Minas de Potosí: en el laberinto del Tío

Las crónicas (y las leyendas) sobre las minas de Potosí cuentan que una noche de 1542 un poblador local, el  indígena Huallpa, perdió a una de sus llamas en el Cerro Potojsi –que en lengua quechua significa truena, revienta, hace explosión1-. Como tuvo que quedarse a pasar la noche, encendió una fogata para sobrepasar el frío. La llamarada iluminó la plata; brillante y pura.

Durante tres años los incas de la zona explotaron la plata de las minas de Potosí sin contárselo a los españoles. Pero un día alguien traicionó a Diego Huallpa por envidia, codicia o vaya a saber uno porqué y bueno… los españoles se enteraron de la existencia del cerro que en los próximos años sería el mayor yacimiento de plata del mundo.

El Cerro Rico alberga a las famosas minas de Potosí
El Cerro Rico imponente desde la ciudad de Potosí

Lo que pasó después ya lo saben gracias a que Eduardo Galeano lo investigó y compartió en Las venas abiertas de América Latina. (Y nosotros lo resumimos en Rastros de la Villa Imperial de Potosí).

Actualmente apenas se extraen algunas pequeñas piedras con plata pura. Eso sí, la principal actividad turística de la ciudad de Potosí son las minas. La excursión a las entrañas del Cerro Rico no se la quiere perder nadie.

Los preparativos para entrar a las Minas de Potosí

Nos reunimos temprano en la agencia de turismo AM Travel. A las 9.10 ya estamos en la camionetita solo tres argentinos. Los otros interesados en hacer el tour a las minas de Potosí son de habla inglesa (o sajona) así que hicieron un pequeño grupo para hispanohablantes.

Las cuadras que separan el centro de Potosí de los alrededores del Cerro Rico son en subida. De 3600 msnm pasamos a 3900. En el recorrido, Danilo, nuestro guía, nos cuenta que antes de ingresar vamos a pasar por el Mercado Minero a hacer las compras.

“Es una visita social”, dijo. Claro. Todos los días cientos de extraños ingresan a las minas a descubrir sus secretos, a conocer historias pasadas y presentes, a intentar develar sus misterios. ¿Cómo vamos a llegar a  la casa de alguien sin un presente? ¿Cómo esperamos que alguien nos reciba en su hogar con amabilidad sin dar algo de nuestra parte? Una bebida, una comida, algo para compartir.

Eso hacemos. Estacionamos, nos bajamos y vamos a un galpón a cambiarnos. Danilo dice que los químicos que se usan en la mina son muy fuertes y pueden dañar nuestra ropa. Así que sobre lo que tenemos puesto añadimos un pantalón y un camperón tipo impermeable. Dejamos nuestras zapatillas ahí y las cambiamos por unas botas (como las de lluvia). Danilo nos ofrece unas bolsitas para poner entre nuestras medias y ese calzado que diariamente usan decenas de personas. Un detalle que es muy valorado.

Antes de entrar a las minas de Potosí
Listos. El Cerro Rico nos espera detrás.

Nos vamos a la calle. A los pocos metros una oficial de la Policía Turística –sí, en Bolivia existe esa fuerza de seguridad- le pide a Danilo su identificación de guía de turismo oficial y el registro de los turistas que acompaña. La oficial le da el visto bueno y seguimos caminando.

Paramos frente a un pequeño comercio –de tamaño porque de variedad de productos es inmenso-. Todo está preparado para el espectáculo. Una mesa sobre la vereda dispuesta para que Danilo haga su explicación de cada uno de los productos que en minutos compraremos.

Es que vamos a ir a visitar a los mineros a su trabajo y al tío de la mina a su casa, y antes de llevar cualquier cosa es mejor conocer sus preferencias.

