Qué es Couchsurfing. Respuesta en primera persona

Unas semanas después de partir de Bs. As. en el grupo de WhatsApp con mis amigas una de ellas me preguntó: “¿Qué es Couchsurfing?” Resulta que había visto una publicación en nuestro Facebook donde hacíamos referencia a nuestra primera experiencia en Couchsurfing. La respuesta fue breve: “Quedarte en la casa de un desconocido que te preste un lugar para dormir”

Me imagino las preguntas que habrán pasado por su cabeza. ¿Qué es eso de prestar un sofá a alguien que no conocés? ¿O de dormir en lo de una persona que conociste en una red social? ¿Cómo funciona Couchsurfing?

Esas mismas preguntas nos hacíamos nosotros cuando leíamos varios –muchos- blogs de viajes y hablaban sobre lo que es Couchsurfing. Una traducción casi literal de couchsurfing al castellano es “surfeando en sofá”. No se imaginen agarrar una manta y montarse al sillón de un desconocido. No es la idea.

Aunque sí pueden imaginarse a una persona que usa el sofá/cama/colchón/piso/jardín de otra persona en su paso por algún lugar.

¿Cómo es eso? Un anfitrión, quien pone a disposición su casa, y un huésped, el viajero que visita ese determinado lugar.

¿Cómo funciona Cocuhsurfing? Como funcionan muchas de las relaciones entre personas en esta época: a través de una red social virtual.

Qué es Couchsurfing. La definición oficial.

Además de leer blogs de viajes para conocer experiencias de viajeros en esta red social, nos remitimos a las fuentes. En el sitio web de Couchsurfing leímos cosas como estas:

“Couchsurfing conecta a los viajeros con una red global de personas dispuestas a compartir de manera profunda y significativa, haciendo de los viajes una experiencia verdaderamente social.”

“Abre tu casa a los viajeros. Aprende acerca de una nueva cultura de primera mano o practica un idioma. Haz el mundo un poco más pequeño, un poco más amable.”

“Con Couchsurfing, puedes quedarte con los locales en todos los países en la tierra. Viajar como un local, quedarte en la casa de alguien y experimentar el mundo de una manera que el dinero no puede comprar.”

Además de promocionar a MasterCard (¿?) y proclamar un mundo sin fronteras, Couchsurfing tiene una propuesta concreta de conectar a viajeros con gente local sin dinero de por medio. Una comunidad virtual para generar encuentros reales. En la teoría suena perfecto y complejo a la vez.

Es interesante conocer a alguien totalmente “desconocido” pero con el que tenés en común –en principio- las ganas de entablar nuevas relaciones. Y, en la medida en que Couchsurfing está basado en el ofrecimiento sin pedir nada a cambio, es muy económico aunque por nuestra experiencia no podemos decir que es “gratis”.

Pero, al mismo tiempo, tiene la complejidad de armonizar actividades cotidianas entre dos personas que no saben casi nada la una de la otra.

Pero de la teoría queríamos pasar a la práctica. Del qué es Couchsurfing queríamos pasar a cómo se siente hacer Couchsurfing.

El acercamiento

A comienzos de 2014, cuando ya teníamos decidido cambiar la vida sedentaria que teníamos en Bs.As. por una itinerante recorriendo América, nos hicimos miembros para conocer cómo funcionaba Couchsurfing, y la mejor manera era experimentándolo.

En aquel momento, vivíamos en nuestro departamento de dos ambientes en un barrio de la ciudad de Bs. As. En el living comedor teníamos un sofá cama que compramos con la idea de que alguien (amigo, familiar u otra persona) lo usara si algún día quería o necesitaba quedarse a dormir. Así que técnicamente cumplíamos con el requisito indispensable para hospedar a alguien: un lugar para dormir.

A pesar de vivir en una zona de la capital porteña con buenos accesos al centro y cerca de barrios y atractivos turísticos, no recibimos muchas solicitudes durante esos meses para usar nuestro sofá. Y de las 10 solicitudes que recibimos no concretamos ninguna.

