De La Paz a Coroico en bicicleta por el Camino de la Muerte

“Tengo lo que hay que tener para recorrer el camino más peligroso del mundo” dice la remera que nos regaló Vertigo Biking como premio por haber salido ilesos del Camino de la Muerte en Bolivia, de La Paz a Coroico.

camino de la muerte
Cuando la niebla se despeja, se asoma el Camino de la Muerte.

El Camino de la Muerte es un camino de tierra poco firme, con pozos, piedras sueltas y desparejo. El ancho es de unos tres metros promedio, aunque por momento se reduce a 1,5 m. Hay cascadas que caen prácticamente desde el cielo y humedecen la tierra. La niebla y la llovizna acompaña todo el tiempo. No hay nada que separe el precipicio del camino, por momento ni siquiera árboles o vegetación. La pendiente es constante durante los 67 kilómetros. Las cruces instaladas, por momentos, son las únicas referencias. Esas cruces conmemoran a todos los que ahí perdieron la vida.

camino de la muerte en primera persona
¿Qué habrá por ahí adelante, después de la curva y atrás de la niebla?

El nombre Camino de la Muerte -o Death Road como lo comercializan generalmente- es el mejor que pudieron darle al viejo camino que une La Paz con Coroico en la zona de los Yungas, en el departamento de La Paz, Bolivia. Viejo porque hace varios años hay un camino de doble mano asfaltado para unir esas dos ciudades que hace otro recorrido.

Sin embargo, el viejo camino se sigue manteniendo para que inconscientes de todo el mundo, como nosotros, vayamos a experimentar la adrenalina en dos ruedas.

Preparativos de todo tipo

Para recorrer el Camino de la Muerte, de La Paz a Coroico, tuvimos dos tipos de preparativos. Por un lado los típicos relacionados a la coordinación del horario, la vestimenta, equipos fotográficos y por supuesto la prueba de las bicicletas y el equipo de seguridad. Por otro lado nos tuvimos que preparar mentalmente.

Cuando Alejandro, nuestro amigo de BOLTUR, nos confirmó que estaba todo listo para que hagamos el Camino de la Muerte, un leve frío corrió por nuestras espaldas. Frecuentamos grupos de viajeros en redes sociales y es muy común ver videos, notas o imágenes de los lugares más peligrosos del mundo. Entre ellos siempre está el Camino de la Muerte. Es decir, sabíamos a lo que nos íbamos a enfrentar, aunque no teníamos real dimensión.

Nos encontramos bien temprano a la mañana de un viernes soleado en las oficinas de Vertigo Biking en La Paz. Nos registramos y dimos nuestro peso, altura y tamaño de cabeza para que seleccionen el equipamiento.

camino de la muerte: en la puerta de la agencia
¿Entramos o nos vamos?

Desde ahí partimos dos camionetas con viajeros de todas partes del mundo. Arriba del techo de la camioneta se encontraban las bicicletas. Luego de aproximadamente una hora llegamos al punto conocido como La Cumbre, a 4650 msnm. Ahí dejamos la camioneta y nos entregamos a las bicicletas, de esas que no usamos nunca con frenos hidráulicos, ruedas reforzadas, amortiguadores y demases.

De La Paz a Coroico
Desde La Cumbre el paisaje es tentador…

Luego de instrucciones precisas de los guías y algunas pruebas con la vestimenta, protectores y las propias bicicletas ya estábamos listos para empezar. O al menos eso se suponía hasta que a los 10 metros de probar la bici me clavé en una piedra y caí al piso.

El asfalto de la muerte

La lógica de todo el recorrido, de La Paz a Coroico es que en ningún momento sobre la bicicleta se hacen tramos en subida. El recorrido es todo en bajada. De esta manera, el tour es bastante amigable para todos, incluso para los que como nosotros se suben a una bicicleta una o dos veces al año. En resumen, podés morir pero no te vas a cansar mucho.

camino de la muerte, de La Paz a Coroico
La ruta, con sus curvas y contracurvas, es parte del entrenamiento.

En La Cumbre comenzamos el primer tramo del descenso. Ese tramo concretamente no es parte del Camino de la Muerte sino que es una ruta de doble vía, asfaltada, con guardarrail en todas sus curvas y con un espacio prudente entre el precipicio y el camino -aproximadamente un metro.

