El Salar de Uyuni no es solo un salar

El Salar de Uyuni es actualmente uno de los destinos más visitados y buscados de Sudamérica. Todo tipo de viajeros de todas partes llegan a la ciudad de Uyuni para visitar el desierto de sal más grande y más alto del mundo.

El centro de la ciudad es un desfiladero de extranjeros en busca de los mejores tours al precio más conveniente. Desde que bajamos en la terminal (o en la calle que cumple esa función) no paramos de escuchar múltiples voces repitiendo cosas como “Salar de Uyuni tours”, “Salidas para el salar”, “Salar de Uyuni tours 3 días”, “Salar de Uyuni full day”. Todo gira en torno al turismo.  

Hay un tour de 4 días, quizás el más clásico, y también hay tours de 3 días, de 2 y de 1 (más conocido como full day). Las agencias de turismo, una al lado de la otra, compiten para llenar sus 4×4 todo terreno y salir rumbo al salar.

Pero esto no siempre fue así. Hace algunas décadas el Salar de Uyuni era un lugar poco visitado y no desarrollado turísticamente. De hecho, su nombre real es –o era- Salar de Thunupa, nombrado así por la cultura Aymara, al igual que el volcán que se encuentra en un borde del salar.

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Contemplación en la inmensidad.

Cuentan los locales que el astronauta Neil Armstrong mientras paseaba por la Luna divisó en una parte de Sudamérica algo que parecía un espejo y que no tenía idea de qué se trataba. Al volver a la Tierra averiguó en dónde quedaba y fue a visitarlo. Era el Salar de Thunupa, un lugar de otro planeta, pero ubicado en el Sur de Bolivia.

A partir de ese momento, el desarrollo turístico no paró nunca y a principio de la década del ‘80 se estableció definitivamente como uno de los destinos más importantes de Sudamérica y pasó a ser conocido como Salar de Uyuni, porque todos los tours salían de esa ciudad cercana.

Sin ir a la Luna, sabíamos de la existencia del salar desde hace muchos años. Cuando salimos de Argentina, allá por mediados de marzo de 2015, ya sabíamos que tarde o temprano íbamos a conocer el Salar de Uyuni. Sin embargo, como hacemos en general, tratamos de no sobrecargarnos de información antes de llegar a los destinos, para dejar lugar a las sorpresas.

Y efectivamente nos sorprendimos, principalmente al darnos cuenta de que lo conocido como el “Tour al Salar de Uyuni” es mucho más que una vista al salar de Uyuni. Y no lo decimos en un sentido abstracto, sino que desde la ciudad de Uyuni se pueden visitar muchos puntos de una belleza especial, más allá del desierto de sal.

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Un poco de reflejo…

La ciudad de Uyuni se encuentra en el municipio que lleva el mismo nombre, dentro del departamento de Potosí, al sudoeste de Bolivia. Geográficamente podemos describir la región como un altiplano en los alrededores de la Cordillera de los Andes que más allá del salar cuenta con variedad de lagunas, volcanes, poblados y caminos.

De ahí es que surge la posibilidad de realizar tours de varios días y podemos asegurar que vale la pena recorrer toda la zona la mayor cantidad de días posibles.

Índice – Elige tu propia aventura

Tours: casi la única manera de recorrer Uyuni

Aquellos que como nosotros andan con presupuesto acotado y tratan de evitar los tours o paquetes cerrados seguramente se hagan la pregunta del millón: ¿Es posible visitar el Salar de Uyuni sin tour?  Tenemos una mala noticia. Es muy difícil recorrer el salar de Uyuni y lo que hay alrededor si no es con un tour. Las razones son varias.

Principalmente se debe a que el estado de los caminos es muy malo. Son caminos en muchos casos sin ningún tipo de mantenimiento que normalmente son generados por los mismos guías/choferes cuando lo transitan.

Esto también implica que no hay señalización de los caminos y puntos intermedios, por lo que alguien que no conoce el rumbo difícilmente pueda dar con un destino específico. Además, por una característica del salar de Uyuni, vinculada a la física de los minerales, que no entendemos, el GPS funciona con 10° grados de diferencia por lo que es muy difícil ubicarse.

Y también hay que tener en cuenta que las condiciones climáticas son muy cambiantes –temporada de lluvias, nieve en la altura, fuertes vientos- y dejan a los caminos en peor estado de lo que están en condiciones normales.