  • Alcohol potable de caña de 96° (el 4% restante por suerte es agua): es casi como el que solemos comprar en la farmacia. Y no es para usar como desinfectante. Danilo dice que para los rituales lo consumen puro pero cuando lo comparten en reunión entre compañeros lo rebajan. Queremos creerle.  
  • Hojas de coca y lejía: Las propiedades de los alcaloides son más que conocidas. Saca el hambre, el sueño y mantiene la hidratación. Una bolsa de 500 gs aproximadamente a 5 Bs les alcanza para un día.   
  • Refresco: Una gaseosa de marca local que los mineros utilizan para rebajar un poco el alcohol.
  • Dinamita, mecha y detonador: un elemento fundamental para el trabajo del minero pero que ni siquiera las cooperativas lo proveen.  
El combo minero para entrar a las minas de Potosí
Ofrendas para el Tío y regalos para los mineros.

Ese es el combo minero. Todo por la módica suma de 40 Bs, obviamente no está incluido en el tour. Nosotros además compramos unos cigarrillos artesanales (de tabaco, canela y clavo de olor) para fomentarles otro vicio por 2 Bs. El combo no incluye ni barbijo ni guantes.

Que comience el show (o experimentar y conocer las condiciones laborales de los mineros)

Llegamos al Cerro Rico. Estamos en las minas que explota la Cooperativa Minera Korymayu Potosí LTDA. Danilo nos da una gran explicación frente a la boca de la mina: qué nos vamos a encontrar, cómo tenemos que movernos dentro, qué hacer con los mineros.

A punto de entrar a las minas de Potosí
Sobre una de las laderas del Cerro Rico. Hay entras por todos lados.

Nos coloca las linternas en el casco y antes de entrar prende la de cada uno. Estamos listos. Entramos al laberinto.

La linterna que cada uno lleva en el casco
alumbra más de lo que imaginaba.
Solo hay que mirar a la dirección que quiero iluminar.

La primera parada del recorrido es al lado del Tío. Una gran escultura de una figura humana pero roja y con cuernos de diablo. El Tío de la mina está decorado con serpentina de colores porque al día siguiente es Jueves de Compadre y se están preparando para la celebración.

Más que diablo, al Tío se lo venera como a un santo. Es el amo de las profundidades de las minas de Potosí y para asegurarse una buena extracción de mineral los mineros le ofrendan los elementos del combo minero que acabamos de comprar.

El Tío de las minas de Potosí
El Tío de las minas de Potosí

La ofrenda al Tío se hace en la cabeza, los ojos, los brazos y el miembro masculino (erecto y de un tamaño desproporcionado al resto del cuerpo). La boca la tiene negra por los cigarrillos que le hacen fumar y se consumen allí. Danilo tira alcohol y hojas de coca en cada una de esas partes. Además de a la tierra para también convidar a la Pachamama, nuestra madre tierra.

Seguimos. Caminamos 300 metros por la calle principal y luego doblamos hacia un desvío donde trabaja un minero independiente: Don Adrián.

Por momentos me detengo a observar los colores,
las texturas, los olores, los sonidos.
Me alejo del grupo. Me quedo atrás.

Texturas dentro de las minas de Potosí
Estalactitas sulfatadas.

En el camino nos cruzamos con varios túneles internos: hacia los costados, hacia arriba y abajo. Apenas podemos ver los primeros metros de cada uno.  

Siento los pies fríos pero no los tengo mojados.
Las botas y la bolsa que nos dieron no dejan pasar el agua.
Sigo caminando.

En las minas de Potosí
Todo el ancho del pasillo.

La segunda parada es en uno de los lugares de descanso. Nos sentamos en los bancos (o en piedras y maderas que funcionan como tales) que están recubiertos de piel de llama. En los alrededores hay botellas de aguardiente.

Danilo nos habla de la situación actual de la minería y nos cuenta sobre su experiencia como trabajador minero. Fueron siete meses mientras estudiaba para ser Guía de Turismo durante una época en que el precio del mineral estaba alto y a todos los convenía trabajar allí.

Él se encargaba de retirar el mineral en los carritos hacia el exterior. Nos dice que a pesar de que los mineros parecen personas cerradas en el fondo son muy buenas personas, que a él lo alentaban y le explicaban cómo hacer mejor su trabajo cuando fueron sus compañeros.

Me falta el aire. Trato de inspirar y exhalar profundamente.
Estamos a más de 1000 metros de la salida.
Intentar ir hacia allá no es una opción.  

