Cómo viajar sin pagar alojamiento durante cuatro meses

Viajar sin pagar alojamiento durante cuatro meses fue posible. No se trata de alcanzar ningún récord. Simplemente pasó y queremos compartirlo. No pretendemos dar recetas mágicas e infalibles –porque no las tenemos- solo compartir nuestra experiencia de viaje y cómo fue que lo hicimos. A algunos les servirá para inspirarse y convencerse de que se puede viajar con (muy) poco presupuesto –y tienen razón-. A otros les servirá para sacar ideas concretas de cómo hacerlo. Otros pensarán que viajar así no es placentero -puede que también tengan algo de razón-.

Aunque hace casi dos años que venimos viajando, fue el periodo que más tiempo estuvimos sin pagar hospedaje.

119 noches sin pagar alojamiento

Debemos ser claros en algo: “viajar sin pagar alojamiento” no significa que haya sido 100% alojamiento gratis (en sentido amplio) y que no haya implicado esfuerzo, tiempo, trabajo o tácticas específicas para conseguirlo. Otro punto que hay que destacar es que durante estos cuatro meses casi no usamos la carpa, lo más usado por quienes buscan hospedaje gratis. Obviamente tirar la carpa en algún lugar siempre es una gran idea para no pagar alojamiento, pero para nosotros siempre es la última opción (cuestión de gustos) y la única vez que la usamos fue en el jardín de una familia que nos recibió por Couchsurfing.

cómo hicimos para viajar sin pagar alojamiento durante 4 meses

Aunque no tenemos una estrategia ni un manifiesto sobre la mejor manera de viajar, fuimos aprendiendo algunas tácticas que nos permiten viajar como queremos: a ritmo lento, conociendo gente, yendo a los lugares que nos recomiendan y a los que tenemos ganas nosotros. Esas tácticas son: seguir un itinerario pero ser flexibles, aceptar las invitaciones y saber decir “no”, negociar, estar atentos a las oportunidades que se presentan y no encapricharse (imaginarán a lo que nos referimos).

Básicamente usamos tres modalidades para viajar sin pagar alojamiento en estos cuatro meses:

  • Couchsurfing
  • Trabajo por intercambio
  • Nos trasladamos de noche

Couchsurfing: la combinación ideal para conocer la vida local y viajar sin pagar alojamiento

De estas “119 noches sin pagar alojamiento”, 79 las pasamos en casas de personas que nos recibieron a través de esta mágica red social. En un posteo que escribimos sobre Qué es Couchsurfing explicamos con bastante detalle por qué no es exactamente “alojamiento gratis” y –aunque técnicamente lo es- por qué a nosotros no nos gusta hacer hincapié en el aspecto de “no se paga por dormir”. Para nosotros fundamentalmente es una forma de intercambio -de experiencias, de formas de vida, de costumbres- y de encuentro; que además sirve para abaratar los costos del viaje porque es una relación basada en la confianza y no una relación comercial. Conocer personas y compartir con ella su día a día es uno de los motivos por los que elegimos vivir viajando.

Esta aventura de las 119 noches comenzó justamente con Couchsurfing y en Brasil. Fue el sábado primero de octubre. Llegamos a Brasilia bien temprano. Nos quedamos haciendo tiempo en la terminal para dejar dormir un rato más a Yan, nuestro primer couch en Brasilia. El primero de los cuatro anfitriones de Couchsurfing con quienes compartimos dos semanas en la capital brasilera.

Fue la primera vez que en una misma ciudad estuvimos en más de una casa por Couchsurfing. Parece que Brasilia tiene mucha oferta y poca demanda. Parece que muy pocos viajeros la eligen como destino. De hecho, fue la primera vez que nos “invitaron” a partir un viaje público que posteamos en la plataforma: nosotros pusimos las fechas que planeábamos estar en la ciudad y, sin pedirlo, nos ofrecieron hospedaje.