Dentro del tour se usa como para empezar a tomar confianza con la bici. El paisaje es muy lindo aunque el asfalto le quita un poco de “naturaleza”. El riesgo en este caso lo da la velocidad que se llega a tomar en la bajada y que es un camino muy transitado por autos y camiones en ambos sentidos. Como las curvas no son tan cerradas, no es necesario frenar mucho y se alcanzan tranquilamente velocidades de más de 60 kilómetros por hora, que son suficientes para pasar camiones como si nada.

La cosa se puso más divertida cuando ingresamos a una nube casi permanente y la visibilidad bajó a, como mucho, cinco metros y el asfalto se volvió resbaladizo y el clima un poco -bastante- frío. Este tramo, digamos, fue una muestra gratis de lo que iba a venir.

Bajando la primera cuesta, tuve sensaciones encontradas. Por un lado no estaba muy cómodo y como no soy ducho con las bicis cualquier maniobra la hacía de manera tosca y con bastante miedo a irme de boca al piso. Por otro lado, sentir la velocidad y el viento en la cara era muy placentero.

Los minutos pasaban, el camino no terminaba y la brisa en la cara se transformaba en un viento frío que me partía la nariz. Se hizo un poco agotador. Ver el final de ese tramo fue un alivio. No tenía ni idea de lo que estaba por venir.

Los últimos 100 metros del primer tramo fueron un adelanto del verdadero Camino de la Muerte. Como por el camino asfaltado hay un túnel oscuro, los guías te envían por un camino paralelo. Ese camino es de piedra, de unos tres metros de ancho y al borde del abismo. En ese momento fue cuando por primera vez dijimos: “Apa, esto no es joda”. El tamaño de las piedras, el barro y lo angosto del camino piden una atención extrema. Una piedra mal pisada como mínimo te puede mandar de cara al piso. Ese fue el inquietante cierre del primer tramo.

El verdadero Camino de la Muerte

Luego de 45 minutos de descenso por el asfalto y antes de introducirnos al Camino de la Muerte, la gente de Vertigo Biking nos ofreció unos buenos sándwiches y unos refrescos. En ese punto pagamos 25 bolivianos por persona (para locales es más barato) para entrar al Parque Nacional Cotapata.

En bicicleta por el Camino de la Muerte
A segundos de comenzar el verdadero Camino de la Muerte. Todavía estábamos contentos.

Luego del snack, nos volvimos a subir a la camioneta porque hay un tramo que es en subida y nos dirigimos al inicio del mismísimo Camino de la Muerte. Al llegar, la buena noticia fue que a causa de las lluvias parte del camino se había derrumbado por lo que no estaban pasando vehículos. Eso significaba que durante el descenso no íbamos a tener que hacer grandes maniobras para esquivar vehículos de dos metros de ancho en un camino de tres metros al borde del precipicio. Con esa tranquilidad empezamos el recorrido.

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¡Intentando hacer equilibrio!

En total fueron 70 kilómetros que nos llevaron unas tres horas hasta llegar a Yolosa, a pocos kilómetros de Coroico.

Las cruces que empecé a ver a cada metro componían un terrorífico escenario, más cuando se combinaron con las nubes que prácticamente no dejaban ver y con un frío y llovizna que rajaban la piel. La nubosidad que existía muchas veces no dejaba ver el interminable precipicio, lo que generaba una agradable -y confusa- sensación de seguridad. Las cruces también funcionaban como un llamado a la racionalidad y la prudencia.

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Una imagen que se repite.

No vamos a decir que el camino no es peligroso, pero si uno es prudente es muy difícil que pase algo malo. Convengamos que un camino de tres metros de ancho -y menos en algunas partes- es más que suficiente para una bicicleta. El riesgo real se da cuando tomás una velocidad que no se puede controlar. El camino tiene curvas muy cerradas y el piso está permanente húmedo y con algunas piedras. Si tomás mucha velocidad puede ser que frente a un imprevisto termines en el vacío, pero podemos decir que no es lo más probable.

Los nervios no paraban, la fuerza que hacía para agarrar el manubrio era excesiva, tanto que se me cansaban más los brazos que las piernas. No podía evitar pensar en cada curva en la posibilidad de perder el control de la bici. En la primera hora de bajada no la pasé bien.