La sensación por momentos es que uno está corriendo el Dakar, ya que los vehículos van por el medio del desierto sin que se vea una ruta demarcada. Todos los transportes son camionetas 4×4 todoterreno especialmente diseñadas para caminos offroad. Es decir, ni siquiera es recomendable ir con las 4×4 tradicionales. Conocimos casos de viajeros que yendo por su cuenta se perdieron y debieron pasar al menos una noche en el medio del salar.

En el caso específico del Salar de Uyuni, se podría visitar sin tour, con vehículo familiar ya que es cerca de la ciudad y el camino no presenta más dificultades que la propia sal. Vimos viajeros que han llegado “haciendo dedo”. El problema es que llegar es fácil porque todos van al salar, el problema es la vuelta porque en general pocos regresan a la ciudad.

Sin embargo, para el resto de los puntos que enumeraremos, muchos dentro de la Reserva Nacional Eduardo Avaroa, es casi imposible ir por cuenta propia –salvo para un piloto del Dakar-.

Nosotros, a partir de las gestiones de BolTur, realizamos un tour de 3 días y 2 noches

Salimos un sábado por la mañana de la ciudad de Uyuni y regresamos el lunes por la noche. Luego de comprar provisiones en el mercado local para los tres días empezamos la travesía.

 

El cementerio de trenes

El primer punto que visitamos, a 3 km del centro de la ciudad, fue el Cementerio de trenes de Uyuni. Tenemos que reconocer que siempre es un poco triste ver un lugar abandonado. Esta vez no fue la excepción.

Fuimos testigos de algo que fue, pero ya no lo es más. Un montón de vagones, chatarra y fierros retorcidos yacen al costado de unas vías. El lugar es tan desolador como cautivante. Se puede subir a los vagones, caminar entre metales y balancearse en hamacas de hierro.

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Como en un pueblo fantasma.

Por ahí pasó, a fines del Siglo XIX, la primera línea de trenes del país. Unía Uyuni con Antofagasta, hoy territorio chileno. El objetivo era transportar plata desde la mina Huanchaca hacia el mar. También transportaba pasajeros.

Años después ese tramo fue ampliado con el trayecto Uyuni-Oruro, que al día de hoy sigue funcionando y transporta pasajeros por una vía alternativa.

A principio del siglo XX el auge del estaño le dio un nuevo impulso al tramo Uyuni-Antofagasta. Sin embargo,  con el tiempo, las crisis mundiales y la falta de inversión y mantenimiento esa línea férrea cayó en decadencia. Hoy solo se ven sus restos arrumbados y algunos fierros enterrados en el desierto. A pocos metros se encuentran las vías de un tramo que sí sigue en funcionamiento como transporte de carga y que aún sigue uniendo a Uyuni con el Pacífico.

 

En un tour que incluye diversos y espectaculares paisajes naturales, no está mal alternar y asistir a un paraje que da cuenta de la historia del lugar. Además es un lugar perfecto para sacar fotos que parecen de otra época.

Para nosotros fue la primera parada del recorrido pero para los tours que vienen de Tupiza o San Pedro de Atacama en Chile, por ejemplo, es la culminación del viaje.

El Salar de Uyuni, un desierto de sal inconmensurable

Si bien ya lo dijimos, no está de más aclararlo para cualquier desprevenido. Un lugar es la ciudad de Uyuni y otro es el Salar de Uyuni. El ingreso principal al salar está a 30 minutos de la ciudad, por el poblado de Colchani.

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La continuación de las vías.

Antes de ingresar al salar hicimos una parada en este pequeño pueblo que, obviamente, vive de la sal en todas sus formas así como del turista comprador compulsivo.

Nosotros visitamos una pequeña refinadora familiar llamada Rosario-Juanito, en honor a sus creadores. Son alrededor de 20 las refinadoras familiares que existen entorno al salar. Se estima que por año se extraen unas 25.000 toneladas de sal, para consumo local y exportación.

Luego de visitar la refinadora y ver todo el proceso desde que se extrae la sal hasta que se empaca, caminamos un poco por el pueblo a través de las decenas de puestos en los que se venden todo tipo de artesanía hecha obviamente de sal. En esos mismos puestos, lo vendedores incorporaron a su oferta una variedad de artículos de plástico nada artesanal: los típicos juguetitos que los turistas necesitan llevar al salar para sacarse las también típicas fotos en perspectiva. Playmóvil, dinosaurios, superhéroes y hasta soldaditos de plomo se puede encontrar.

