Santuario El Cañi: El mirador desde el que no miramos

“Una reserva natural para caminar tranquilos, con varios senderos, lagunas, un mirador y una vista espectacular” nos dijo. Y nos convenció.

Fue en una charla con un amigo de Romy, la couchsurfer que nos recibió en Pucón, que apareció este lugar del que no habíamos escuchado nada hasta el momento, el Santuario El Cañi. Nos gustó lo de la vista espectacular y que el acceso a los diferentes puntos no requería que fuéramos profesionales del trekking.

Supuestamente, luego de una caminata de unas horas íbamos a estar en la cima de un cerro mirando Pucón y todos sus alrededores. Eso implicaba ver desde el mismo punto los cuatro volcanes importantes de la zona: El Villarrica, el Solipulli, el Quetrupillan y el Lanín, en la frontera Chile-Argentina. Debemos reconocer que también nos sedujo que no está entre los puntos más recomendados de Pucón.

Al día siguiente de esa charla partimos temprano para la reserva El Cañi. 21 kilómetros la separan de Pucón. Supuestamente por el centro pasaba un bus cada 30 minutos que nos dejaba allí. La realidad fue que el bus pasó pero luego de una hora y media de espera. Cerca del mediodía, a pleno sol llegamos a la reserva.

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Lugar de ingreso a la reserva Santuario El Cañi

El Santuario El Cañi es una de las primeras reservas naturales privadas de Chile. Se encuentra en plena región de Araucanía, una zona sagrada para los pueblos mapuches-pehuenches y de interés económicos para otros.

A fines de los 80´s un grupo de personas logró rescatar la zona de la tala y así se preservaron 500 hectáreas de bosque templado lluvioso. Está lleno de araucarias -árboles literalmente milenarios- hay 12 lagunas de origen volcánico y una gran biodiversidad de avifauna. El Grupo Guías Cañe, unos guías locales de Pichares, es el encargado de administrar la reserva. El costo de la entrada a la reserva al momento de nuestra visita era de cuatro mil pesos chilenos por persona.

El recorrido principal completo es de unos 8,5 kms. Esa distancia separa el ingreso a la reserva del mirador Melidekiñ, acaso el punto más interesante de El Cañi. “Van caminando tranquilos y en unas seis horas recorren todo. Cuatro horas para subir y dos para bajar”, nos dijo el guía de la entrada. Un optimista.

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En los primeros metros, el camino era plano.

Con mucho entusiasmo, luego de las palabras del guía, comenzamos el trayecto. Lo cierto es que luego de unos primeros metros planos, rápidamente nos dimos cuenta que llegar al mirador iba a ser muy complicado. La primera parte del trayecto es un ascenso hacia los mil metros de un cerro. Una subida empinada que no terminaba nunca y que a medida que avanzábamos, a modo de estímulo, nos regalaba unas vistas increíbles de los alrededores, con el volcán Villarrica como protagonista.

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Vista del volcán Villarrica desde El Cañi
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Vista hacia el pueblo de Pichares desde uno de los miradores.
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Vista hacia el lago Caburgua.

Por momentos, la subida era tan ardua que ni la vista nos consolaba. El camino era ancho y en zigzag; por tramos parecía el cauce de un río. A los costados, cuando no había precipicio había antiguos árboles y algunas vacas, ovejas y cabras.

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Bosque, animales y el volcán Villarrica, los testigos de la primera parte del camino.

Definitivamente, los tiempos indicados por los folletos informativos y por el guía son para personas habituadas al trekking y senderismo y no para dos exoficinistas con pasión por las harinas y el helado.

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En el segundo punto de descanso. Todavía teníamos fuerza para sonreir.

Luego de dos horas y media de subida llegamos al refugio principal. Se suponía que debíamos llegar en la mitad del tiempo. El refugio es llamado “El Aserradero” porque, como su nombre lo indica, ahí funcionó un aserradero desde el que se enviaba la madera de los árboles talados a la ciudad de Villarrica. Un gran lugar para agradecer que se haya frenado la tala y descansar viendo la inmensidad de las tierras y bosques de la región.

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Minutos de descanso en el refugio El Aserradero

La zona del refugio está habilitada para el camping, tiene un arroyo cerca desde donde se puede sacar agua, y una construcción techada para hacer fogón, una antigua con cocina leña y resguardarse en caso de tormenta.