En algunos casos fue porque quienes nos contactaron consiguieron otro Couch –anfitrión- previamente o cambiaron su itinerario de viaje. En otros porque nosotros los rechazamos porque no podíamos recibirlos en las fechas que nos solicitaban.

Aunque realmente era difícil coordinar un momento adecuado (yo viajaba por trabajo todos los meses y los horarios de trabajo de Mariano eran bastante complicados), hoy nos parece que en realidad no estábamos totalmente convencidos como para convivir y compartir nuestra intimidad con otra persona.

También quisimos experimentar ser huéspedes, así que antes de irnos a Brasil –a vivir el Mundial 2014- mandamos algunas solicitudes a anfitriones de ciudades por las que íbamos a pasar.

Algunos directamente contestaban que durante la Copa no iban a alojar a nadie porque estaban en contra del evento, otros que iban a aprovechar la ocasión para alquilar la habitación a través de Airbnb (otra alternativa de hospedaje con gente local pero paga y de otras características). También estaban los que ya estaban comprometidos con otros que habían pedido con meses de anticipación y, por supuesto, estaban los que no contestaban.

Tuvimos solo una respuesta positiva para hospedarnos en Porto Alegre. Tres días antes de salir de Argentina nos dijo que por un inconveniente familiar no nos iba a poder recibir. Frente a toda la situación desistimos de seguir enviando solicitudes.

Así que nos fuimos de Argentina sin tener experiencias ni encuentros cercanos de ningún tipo. Sin haber alojado a nadie, sin habernos quedado en casa de nadie.

El debut en Couchsurfing

En las primeras semanas de viaje intentamos conseguir anfitriones en Montevideo y Maldonado pero no tuvimos éxito. Estábamos un poco decepcionados. Principalmente porque en la mayoría de los casos no nos respondían y otros nos declinaban la solicitud sin que nos dieran alguna respuesta de por qué no nos recibían.

Teníamos la esperanza de que las personas se sintieran interesadas en alojarnos al contarles sobre nuestro proyecto de vida itinerante. Pero nos dábamos cuenta que ni siquiera leían lo que escribíamos.

En esos primeros intentos comprobamos que hacer couchsurfing era más complejo de lo que nos imaginábamos: leer los perfiles de los posibles couch, encontrar cosas en común, que tengan espacios para dos personas, analizar si vamos a sentirnos cómodos con esa persona, escribir la solicitud lo más detalladamente y cruzar los dedos para que alguno de los cuatro o cinco que cumplan con las condiciones responda en tiempo y forma.

La primera experiencia que tuvimos fue un con Alejandro, un artesano de La Paloma, una ciudad balnearia del departamento de Rocha.

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Alejandro trabajando en su taller
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y nosotros trabajando en su jardín

Fuimos a La Paloma porque Alejandro confirmó la solicitud que mandamos a muchos otros couch de la zona. Fue en La Paloma, pero podría haber sido en otro lugar. Fuimos porque queríamos compartir tiempo con él, porque aunque no lo conocíamos (o justamente por eso) queríamos conversar con él.

Nos interesaba –y nos interesa- contactarnos con la gente del lugar más allá de todos los contactos casuales –y comerciales- que uno puede llegar a hacer cuando vacaciona en un lugar. En ese momento queríamos dejar de sentirnos turistas y que nos dejaran de ver como turistas.

Y eso mismo le contamos en la solicitud: de nuestro interés en conocerlo y de conversar, de intercambiar experiencias y de vivir con él algunos días para conocer su forma de vida, -a primera vista- totalmente distinta a nuestra forma de vida.

Fue una gran primera experiencia. ¿Por qué?

  • nos fue a buscar a la terminal de micros, nos cocinó guiso de lentejas y tomamos mate
  • nos contó de sus viajes por la Argentina y por el mundo, de su trabajo como artesano y de su vida familiar
  • nos ofreció la cama de sus hijos para dormir y nos dio frazadas para abrigarnos
  • nos invitó a usar su jardín para trabajar al aire libre y nos dejó fotografiarlo mientras él trabajaba
  • nos abrió la puerta de su casa

Fue una primera gran experiencia por el simple hecho de haber sentido que las puertas de su casa estaban abiertas para nosotros.