 

De ahí nos dirigimos directamente al salar, luego de pasar por varios hoteles de sal que se encuentran en la entrada, ingresamos al desierto de sal más grande del mundo. El Salar de Uyuni está a 3680 m.s.n.m. y tiene una superficie de 10.582 km². Sin embargo esas dimensiones varían porque suele expandirse producto de las lluvias que, luego de evaporarse, deja más sal en la superficie.

La sequía que se venía dando desde hacía varios meses tenía al salar seco, es decir sin la famosa capa de agua que hace que el suelo se funda con el cielo. El salar estaba blanco, pero encandilaba más de lo que reflejaba. Esto en general es una mala noticia para los visitantes ya que las fotos no resultan tan impactantes.

También es una mala noticia para las agencias ya que muchos turistas deciden ir al salar de uyuni solo cuando está cubierto de agua. De hecho, el “turismo asiático” como dicen entre las agencias es que el que más está pendiente del clima para tomarse un avión únicamente cuando el salar está mojado.

Nosotros más que amargarnos por esa situación disfrutamos cada minuto sabiendo que estábamos en un lugar único en el mundo.

 

A medida que nos internamos por caminos poco demarcados fuimos tomando dimensión real del tamaño del salar de Uyuni. A lo lejos, muy a lo lejos, se ve un grupo de montañas que enmarcan al salar, pero es la única referencia. El resto es la inmensidad más inmensa que se pueda imaginar, al menos en tierra firme.

Las distintas 4×4 y algunos montículos de sal son las únicas cosas que sobresalen a la vista.

A la hora del almuerzo paramos en el famoso Hotel de Sal, si bien no es el único que existe, sí fue el primero en construirse y el único que está dentro del salar de Uyuni.

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El Hotel de Sal recibe a cientos de visitantes por día.

Con los guías nos encanta hablar, más allá de su conocimiento sobre el lugar, porque nos permite conocer una mirada local sobre el lugar, la cultura y la situación actual.

Luego, para bajar la comida, tomamos algunas fotos. La más saliente, con el dueño y excéntrico creador del Hotel de Sal.

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Junto a un visionario.

El lugar estaba lleno de turistas ya que es un punto de parada obligado y el único lugar que cuenta con infraestructura para poder comer algo dentro del salar y no morir insolado. Alrededor, las cientos de personas se alejaban como hormigas para tomar las típicas fotos aprovechando la inmensidad del lugar.

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El detrás de escena de las fotos con dinosaurios.

A pocos metros encontramos un monumento de sal con el logotipo del Dakar como símbolo de bienvenida a los corredores y visitantes que días antes habían pasado por allí.

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Totalmente fuera de contexto. Por suerte el salar es grande.

También hay un conjunto de mástiles con banderas de todo el mundo, al que los turistas se acercaban para ver si la de su país estaba flameando –nosotros nos incluimos-. No sabemos si estaban las de todos los países pero sí las de muchos. Y estaban flameando por el fuerte viento.

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¿ Y la de Argentina? ¿La ven?

Como para agregarle aún más atractivo al lugar, pudimos ver cómo se iba armando de a poco una fiesta de casamiento, con novia de blanco incluida.

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El sueño de todas las mujeres… caminar en tacos sobre la sal.

De ahí, continuamos atravesando la inmensidad blanca. El próximo destino fue la Isla Incahuasi. No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. “Es una isla” nos dijo el guía. En realidad es una isla al revés. Es una saliente de roca volcánica de unos 70 metros sobre el salar, que en medio de tanta planicie tiene bien ganado el nombre isla. Además su historia lo refuerza. Toda se superficie contiene restos de coral petrificado. No cabe duda que alguna vez esa porción de tierra estuvo rodeada de agua,

Luego de pagar 30 bolivianos cada uno, ingresamos a la isla y comenzamos a subir para apreciar la vista desde allí

 

La isla está llena de cactus, algunos de más de siete metros, que le agregan un contraste muy particular entre el blanco del suelo y el celeste del cielo. En veinte minutos llegamos a la cima. La vista desde arriba da la sensación de estar en medio de un océano de sal: todo el Salar de Uyuni a 360°. Definitivamente es como una isla en el medio del mar.