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Por eso la primera recomendación para viajar surfeando sofás de desconocidos es estar abierto a las oportunidades. Nosotros planteamos un recorrido, hacemos el viaje público y comenzamos a mandar solicitudes con 10 o siete días de anticipación. Siempre mandamos entre cuatro o cinco solicitudes y estamos abiertos a que, si todos nos dicen que sí, nos organizamos para pasar unos días con todos los que nos aceptaron. Cada casa es un mundo y una oportunidad para conocer cómo es la particularidad de la vida de un lugar. Obviamente esto se debe a que no tenemos una fecha de “fin de viaje” y nuestra filosofía es: si hay alguien que quiere conocernos, nosotros también.

En Brasilia, en las dos primeras casas fueron estadías en “casas de solteros”: muchas charlas íntimas y comidas tranquilas; las otras dos en “casas de familia”: varias salidas, desayunos y cenas multitudinarias.

No solo de hospedaje se trata el Couchsurfing
Con esto nos encontramos el primer día que amanecimos en lo de Alessandro y su familia.

De allí nos fuimos a Barreirinhas donde pasamos un fin de semana con Shirleide, quien nos esperaba en su casa junto a sus hijos. Cuando nos fue a buscar a la plaza del pueblo, apareció con una panza de daba cuenta de sus cinco meses de embarazo. A pesar de sus responsabilidades se encargó de llevarnos a pasear, presentarnos a sus amigas e incluso salir un sábado a la noche a un bar en el que solo pudo tomar agua con limón. Una genia.

Otro beneficio del “viaje público” es ponerse en contacto con otros viajeros que coinciden en tiempo y espacio con vos. A nosotros nos salvó en Salvador de Bahía. Cuando llegamos a la terminal de buses a las seis de la mañana no sabíamos qué hacer porque nadie había contestado nuestras solicitudes. Desayunamos, nos conectamos a la red wifi gratuita de la terminal y nos sentamos a esperar a media mañana para salir a buscar algún lugar (pago) donde quedarnos. Una hora después nos llegó un mensaje de WhatsApp de Alejandra, una compatriota argentina a quien le habíamos pasado nuestro número después de que se pusiera en contacto por Couchsurfing. El mensaje decía:

 Soy la marplatense que llegó esta mañana a Salvador. Recién llego a la casa en donde paro por Couchsurfing y le pregunté a la dueña de casa si sabía de algún lugar para ustedes. Perdón si me metí sin preguntar. Me dijo que si quieren pueden parar acá, no es grande, pero hay lugar.

En resumen: una amiga virtual, le dijo a una desconocida (de ella y nuestra) si nos podía recibir e Ivone, (ahora ya es conocida) aceptó sin pensarlo.

Resultado: tuvimos dónde dormir esa noche, ganamos tiempo para organizar nuestra estadía en Salvador y principalmente conocimos dos personas extraordinarias que sabiendo poco y nada de nosotros nos ayudaron como si nos conocieran de toda la vida.

cómo viajar sin pagar hospedaje
La cena de esa noche fue inolvidable.

No podíamos quedarnos más tiempo porque Ivone tenía que recibir a su familia. Al día siguiente nos fuimos al centro a buscar algún hostel pero al llegar nuevamente al departamento, nos encontramos con el mensaje de Eli que aceptaba recibirnos.

Fue así que nos mudamos por dos noches a un barrio “de la periferia” como algunos le dicen, otros directamente lo llaman favela. Nosotros lo vimos como un barrio empobrecido, de clase trabajadora que con el paso del tiempo se fue deteriorando. Compartimos dos noches de ricas comidas, con nuestra anfitriona y dos viajeros artesanos que encontraron un hogar de paso como nosotros. Un encuentro de puntos de vistas distintos y de distintas formas de viajar.

Viajar sin pagar alojamiento en Brasil
Couuhsurfing nos da la posibilidad de alojarnos por fuera del circuito turístico.

Nuestra siguiente parada fue en Maceió, donde cambiamos rotundamente de tipo de barrio: pasamos a estar a unas pocas cuadras de la playa y con vistas a una de las mejores playas de Brasil. Con Rosalin intercambiamos charlas y recetas de nuestras comidas.