Oscuridad en las minas de Potosí
Oscuridad en las minas de Potosí

También nos cuenta algo de la historia. “El Cerro Rico es un cementerio”, dice Danilo. Entraban 4000 hombres y salían 1000 durante la época de la Colonia. Nadie podía reclamar nada de los que morían en el camino.

Durante la época colonial, los mineros vivían por más de tres meses dentro de la mina. No veían la luz del sol y trabajaban a la luz de la vela. Había gente encargada de llevar la comida, los elementos para la extracción del mineral y de que no faltaran hojas de coca. Podía faltar agua pero no la coca.

De allí, nos vamos hacia donde está trabajando Adrián, el hijo de Don Adrián, el minero independiente que trabaja esa galería.

Calculo mal y me doy la cabeza contra una de las maderas.
El casco me salva de un chichón pero me queda retumbando.

Minero de las minas de Potosí
Adrián tiene 19 años y está terminando el colegio secundario en una escuela nocturna.

Adrián hijo está un poco enfermo, con mucha tos y muy difónico. Como puede nos habla de la situación internacional del comercio del mineral y del accionar de EE.UU. en el control de precios, que actualmente están muy bajos.  También nos cuenta que quiere estudiar Guía de Turismo (parece que es una salida laboral segura para los jóvenes). Después abre el espacio para nuestras preguntas.

Me distraigo. Pienso que las vigas que sostienen las excavaciones
en cualquier momento se van a venir encima.

A continuación muestra su caja con los diferentes minerales que están a la venta. Su exposición está compuesta por cuarzo, zinc y zinc chocolate, estanio, plomo, complex y plata. Después saca de su bolsillo unas pequeñas piedras. ¡Qué brutos! Sacó plata rosicler. Esas no las mezcla. Las tiene bajo su cuidado durante toda la jornada. Un kilo se vende a 1200 Bs.

Minerales de las minas de Potosí
El muestrario de Adrián para vender a los turistas. Una colección completa cuesta 20 Bs.

Mientras hablamos con Adrián hijo pasa Don Adrián. No hay mucho diálogo. Pregunta qué tenemos y Danilo le ofrece la bolsa con el combo minero. Aunque intentamos hablar algo sigue su camino hacia el túnel y se pierde en la oscuridad.  

Nos despedimos de Adrián hijo con un apretón de manos y vamos hacia la salida.

Escuchamos el carrito venir hacia nosotros.
Nos corremos hacia una de las paredes
pero los pies apenas entran al costado de los rieles.
Pasan los mineros, los saludo pero apenas contestan.

Al salir de la mina se cierra el telón y termina la función.  

Salida de las minas de Potosí
Dos horas después nos reencontramos con el cielo celeste.

Volvemos a ver la luz del día y a respirar con facilidad (bueno… un poco; a 4000 msnm los que venimos del llano no respiramos de manera normal).

Danilo se va a hablar con los cooperativistas para ultimar detalles de la celebración del Jueves de Compadres que es al día siguiente y todos van a participar del festejo.

Es que los guías forman parte de esa comunidad o porque fueron mineros alguna vez –o quizá sus padres- o porque simplemente comparten el día a día en las minas, unos haciendo el trabajo sucio y pesado y otros mostrándolo.

El proceso de producción en las Minas de Potosí (o un caso ejemplificador de la teoría básica marxista)

Si se lo mira desde la ciudad, el lado izquierdo del Cerro Rico está venido abajo. Básicamente tiene tantos agujeros que se está desmoronando, es un laberinto y un hormiguero. Sin embargo, todavía nadie decreta su cierre por peligro de derrumbe. Todavía, incluso con todo lo que le sacaron, tiene mucho para dar.

Actualmente el Cerro Rico ya no provee mineral puro sino algo que llaman complex, que es una mezcla de tres o cuatro minerales como plata-zinc, plata-estanio, plata-plomo además de cobre; también se encuentra cuarzo que es lo más duro de trabajar.  

La plata es el mineral que tiene mejor precio pero solo se encuentra en pequeños pedazos, como la plata rosicler (de coloración rosada)que es la catalogada como de 925.

Las minas de Potosí en el Cerro Rico
El Cerro Rico está decorado con montañas de desechos de mineral. Y desechos de todo tipo.

