Uyuni: Una historia común, Doña Goya y el hotel de sal

En una región donde se extraen anualmente 25.000 toneladas de sal, las construcciones son de sal. En una zona donde el mineral halita se reproduce por la lluvia, los objetos que hacen de recuerdos para los turistas también son de sal. En el salar más grande del mundo, todo es de sal.

Por eso en el Salar de Uyuni los hoteles son de sal. Están los de cinco estrellas de iniciativa privada con todos los lujos y los de emprendimientos comunitarios, de la misma calidad pero una visión ecológica y administrado por la comunidad. Y también están los proyectos familiares.

En todos los casos los ladrillos que conforman las paredes son de sal y las sillas y mesas no son de madera sino de sal, al igual que las camas y las mesadas. Y cualquier otra cosa que se puedan imaginar es de sal.

Así es Caracoles de Salar, el hotel de sal que lleva adelante Gregoria Mamani en el poblado de Puerto Chuvica, ubicado en un cerro a orillas del Salar de Uyuni.

Llegamos allí al anochecer, después de haber pasado todo el día en el salar. Había otro grupo de turistas disfrutando de algo caliente: te o mate de coca. A los pocos minutos también nos ofrecieron a nosotros pero teníamos nuestro termo lleno y el mate con yerba, así que agradecidos dijimos que no.  

Un gran mueble de sal es el depositario de los aparatos tecnológicos que uno se pueda imaginar. El pequeño hotel de sal está preparado: hay triples, dobles, adaptadores y cables largos para que todos los huéspedes recarguen sus dispositivos. Todos están apoyados allí mientras cada uno está en la suya, nadie desconfía de nadie.

Mientras tanto Gregoria, su hija y los guías de cada grupo están en la cocina. Cada tanto me asomo a preguntar si necesitan ayuda pero aunque se la ve muy atareada cortando papas dice que no. A las 9.30 nos sirve la cena: la infaltable sopa, y de segundo un rico pollo al horno con variedad de papas y ensalada. Gregoria cocina como toda mamá.

Cuando casi todos se fueron a dormir y Gregoria está terminando de juntar los platos, le pregunto si le gustaría conversar con nosotros sobre el emprendimiento del hotel de sal. “Si, claro” nos contesta y a los dos minutos vuelve de la cocina y se sienta al lado mío.

Doña Goya –como la llama su familia a Gregoria- cuenta que compró el hospedaje seis años atrás, pero que funciona como tal hace 14 años. Fue el primer alojamiento de Puerto Chuvica y empezó con tres habitaciones y un comedor. Hoy tiene una capacidad para 40 personas que en temporada alta está a tope.

Aunque Puerto Chuvica está a una hora y media de la ciudad de Uyuni, cuando el salar está inundado los tours no pasan por ahí, porque hay que atravesarlo –literalmente por el medio- y la capa de agua lo vuelve peligroso.

Durante esos meses –usualmente de diciembre a junio- Doña Goya y su marido cierran el hotel de sal y trabajan realizando traslados turísticos con una combi propia. También aprovecha a estar con sus hijos en Uyuni, que viven en la ciudad durante el periodo de clases.

Es que en Puerto Chuvica solo hay escuelas primarias por lo que los adolescentes se mudan de manera temporal a la ciudad de Uyuni.  También lo hacen muchas familias enteras porque hace dos años hay una sequía muy intensa que afectó muy fuerte a la principal actividad productiva de esas familias: al cultivo de la quinoa, bastante rentable mientras llueva de manera pareja y las plantas alcancen sus buenos metros.  

Años atrás Doña Goya y su marido también se dedicaban a la agricultura pero cuando tuvieron algunos ahorros decidieron cambiar de rubro y fue ahí que compraron al Caracoles del Salar. La situación actual de la sequía es crítica por eso solo viven siete familias en el pueblo. Es casi un pueblo fantasma.

Otra dificultad que tiene que afrontar el hotel de sal es el tema de la electricidad. Una problemática relativamente nueva porque hace solo dos años que cuentan con el servicio público de luz. El tema es que dadas las condiciones de aislamiento propias del desierto suele cortarse por tres o cuatro días seguidos.

Ellos están acostumbrados pero el turista no, dice Doña Goya. Igualmente cuenta que los clientes entienden que no es responsabilidad del hospedaje y que son cosas que pueden pasar en un hotel de sal ubicado en el medio del desierto blanco más grande del mundo.

Después de unos minutos de charla, le agradecimos a Doña Goya y la dejamos ir a dormir porque su día arranca muy temprano. Nosotros nos fuimos a disfrutar de la noche fría y las estrellas. De repente apareció la luna roja entre las nubes. Al salar ni lo divisamos.

Luna - Hotel de Sal
La luna y las estrellas sobre el salar desde el Hotel de Sal

A las pocas horas nos levantamos antes del amanecer para poder ver el sol aparecer en el salar. Mientras disfrutábamos del espectáculo de colores desde el comedor (la cámara de fotos estaba afuera sola aguantando el frío) escuchamos a Gregoria preparar el desayuno. Es que tiene que tener todo listo para cuando los turistas se levantan.

Amanecer - Hotel de Sal
Amanecer sobre el salar. Vista desde el Hotel de Sal de Puerto Chuvica.

En general Doña Goya trabaja con las agencias turísticas de Uyuni que buscan un hotel de sal para ofrecer a los turistas la experiencia de este tipo de alojamiento. Pero también hay gente que llega por su cuenta en camioneta o moto.

Les ofrece alojamiento por 8 dólares en dormitorios compartidos, aunque también tiene habitaciones dobles  privadas y matrimoniales. Todos muy calentitos.

También pone a disposición el servicio de cena y desayuno de manera optativa. Otra cosa muy importante que ofrece: baños limpios y agua caliente (aunque hay que pagar un extra por este bien tan preciado).

Si quieren ir al Hotel de Sal de Puerto Chuvica pueden contactar directamente a Doña Goya. Reservas: 68959236

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Acerca de Camu

Argentina de 32 años. Comunicadora profesional y de oficio. Apasionada, intensa y compleja. Fanática de las trayectorias y amante de los encuentros. Hincha de Boca Juniors y adicta al helado. El nomadismo y los intercambios son mi filosofía. Ando por la vida con los pies descalzos.

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