de realizar el viaje. Desde ya agradecemos que hayan confiado en nosotros. 

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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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