¿Quiénes son los mineros? ¿Quienes trabajan en las minas de Potosí? Cualquiera. Cuando el precio del mineral sube, todas las personas, sean albañiles, sastres o estudiantes, se van a trabajar a la mina. Luego vuelven a sus oficios.  

Esos son los llamados mineros libres o independientes que van a una cooperativa y piden la autorización para entrar a explorar. Una vez que encuentran un sector que consideran bueno solicitan el alquiler por mes o por quincena.

También están los mineros asociados en las cooperativas –alrededor de 1.500 instituciones en todo el país- que también tienen trabajadores en relación de dependencia y, por último, quienes trabajan para las minas estatales.

Sede cooperativa de las minas de Potosí
La Cooperativa Kory Mayu funciona desde fines de 1980.

Cualquier persona menos las mujeres, quienes tienen vedado el acceso a la mina. Parece que es una cuestión de celos de la Pachamama (o quizá consideren que no es un trabajo muy adecuado para una mujer que en general lleva a su hijo cargado en la espalda). Igualmente hay rumores de que algunas cooperativas estarían incorporando personal del género femenino. Igualdad de oportunidades.

En casi ninguno de los casos hay capacitación. Cómo hacer la explotación, cómo encontrar las venas de mineral y cómo es la técnica de extracción; todo es un trabajo de oficio. Se aprende con la experiencia y en muchos casos es un trabajo hereditario. Un saber que se pasa de generación en generación.

Por eso los jóvenes empiezan a trabajar, en realidad, de adolescentes y a veces de niños. Antes de que pase algo con el padre es mejor que los hijos tengan un manejo adecuado del oficio. Así es desde la época de la Colonia. Es el caso de Don Adrián y Adrián hijo, quien trabaja desde los 14.

Túnel en las minas de Potosí
Uno de los pequeños túneles que unen los distintos niveles.

Algo que nos tranquilizó (¿?) fue que en los alrededores del mercado minero encontramos muchos avisos de escuelas nocturnas. De alguna manera, el Estado busca incentivar a los jóvenes aunque sea a no abandonar sus estudios, más allá de que trabajen en la mina.

No obstante, algunos dicen –el guía y Adrián hijo, entre otros- que el gobierno actual de Bolivia centra sus políticas el sector campesino y a los mineros no le presta la suficiente atención.

Lo que sabemos es que las minas estatales son las únicas que tienen una jornada laboral establecida de ocho horas. En el caso de las cooperativas, los mineros –que no son socios- trabajan de acuerdo a lo que hayan encontrado en el día, ya que ganan por porcentaje. Y los mineros libres trabajan ellos y sus hijos tratando de encontrar en un día la mayor cantidad posible de mineral.

En las afueras de las minas de Potosí
Los alrededores del cerro son igual de poco agradables que al interior de la mina.

Es un trabajo que se hace a pico y pala, y dinamita. Para romper la roca tienen que hacer varias detonaciones simultáneas. El detonador de la dinamita puede llegar a sacar una mano sin embargo al momento de la explosión se alejan tan solo 500 metros.  

En los departamentos mineros (como Oruro y Potosí) la venta de dinamita es libre por eso se utiliza mucho en las manifestaciones sociales en Bolivia.

La estadística dice que mueren 120 mineros por año a causa de accidentes: explosiones y derrumbes, choques con el carrito para transportar el material porque no tienen frenos o caídas en los pozos (fundamentalmente por el alto grado de alcohol en sangre de los mineros). También están las muertes producto de las enfermedades respiratorias o hepáticas.   

En las pequeñas minas de Potosí
Miedo. La sensación es que en cualquier momento de derrumba todo.

Las cooperativas pagan un impuesto del 3% al Estado por el trabajo dentro de la mina, también lo hacen los ingenios (donde se separa el mineral de la roca) y, por último, la exportación de la materia prima paga otro porcentaje.

Lo recaudado por el Estado se reparte entre los nueve departamentos de Bolivia según la cantidad de población. Potosí tiene muy baja población por lo que, a pesar de que la mayor parte de la población trabaja en la producción del mineral, no se devuelve en la misma proporción. Parece que Potosí y sus minas están maldita. Las minas de Potosí están cansadas de generar ingresos para que se los lleven hacia otros pagos.