Al bajar, aprovechamos unos minutos para alejarnos de la isla y de la multitud para sacar unas fotos de esas que siempre decíamos que no nos íbamos a sacar pero estando ahí fue casi imposible no hacerlo. No lo hicimos con ningún juguetito solo con lo que teníamos a mano: una GoPro y una cantimplora. El resultado es un poco polémico pero nos divertimos igual.   

 

Ver el atardecer en el salar es casi una obligación. De la isla nos fuimos una hora hacia al sur para acercarnos al lugar en donde íbamos a dormir. Paramos unos 45 minutos para tomar mate y ver el momento en que el sol se escondía detrás de las montañas. 

 

Los cambios de color sobre el salar son indescriptibles; hemos visto muchos atardeceres pero pocos como ese: por la inmensidad, por la tranquilidad, por el silencio.

Ya con frío nos fuimos para Puerto Chuvica, un pequeño pueblo de cuatro cuadras en la unión de un grupo de montañas y el salar. Técnicamente dejamos el salar para subir unos metros por la montaña y quedamos de frente al Salar de Uyuni. A medida que se iban los últimos rayos de sol aparecían las estrellas que nos regalaron otra versión del salar.

 

Pasamos la noche en la cima del pueblo en el hospedaje Caracoles del Salar junto a otro grupo de turistas. (Como nos interesó la historia de este emprendimiento en el medio de la nada, le hicimos una pequeña entrevista a su dueña. Pueden leerla acá: Una historia común, Doña Goya y el hotel de sal.)

Por la mañana nos levantamos bien temprano. Era nuestra oportunidad de ver al sol aparecer sobre el salar. Si bien el horizonte tenía algunas nubes, eso no impidió disfrutar los cambios de colores en el inicio del día sobre el desierto de sal.

Ese fue nuestro último momento con el Salar de Uyuni. Como ya contamos, nuestro tour debía continuar pero ya hacia otro tipo de paisajes.

El camino de los volcanes y lagunas altiplánicas

Dejando el Salar de Uyuni hacia el sur bordeamos el Salar de Chiguana por caminos cada vez más precarios. Hicimos una parada técnica en San Juan, uno de los tantos pueblos de pocas cuadras perdidos por ahí.

Era domingo a la mañana y la tranquilidad inigualable. Llenos de calma continuamos, y con la información de que los caminos estaban en condiciones porque la lluvia no había llegado.

Cada vez aparecían más volcanes, cada vez nos sentíamos más pequeños. En un momento un volcán se impone en el horizonte, era el Volcán Ollagüe que marca el límite con Chile.

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A la izquierda de las vias se ve el volcán Ollague

A pocos kilómetros de ahí vivimos unos de los momentos más tensos de la travesía –aunque después llegarían otros. Al costado del camino encontramos una camioneta dada vuelta. Bajamos y rápidamente advertimos que tanto el conductor como la acompañante estaban bien. Era una pareja de Ecuador que visitaban por primera vez esos caminos.

Entre varios que paraban a ver la situación ayudamos a darla vuelta. Definitivamente la conjunción entre el mal estado de los caminos y el desconocimiento de la zona no es una buena combinación.

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Vale la frase hecha: Fue una desgracia con suerte.

Un poco shockeados pero confiados en las habilidades y conocimientos de nuestro guía seguimos adelante. Lo bueno es que la parte siguiente del camino fue en subida y con una cantidad de piedras, que hacía que la velocidad a la que íbamos sea mínima. Prácticamente la 4×4 escalaba en lugar de rodar.

Luego de esa subida apareció la primera de las lagunas altiplánicas. La Laguna Cañapa estaba poblada por muchos flamencos en sus orillas. Justo en ese momento del día se nubló por lo que no pudimos disfrutar del todo los colores habituales.

Luego de una pequeña caminata seguimos hacia una laguna que nos pareció un poco más atractiva. La Laguna Hedionda debe su nombre al olor que emana la cantidad de azufre que tiene. Aunque el olor no es nada agradable, almorzamos viendo un paisaje compuesto por volcanes, aguas turquesas y un centenar de flamencos.