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Literalmente las puertas abiertas.

Nos quedamos una sola noche porque al día siguiente iban sus hijos porque empezaba el feriado por Semana Santa y no tenía mucho lugar en su casa para estar todos juntos. Claramente quería dedicarles tiempo suficiente y aprovechar al máximo los cuatro días que iban a pasar con él. Sabiendo eso, nos dijo que sí a nuestra solicitud aunque sea una noche.

Por eso también fue una gran experiencia.

Pero más allá de las 26 horas que duró ese debut a nosotros nos dio la satisfacción de poder a experimentar por primera vez un tipo de relación y de confianza totalmente distinta a lo que alguna vez habíamos vivido.

Y así fue de ahí en más.

Experiencias cercanas de todo tipo

Nos han aceptado en su casa familias con niñas con las que jugamos, pintamos y hasta cocinamos. Así nos pasó con Gabriel, en Misiones, Argentina, que nos recibió en su casa junto a sus hijas, Mía y Sofi. Y en Chile, en Puerto Varas, Carla y Richard, una pareja de nuestra edad, junto a sus hijas Rebeca y Emma.

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Con una super familia en Puerto Varas

También nos alojaron familias de todos adultos con los que nos pasamos horas hablando de política y costumbres de cada país. En esas oportunidades nos adaptamos a los horarios de comida y a su rutina cotidiana, como levantarse temprano con el típico ruido de una casa familiar en días de semana. Así nos pasó con Francisco, su hermano y su mamá, en La Serena, donde conocimos la famosa merienda-cena “once”.

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Una de las tantas comidas en familia en La Serena

Otras veces nos recibieron jóvenes de nuestra edad, solos o en pareja, con los que compartimos salidas con amigos y familia, partidos de fútbol y ricas comidas que preparamos nosotros como agradecimiento o que nos prepararon ellos sencillamente para seguir agasajándonos como sus invitados.

A Hernán en Tarija, Bolivia, y a Alfonso, en Puerto Guadal, Chile, los hicimos debutar como anfitriones. Con David y Alfredo en Coyhaique, Chile, ocupamos el puesto número 42 en su lista de huéspedes.

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Con Hernán, Duygu y sus amigos.

Y en la Serra Gaúcha, Brasil, pasamos de compartir casi 24 horas en los cuatro días que pasamos con Igor, a estar solos en la casa de Camil porque tuvo que viajar justo cuando nos íbamos a quedar con ella y no quiso cancelarnos.

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Con Igor

Nos tocó quedarnos con Leticia y entrar y salir sin preguntar en una casa sin cerraduras sobre la playa en Barra de Valizas, Uruguay, y también quedarnos con Ricardo en casa con perro policía y con alarma en la que no podíamos estar solos.

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La casa sobre la playa al atardecer
¿Qué es Couchsurfing?
La vista desde la casa al atardecer

Y así de variadas son las experiencias que tuvimos en las más de 70 noches que pasamos hasta el momento en sofás ajenos (NOTA: eso fue en julio de 2016, ahora son mucho más). Como son muchas historias y anécdotas, iremos compartiendo de a poco, por ejemplo:

  • La vez que hice de niñera (por Camu)
  • La vez que no le pudimos decir no al pescado
  • La vez que nos sentimos en un cuento de Heidi
  • La vez que nos hicimos cargo de una casa y dos chanchitos de la india

En definitiva, esta es solo la primera parte de la respuesta de qué es Couchsurfing para nosotros. ¿Y ustedes? ¿Tienen experiencias en Couchsurfing? ¿Alguién quiere recibirnos en su casa? Este es nuestro perfil.

Seguro muchos tendrán preguntas así que son más que bienvenidas. Estaremos encantados de responderlas e inspirar a todos a que sean parte de Couchsurfing.

¿Te quedó alguna duda acerca de qué es Couchsurfing? ¿Tenés alguna experiencia para compartir? ¿Algo que quieras decirnos? Dejanos tu mensaje en “Comentarios” así hacemos de este blog una verdadera comunidad.

Si te interesa este tema, también podés leer “Cómo viajar sin pagar alojamiento durante cuatro meses”.

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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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