Alrededores de las minas de Potosí
Momento de descanso.

Siempre decimos que el turismo es un gran negocio. No estamos develando ningún misterio pero cada vez lo experimentamos más: cuando vamos a destinos híper turísticos o cuando llegamos a lugares que apenas están habitados por sus pobladores.

En el caso de las minas de Potosí, aunque no existieran los curiosos la explotación minera continuaría. Como se hace en las minas de Porco, a tan solo 80 km de allí. Solo que esos mineros no reciben regalos ni nadie los va a visitar.

Además, vemos que muchos jóvenes realmente ven en el turismo una opción frente al trabajo en la mina; que sea de paso o temporario y apostar al trabajo como guías profesionales. Es verdad que en el mientras tanto son las agencias quienes se llevan la plata, quizá ajenas a la problemática minera.

A nosotros nos permitió vivir de cerca una realidad que conocíamos solamente por los libros de historia.

Baño en las minas de Potosí
Parte de la infraestructura laboral.

Las sensaciones dentro y fuera de la mina son intensas. Por fuera, el Cerro Rico es una belleza natural de color rojizo que se impone sobre Potosí. Por dentro es un laberinto casi sin salida. Una vez que uno empieza a trabajar allí son pocas las oportunidades para dejar ese trabajo.

Es como entrar al casino y apostar a que ese día vas a salvarte para toda la vida. El problema es que seguramente no pase, entonces mañana vas a querer volver a entrar.

Cómo conocer las Minas de Potosí

En la ciudad de Potosí hay decenas de agencias para conocer las minas de Potosí. En general, promocionan que los guías son exmineros y, por lo que vimos, en muchos casos es así. Lo que no sabemos es que si ahora esas mismas personas son guías de turismo y están capacitados para llevar adelante la actividad.

Sinceramente no es sencillo ingresar a la mina y no solamente por lo simbólico. La falta de aire, la oscuridad y sus potenciales peligros, los carritos que pasan por las vías a toda velocidad, los pozos, las vigas rotas. La visita a las minas de Potosí no es una excursión.

Nosotros fuimos con AM Travel, una agencia que está justo frente a la Casa de Moneda y que BOLTUR -la Empresa Estatal Boliviana de Turismo-, nos recomendó. Quedamos más que conformes por la profesionalidad de Danilo, uno de sus guías, por toda la información que nos brindó, por cómo nos guío dentro de la mina y por su actitud con los mineros. También por los elementos de seguridad que nos ofrecieron.

El costo es alrededor de los 120 Bs., de acuerdo a la cantidad de gente. Mientras más grande sea el grupo más barato es el precio por persona, obviamente. Aunque también hay tours privados.

También existe la posibilidad de ir al Cerro Rico -caminando o en taxi-, acercarse a una de las cooperativas y arreglar directamente con ellos la entrada a la mina. Obviamente, en ese caso el costo es más bajo pero no podemos dar cuenta de las características del servicio. 

 

 

Cooperativa de las minas de Potosí
Sede de la Cooperativa Kory Mayu en el cerro.

¿Te quedaste con ganas de ver más sobre las Minas de Potosí?

¡No te pierdas este video que filmamos dentro de las minas de Potosí!

Notas

1- GALEANO, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina. 

Fuente

  • Información brindada por nuestro guía durante el recorrido, lo que nos contó Adrián hijo y lo que vimos nosotros. (Todo es refutable).

Potosí no es solo la mina, alrededor hay una ciudad que supo ser la Villa Imperial de Potosí. En esta nota te contamos todo lo que hay que saber para visitarla: Rastros de la Villa Imperial de Potosí>>

Mirá todas las imágenes de las minas y de Potosí en la galería >>

 

 Esta publicación está patrocinada. Es una de las formas que usamos para viajar: mencionar una marca, empresa u organismo a cambio de un producto/servicio/remuneración. Todo lo que escribimos es subjetivo, está basado en nuestra experiencia y redactado con mucho ♥.

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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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