 

Como si fuese poco, de postre apareció un arcoíris horizontal. Podría haber sido un arcoíris normal de esos típicos semicirculares, pero no; el momento era único, el arcoíris tenía que ser único.

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El misterioso arcoíris.

Empachados de bellezas naturales seguimos atravesando lagunas, primero la Charkiota y después la Honda. Cada una se encontraba un poco más alta que la otra.

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Laguna Charkiota

Al salir de la zona de lagunas nos internamos en el Paso del Inca. Recibió ese nombre porque era uno de los tantos lugares por el que pasaban los Incas cuando descendían camino a Chile. Las formas de las rocas los protegían del clima, por lo que optaban pasar la noche allí.

 

Un camino digno de La Guerra de las Galaxias. Formas exóticas, mucha arena y nosotros ahí sin poder creer cómo estábamos atravesando un paisaje increíble atrás del otro.

Tayka del Desierto: Dormir en medio de la nada

Al salir del Paso del Inca empezamos a recorrer el Desierto de Siloli. A los pocos minutos el guía nos dice “ahí vamos a pasar la noche” y nos señala la nada. Nosotros miramos un par de veces y cuando vimos lo que teníamos en frente no lo podíamos creer.

Un hotel en el medio de la nada. Ahí estaba Tayka del Desierto Ojo de Perdiz. Un hotel que forma parte de un proyecto ecológico y comunitario muy interesante. Las comunidades locales se aliaron con inversores privados y conformaron una red de hoteles en distintos puntos del recorrido típico que hacen los tours al Salar de Uyuni.

 

(Estamos trabajando en una nota para contarles sobre el emprendimiento. Ya saben que “próximamente” estará disponible en el blog para que también conozcan el proyecto.)

Si no podíamos creer que haya un hotel en medio del desierto, menos podíamos creer la calidad de las instalaciones y comodidad que tenía. Paneles solares, electricidad controlada, productos alimenticios de las propias comunidades son algunas de las características de los hoteles Tayka. Además, la atención, las habitaciones y el restaurante son de primer nivel.

 

Comimos viendo el atardecer y nos fuimos a dormir temprano. El último día del tour iba a ser largo y debíamos empezar temprano.

Desierto de Siloli

Muy dormidos después de un gran desayuno en el Tayka del Desierto Ojo de Perdiz salimos para atravesar el Desierto de Siloli. En este caso, la monotonía del paisaje, las tonalidades ocres y doradas y el sol de frente no ayudaban a mantenernos despiertos.

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La salida del Hotel Tayka hacia el desierto.

De pronto unas formaciones rocosas se erigían en el medio de la arena. Bajamos de la 4×4 y empezamos a pasear entre las rocas. La erosión del viento deja sus huellas en las rocas volcánicas y las formas que genera son muy curiosas. La más famosa es el Árbol de Piedra, una formación rocosa producto de la erosión que tiene, obviamente, la forma de un árbol y que mide más de cinco metros.

Todavía era temprano y el viento no solo erosionaba las piedras sino que nos hacía sentir bastante frío. Nada que una campera y unos mates no pueda revertir.

 

Reserva Nacional Eduardo Avaroa

A los pocos minutos de dejar atrás el Desierto de Siloli llegamos a la entrada de Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa. Queda en el extremo sur oeste del país y en el límite con Chile y Argentina.

Luego de pagar unos exagerados 150 bolivianos por persona seguimos camino. Un costo un poco exagerado porque la reserva no brinda ningún tipo de servicio, ni informativos ni de instalaciones propias. Incluso hay muy pocos baños y en donde están hay que pagarlos.

Lo que hace que valga la pena pagar cada uno de los 150 Bs. es todo lo que se encuentra dentro de los límites de la reserva. La belleza natural que se resguarda en esas más de 700.000 ha no tiene precio. 😉

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Uno de los caminos de los Reserva Eduardo Avaroa.

Laguna Colorada

Todavía un poco dormidos llegamos al primer punto de la reserva: La Laguna Colorada. Impactante por el tamaño, pero también por la cantidad de flamencos. No vamos a decir que no es colorada, pero si es cierto que por estar un poco nublado no vimos todo lo rojizo en su esplendor.

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Acá parece Laguna Rosada.

Como todas las lagunas de la zona, el color se lo dan los diferentes minerales del suelo y también el reflejo del sol sumado al viento que mueve al agua. En este caso, son algas y sedimentos rojizos los encargados de la coloración.