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Interior del refugio El Aserradero

Comimos algo rápido para recuperar energías y seguimos el ascenso. La nieve fresca de la noche anterior empezó a aparecer al costado del camino, lo que llenaba de barro el sendero que ya no era tan ancho. La nieve era señal de que habíamos superado los mil metros de altura y que pronto el camino dejaría de ascender.

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Árboles milenarios nos regalaban su sombra.
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Bosque nevado.

Así fue y al poco tiempo ya estábamos caminando por un bosque de coigües; la nieve lo hacía parecer de ensueño. El broche de oro de esa parte del camino fue la laguna Las Totoras. Un espejo de agua cristalina, rodeado de nieve y árboles. La nieve ya cubría todo el suelo. Reforzamos nuestras caras con protector solar y seguimos.

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Sobre una alfombra de nieve.
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De fondo, la laguna Las Totoras.
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Laguna Las Totoras

Caminar sobre nieve blanda consumía más rápidamente las energías que nos quedaban. Estábamos en una carrera contra el tiempo, ya que pronto se acercaba la hora en la que debíamos empezar a descender para llegar al último bus que pasaba por la zona. También estábamos en una carrera contra nuestra propia mente que si se enfocaba en nuestro cansancio quería abandonar, pero si se enfocaba en nuestro orgullo quería seguir para ver lo más posible.

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Muy difícil caminar sobre esa nieve.

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La batalla orgullo vs cansancio la terminó resolviendo la razón. Básicamente no podíamos perder el último bus ya que no teníamos nada para acampar y pasaban muy pocos autos para intentar hacer dedo. Por ese motivo, antes de llegar al próximo punto, la Laguna Negra, decidimos pegar la vuelta.

El descenso no fue fácil ya que el estado del camino y las pendientes muy pronunciadas afectaban nuestras piernas en cada rebote. La bajada parecía no terminar más, demostrándonos que lo que habíamos subido era realmente mucho. Luego de dos horas de descenso, llegamos a la entrada de la reserva. Cinco minutos después nos subimos al bus que nos devolvería a Pucón.

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Luego del descenso, el atardecer nos dio las últimas energías para volver.

El Santuario El Cañi es definitivamente un lugar para visitar. A nosotros nos quedó un sabor amargo. Es frustrante no haber podido llegar a recorrer la parte más linda de la reserva y no haber podido llegar al mirador. Nuestro ritmo lento hizo que quedáramos muy lejos del objetivo. Lo físico sin dudas es un factor influyente, pero lo mental también.

Durante varios días nos quedó doliendo todo el cuerpo. Así, seguimos recordando aquella pequeña frustración, al mismo tiempo que nos preguntamos cómo hacer para no volver a sentir todo eso: ni la bronca ni el dolor muscular.

Recomendaciones

Una buena opción para quien tenga varios días en Pucón es recorrer la reserva en dos días. Así, se puede subir hacia el refugio, acampar allí y luego al día siguiente hacer la última parte. De esa manera, se pueden hacer los trayectos de manera más pausada y también vivir la noche en el bosque para sentirse más cerca de las estrellas. Eso sí, para dormir allí es necesario mucho abrigo.

Si la idea es hacerlo en el día, aconsejamos tomar el primer bus de la mañana, aunque haya que madrugar; para asegurarse llegar a la cima y para disfrutar de los senderos a paso tranquilo.

Cómo llegar al Santuario El Cañi

Hay dos compañías de buses que va desde Pucón hasta la zona de la reserva El Cañi. Todos pasan desde el centro de Pucón y se pueden tomar en cualquier paradero del pueblo o de la ruta. El cartel puede decir el nombre de la reserva y también “Pichares” o terma “Los Pozones”. La parada está en la puerta de la reserva.

El dedo es una buena opción si el plan es recorrer la reserva en dos días sin importar demasiado la hora de llegada. Como El Cañi está camino a varios complejos termales es probable que algún auto se apiade de personas con espíritu aventurero.

 

Les dejamos un video con el bosque nevado de El Cañi.

 

Si querés ver todas las imágenes de Pucón, ingresá en nuestra galería >>

 

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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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