El primer paso de un viaje de mil millas

El 15 de marzo de 2015 nos tomamos una lancha de Tigre, Argentina, a Carmelo, Uruguay. No empezaron nuestras vacaciones ni nos tomamos unos días de descanso. En el calendario está marcado como el día que dejamos Argentina y el modo de vida que estábamos llevando para construir una forma de vida propia mientras recorremos el continente –en principio- americano.

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Foto de Nico Fuster

Pero ese día no fue el primer paso de este proyecto; porque subirnos al barco con dos mochilas a cuestas y despedirnos de nuestra familia y amigos fue el resultado de un montón de decisiones que venimos tomando desde hace tiempo.

El día que empezó este proyecto fue cuando tomamos la decisión de comenzar a llevar una vida itinerante. Pasaron aproximadamente dos años desde entonces, aunque ninguno de los dos recuerda cómo fue que tomamos la decisión –en este momento Mariano me pregunta: ¿Sabemos cómo tomamos la decisión?-. Lo que sabemos es por qué y para qué, aunque eso lo contamos en la sección Conocenos y en la de Proyectos. Sabiendo lo que queríamos, y por qué y para qué lo queríamos hacer, nos empezamos a preparar.

¿Prepararse para qué? Para dejar el trabajo en el que acabás de empezar, para vender el auto que recién sacaste de la agencia, para mudarte del departamento que vas a pagar por muchos años más, para desprenderte de las cosas materiales y llevarte con vos sólo lo que entra en una mochila de 60 litros –y en la mochila de mano lo que no querés dejar-, para decirle a tu familia y a tus amigos que la relación va a dejar de ser cotidiana y que va a pasar a ser de manera virtual.

Decidir cambiar nos implicó tiempo, peleas, llantos, dolores de cabeza, angustia, preguntas. Teníamos un modo de vida definido y desarmarlo no fue de un día para el otro. (En lo personal, hasta tuve que esperar a terminar el tratamiento de ortodoncia que me estaba haciendo por tercera vez.) Pero desde que la idea apareció en escena todas nuestras decisiones fueron en función del proyecto de llevar una vida itinerante.

Aunque esta decisión puede sonar a “dejamos todo y nos vamos”, es mucho menos improvisada de lo que parece. No dejamos todo, al contrario; nos llevamos todo lo que aprendimos, todo lo que conocemos, nos llevamos energías, nos llevamos ganas, nos llevamos motivaciones. Además, no es un año sabático o poner la vida entre paréntesis por un tiempo determinado; es un proyecto de vida, como lo es decidir conformar una familia con tu pareja o hacerlo sola/o.

La primera opción puede parecer que es la correcta y la segunda arriesgada, incluso puede que no todos lleguen a comprenderla. Pero formas de vida hay muchas, muchas más de las que conocemos y de las que nos imaginamos.  Queremos conocer la mayor cantidad posible e intentar vivirlas en primera persona y compartirlas. Nosotros, desde hace un tiempo, empezamos a construir esa forma propia de transitar la vida.

La decisión apareció tímida. Al principio la idea era irnos de viaje por un tiempo: un año o un poco más. Hoy no tenemos fecha de retorno. Es decir que ya antes de partir, el plan inicial había cambiado. Pero parte del prepararse también es estar abierto a los cambios en la planificación.

Lo primero que nos propusimos fue terminar la carrera de Ciencias de Comunicación. La razón por la que hoy estamos juntos no podía quedar inconclusa, a medio camino. Mariano ya tenía todo encaminado: entregó a la tesina en octubre de 2013 y la defendió en febrero de 2014. En mi caso fue diferente. No hubo excepción a la regla y la entregué a último momento, real: el viernes antes de irnos. (Aunque para ser precisos, la mañana del viernes 6 de marzo de 2015 mientras estaba releyendo todo para luego ir a imprimir, Mariano estaba cambiando los pasajes para retrasar la partida una semana más por situaciones de la vida misma que todos tenemos que afrontar como el fallecimiento de un abuelo.)

Con respecto al trabajo, tuve la posibilidad de pedir una Licencia sin Goce de Sueldo, aunque ya avisé que una vez que se termine –a los seis meses- renuncio desde el país en el que esté (ACTUALIZACIÓN: Mande el telegrama desde Chile con sello del consulado argentino). Mariano mandó su telegrama de renuncia después de hablar con sus jefes y explicarles que quería vivir de otra manera.

También tuvimos que decidir qué hacer con el departamento en el que vivíamos. Nosotros optamos por ponerlo en alquiler temporario. De esta manera, nos aseguramos un ingreso para seguir pagándolo. A esto, le sumamos la venta del auto que nos posibilitó adelantar unas cuotas de la deuda y tener un “colchón” para empezar la nueva vida.

Esto nos llevó a pensar cómo vamos a sobrevivir sin un sueldo fijo que se acredite en la caja de ahorro todos los meses. Aunque todo lo relacionado a cómo afrontar los nuevos tipos de gastos, lo detallamos en Proyectos, básicamente tenemos dos caminos. El primero, un tipo de trabajo remunerado, en relación a lo que más sabemos hacer: el amplio campo de la comunicación: redacción, producción de contenidos, planificación, imagen, sonidos, videos. El segundo camino tiene que ver con vivir a través del intercambio, es decir trocando lo que nosotros sabemos hacer por lo que los otros nos pueden ofrecer: alojamiento, comida, transporte.

Un viaje de mil millas comienza con el primer paso

Con todos estos preparativos en marcha, llegamos a febrero de 2015. Las últimas semanas fueron de mucho vértigo. Una manera metafórica de decir que cada vez que pensábamos en lo que se venía, nos daba pánico. En mi caso, me ayudó no detenerme en los detalles. Por primera vez, me propuse “poner piloto automático” y ejecutar todo lo que sabía que tenía que hacer. Ya había reflexionado bastante, voy a reflexionar mucho después.

Fue una seguidilla de tres días: nos quedamos sin auto, porque lo vendimos; sin trabajo, porque lo dejamos; sin departamento, porque lo alquilamos. Tres cosas que en cualquier otro contexto podría ser síntoma de crisis nacional, pero en nuestro caso fue el resultado de cambios profundos en relación  a nuestras expectativas, deseos y motivaciones personales. En los últimos años, los dos atravesamos crisis a nivel personal, de esas que te trastocan todo: prioridades, valores, certezas.

Sobre cómo preparar las mochilas, mucho no podemos decir, porque aunque previamente leímos muchos blogs de viajeros que te aconsejan qué llevar y qué dejar para viajar liviano, tenemos que reconocer que salimos pesados. ¿Pero alguien supo estacionar en tres maniobras apenas aprendió  a  manejar? ¿O cocinar un lomo al champiñón con papas rústicas a la semana de irse a vivir solo? Como estamos en pleno proceso de aprendizaje, no nos preocupa cargar con peso demás; tenemos tiempo para seguir desprendiéndonos de esas cosas innecesarias.

Ya preparados, nuestras trayectorias están en viaje.

 

 Esta publicación tiene un enlace patrocinado. Después de escribir la nota, una agencia nos ofreció darnos una remuneración a cambio de incluir un link. Nosotros aceptamos porque consideramos que no afecta el sentido del artículo y nos ayuda a seguir con nuestro proyecto.

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Acerca de Camu

Argentina de 32 años. Comunicadora profesional y de oficio. Apasionada, intensa y compleja. Fanática de las trayectorias y amante de los encuentros. Hincha de Boca Juniors y adicta al helado. El nomadismo y los intercambios son mi filosofía. Ando por la vida con los pies descalzos.

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