Paramos en una zona alta que nos permitió tener buenas panorámicas de la laguna. Luego bajamos caminando hasta la orilla y nos dimos el lujo de tener a los miles de flamencos a pocos metros de distancia.

 

Geysers Sol de Mañana

Pocos minutos después de la Laguna Colorada llegamos al complejo Geysers Sol de Mañana. Un pequeño valle con forma de olla donde salen hay varios hoyos con fumarolas saliendo hacia lo alto y expandiéndose por todos lados. Las columnas de vapor durante la mañana alcanzan entre diez metros y cincuenta metros.

El paisaje es muy particular. Hay que andar con cuidado para no caerse en cráteres o no quemarse con el vapor o la lava que sale de abajo de la tierra.

Nosotros habíamos conocido los Geysers de Tatio en San Pedro de Atacama, Chile, y tiene algunas diferencias respecto a los bolivianos. Mientras que los del Tatio son muchos y no tan altos, los Geysers Sol de Mañana no son tantos pero tienen un caudal de vapor y una altura muy grande. Además es interesante ver en los alrededor de los geysers salidas de lava gris burbujeante.

 

Aguas termales de Polques

No somos para nada fanáticos de las aguas termales, sin embargo debemos reconocer que un baño de agua tibia con una vista de la Cordillera no es un mal plan.

Las aguas termales son emanadas del Volcán Polques y están pegadas a la Laguna Chalviri. Hay un solo piletón, es artificial y de 3×3 por lo que no es muy tentador con los cientos de turistas que pasan a lo largo del día.

Además, cuando pasamos nosotros, luego de los Geysers, el clima estaba muy nublado y frío, de hecho al rato se largó a llover. Así que solo sacamos unas fotos y almorzamos en el comedor en frente a la laguna.

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Tres atrevidos en las termas.

Desierto de Dalí

Pasando la Laguna Chalviri de pronto nos encontramos de nuevo en medio del desierto. Mucha aridez y un camino bastante bien delineado era nuestro nuevo escenario.

La particularidad fue que a nuestra izquierda empezaron a aparecer rocas con formas variadas. Podrían parecer arbustos pero de piedra.

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A lo lejos, las formaciones rocosas.

Las montañas que enmarcan el desierto poseen unas vetas de colores pastel producto de la actividad volcánica y de los minerales de la región. El paisaje, casi surrealista, podría asemejarse a un cuadro de Dalí. De ahí el nombre que le pusieron al desierto.

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De cerca, el cuadro pintado.

Laguna Verde

En este caso podemos decir que lo mejor quedó para el final. Pasando el Desierto de Dalí, rumbo al sur, en el límite con Chile vimos acaso el punto más espectacular de todo el tour junto con el Salar de Uyuni.

Lo primero que vimos al llegar a la zona fue la Laguna Blanca, muy linda, es verdad, pero no muy diferente a las otras que veníamos viendo. Luego de bordear esa primera laguna, empezamos a ver un verde esmeralda que sobresalía.

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Con un poco de sol, todo es maravilloso.

La Laguna Verde es uno de esos lugares que uno no puede creer estar viendo. Tuvimos suerte de que cuando llegamos las nubes se disiparon un poco y apareció el sol. El agua verde esmeralda de esta laguna, como en muchas otras, se debe a los minerales que contiene.

En este caso el cobre y el arsénico son los encargados de semejante tonalidad. También son los encargados de que no haya vida dentro del agua, por eso es la única laguna donde no hay flamencos.

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La mejor pareja: la Laguna Verde y el Volcán Licancabur

Hacia las orillas, el color blanco de la sal le da un marco que hace que el verde gane aún más protagonismo. Como si todo eso fuese poco, detrás de la laguna aparece imponente el Volcán Licancabur. Para nosotros un viejo y querido conocido de nuestra estadía en San Pedro de Atacama.

El Licancabur es de esos volcanes que parecen dibujados con escuadra. De forma cónica perfecta y casi sin otras montañas alrededor es un gran acompañante de la mejor laguna del sur de Bolivia.

Podríamos decir que ese fue el cierre del tour al Salar de Uyuni, ya que desde allí emprendimos el regreso.