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Ese es el derrumbre que impidió el paso de vehículos. ¡Para nosotros mejor!

En un momento las nubes empezaron a desaparecer y el precipicio se mostró tal cual es, interminable. Las laderas son tan rectas que parecen cortadas con una sierra. El paisaje es imponente. La adrenalina de la velocidad y el precipicio, la exuberancia de la vegetación y las cascadas me generaron una sensación inigualable de libertad y vértigo, todo junto y al mismo tiempo. Cuando me relajé fue cuando empezó el disfrute.

Típica foto del camino de la muerte
En pleno abismo. Por las dudas nos bajamos de las bicis.

A medida que descendíamos, la temperatura subía, el clima se volvía más agradable y el viento en la cara dejaba de ser una tortura para ser un alivio. También el camino se ensanchó levemente, lo que nos terminó de confirmar que finalmente saldríamos vivos de la travesía. Así fue, aunque un poco cansados más por el stress que por pedalear.

Llegamos a la intersección del Camino de la Muerte con la Ruta 3 a los 1200 msnm. La sensación al llegar fue de alivio pero principalmente de satisfacción por lo vivido. Tanto en lo mental como en lo físico fue un desafío y siempre que se atraviesan y se cumplen los desafíos da satisfacción. Como solemos decir, uno de los motivos por los que elegimos viajar como estilo de vida es para vivir intensamente y para desafiarse a uno mismo.

Con el tour del camino de la muerte
¡A minutos de terminar, volvimos a estar contentos!

Con la tarea cumplida y el Camino de la Muerte atrás, los guías de Vertigo Biking, nos llevaron a un tipo hospedaje-camping-lugar de descanso con un enorme jardín y pileta en el que nos dimos una ducha reparadora y almorzamos un buen buffet, con carnes y verduras. Si bien la atracción obviamente fue el Camino de la Muerte, no nos vino nada mal recuperarnos de esa manera.

De La Paz a Coroico
Un paréntesis…

Luego de un par de horas de relax emprendimos la vuelta hacia La Paz, por un camino con precipicio, pero asfaltado y con un ancho considerable. La noche cayó a mitad de camino y la neblina espesa nos dio la sensación de seguir en el Camino de la Muerte. Solo nos relajamos cuando en el centro de La Paz bajamos del minibús y pisamos tierra sin precipicio.

Podemos escribir mucho sobre el Camino de la Muerte, pero la mejor manera de que vivan algo parecido a lo que vivimos nosotros es que miren este video:

¿Cómo hacer el Camino de Muerte?

Nosotros lo hicimos con la empresa Vertigo Biking, una de las operadoras turísticas de La Paz con la que trabaja BOLTUR, que nos invitó a hacer el circuito para que no nos fuéramos de Bolivia sin vivir la experiencia del Camino de la Muerte.

El tour, que cuando lo hicimos valía 630 BOL, incluye todo el equipamiento (bici, traje impermeable, casco -tienen suplementos para la Go Pro-, rodilleras y codilleras), un refrigerio a mitad del camino muy necesario para cargar energías y el almuerzo (sin bebidas) al finalizar el recorrido. Lo que no incluye es el costo a la entrada al Parque Nacional (25 BOL).

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¡Felices y muy cansados!

También te regalan una remera como souvenir que la vas a buscar al local al día siguiente donde te dan además un CD con fotos y videos que los guías hacen a los largo del camino ya que es muy difícil hacerlo con una cámara o riesgoso para el celular si lo llevás en el bolsillo.

Obviamente en La Paz hay varias agencias que organizan el tour del Camino de la Muerte y los precios varían un poco por el merchandising que te dan  y el equipamiento y otro poco por el lugar donde almorzás.

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¡¿Qué estamos haciendo acá?!

¿Alguno hizo el Camino de la Muerte? ¿Qué sintieron? ¿Lo harían?

¡Esperamos sus comentarios!

 

 Esta publicación está patrocinada. Es una de las formas que usamos para viajar: mencionar una marca, empresa u organismo a cambio de un producto/servicio/remuneración. Todo lo que escribimos es subjetivo, está basado en nuestra experiencia y redactado con mucho ♥.

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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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