 

La vuelta a Uyuni

Lo increíble de este tipo de tours es que permiten ir viendo el cambio de paisaje y cómo se van vinculando unos con otros. Cómo un desierto se transforma en un valle y ese valle se va angostando hasta desaparecer y convertirse en una laguna. Y así todo el tiempo. No nos cansamos de los paisajes.

Con la vista extasiada luego del broche de oro que fue la Laguna Verde emprendimos el regreso hacia la ciudad de Uyuni. Para volver tuvimos que realizar un cruce por arriba de los 5000 m.s.n.m. Cuando estábamos subiendo empezó a llover, lo que lógicamente nos preocupó un poco debido al estado de los caminos.

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Cuando pensás que ya viste todo, te nieva en el altiplano.

La preocupación se nos fue automáticamente cuando gracias a la altura que íbamos ganando la lluvia se transformó en nieve. Si algo le faltaba a nuestro tour era ver nieve en medio del altiplano. Obviamente, paramos a sacarnos fotos.

Las vicuñas corrían en busca de refugio, que no sabemos en dónde lo habrán encontrado. La lluvia y la nieve, dependiendo el tramo, nos acompañaron prácticamente todo el resto del viaje.

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Espectacular pero un poco peligroso.

La última parada fue en el Valle de las Rocas. Otro grupo de formaciones rocosas de origen volcánico erosionadas por el viento luego de que las placas tectónicas chocaran y las levantaran, aunque no faltan las teorías de la presencia de extraterrestre. La lluvia aceleró nuestra estancia por allí que solo alcanzó para sacar unas fotos.

 

El resto del camino lo hicimos bajo una lluvia torrencial que se volvió muy peligrosa cuando llegamos a la Ruta 701 porque la mezcla entre el barro y el asfalto no muy firme transformaron al camino en una pista resbalosa. Si a eso le sumamos que ya era de noche y que no paraban de caer rayos, la escena no era la más divertida.

La tranquilidad y pericia del chofer hicieron que lleguemos a la ciudad de Uyuni sin problemas luego de un tour de tres días que quedará grabado en cada uno de los cinco sentidos con los que lo disfrutamos.

Desde dónde hacer el tour al salar de Uyuni o cómo llegar a la ciudad

Como explicamos anteriormente nosotros realizamos un tour de 3 días y 2 noches que empezó y terminó en la ciudad de Uyuni.

Sin embargo hay varias opciones para recorrer el salar y todas las maravillas que lo rodean. Hay tours de 2, 3 y 4 días que salen de diferentes puntos de Bolivia e incluso de Chile.

Desde San Pedro de Atacama, Chile, salen tours de 3 o 4 días. Los primeros terminan en la ciudad de Uyuni. Los de 4 días utilizan el último día para regresar a San Pedro. En ese caso se debe tener en cuenta que al ingresar a Chile desde Bolivia se cambia de vehículo. De todas maneras la mayoría de los operadores turísticos se encargan de esa gestión. Además, obviamente se debe hacer migraciones lo cual implica un tiempo considerable.

Habiendo estado en San Pedro, podemos afirmar que es una muy buena opción comenzar allí y terminar en Uyuni para luego seguir recorriendo Bolivia. Además en términos de precio también en recomendable. Pasando todo a Peso Boliviano salir desde San Pedro, hacer el tour de los cuatro días y llegar a Uyuni, sale 1100 Bs.

Estando en Bolivia se pueden realizar tours hacia el salar desde Potosí, Tupiza y La Paz. En términos generales los tours son parecidos, solo que cambian el orden de los puntos según desde donde se llegue.

Salar de Uyuni: tours y precios

Los precios de los tours al Salar de Uyuni pueden variar mucho según el punto de partida. A nosotros nos pareció caro los que se hacen desde Tupiza porque cobran alrededor de 1200 Bs. Y para el que ya está en Bolivia, le conviene tomarse un bus hasta Uyuni y después pagar allí 700 Bs aproximadamente, dependiendo de la capacidad de negociación de cada uno.

Si deciden realizar el tour desde la ciudad de Uyuni seguramente encuentren mejores precios que saliendo desde otras ciudades. 

Nosotros pudimos realizar este tour de tres días a partir de un intercambio que realizamos con Boltur. Ellos nos ofrecieron sus servicios a cambio de que demos difusión a sus proyectos y colaboremos dándoles capacitación en comunicación.

Mirá todas las imágenes del Salar de Uyuni acá >>

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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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