Viajar sin pagar hospedaje en Brasil
Couchsurfing también nos dio la posibilidad de tener esta vista durante varios días.

De ahí nos fuimos a Maracaípe a la casa de un italiano-suizo casado con una brasilera secretaria del vereador del municipio. No tenían mucho espacio en la casa, pero sí un lindo jardín con buenos lugares con sombra para poner la carpa. Pasamos una semana junto a una familia conformada por “los tuyos, los míos y los de otros” más perros y gatos y amigos y vecinos. Compartimos comidas y buenas charlas. Lo mejor de esa semana es que conocimos a Carol y Juan, dos viajeros que se convirtieron en muy buenos amigos.

El couchsurfing y la carpa pueden ser buenas combinaciones para viajar sin pagar alojamiento.
“Si tienen carpa podemos recibirlos” nos dijo Rainer en Maracaipe.

Después nos mudamos a la playa de al lado, Porto de Galinhas. Ahí nos quedamos con Romi, una argentina que se instaló hace unos años a trabajar –aunque ahora ya renunció y anda viajando por ahí- y en la misma casa conocimos a otra Romi que había llegado para instalarse. Durante esa semana ayudamos a Romi con los gastos del gas y agua porque en Porto de Galinhas todo es carísimo.

Más adelante nos fuimos a Atins, un pueblo de pescadores en los Lençóis Maranhenses. Muchas veces vamos solo a los lugares en los que alguien nos espera y si no, no vamos. Atins fue ese caso. Fuimos hasta allí porque Facundo nos dijo “vengan que nos arreglamos”. Fueron solo dos días pero que Facundo nos aceptara la solicitud nos permitió conocer un lugar con una mística especial: los Lençois, el río, el mar, la gente amable, el silencio, la desconexión –de internet, fundamentalmente-, la arena caliente, la desolación, la calma, los caballos mansos y los perros salvajes.

Facundo es un argentino que hace unos años se instaló en este pueblito de pescadores y convirtió su hogar en un hostel y en un bar. Mientras él trabaja en la cocina conversábamos de los viajes y cómo fue posible que llegara a un pueblo de 300 habitantes.

Hospedaje en Atins
“Ustedes vengan y vemos como nos acomodamos” nos dijo Facu en Atins.

Con Atins comenzó el periodo más largo que nos quedamos por Couchsurfing: 48 noches seguidas en 12 casas. Seguimos en Belém, donde no compartimos mucho porque nuestros anfitriones estaban casi siempre con otras actividades, y nos despedimos de Brasil en Macapá, donde compartimos de todo con Marcelo y Daniela: comidas, bailes, encuentros de lectura y litros de cerveza artesanal –aunque a nosotros no nos gusta-.

Para viajar sin pagar alojamiento a veces hay que dormir en el piso.
Nos tocó dormir en el piso.
Viajar sin pagar hospedaje no siempre implica que sea de manera incomoda.
Nos tocó dormir en habitaciones que parecían de hotel.

Le siguió Guayana Francesa, único país en el que solo nos hospedamos por Couchsurfing. Y sinceramente en este caso sí fue todo un logro haber pasado más de un mes sin pagar alojamiento porque ahí lo más barato para dormir es una hamaca paraguaya bajo un quincho donde te cobran 10 Euros por persona.

En Guayana la particularidad fue que todos los que nos recibieron son “franceses metropolitanos” –recordemos que no es un territorio independiente sino una región de Francia- entonces fue más bien un intercambio cultural con europeos, pero no dejó de ser interesante. Pasamos mucho tiempo con familias jugando con niños gracias al Google Translate y también con jóvenes solteros que están haciendo temporada para juntar plata y más adelante “dar la vuelta al mundo” –típico de francés-.

En esos días tuvimos la peor experiencia que hasta el momento nos tocó pasar con un anfitrión de Couchsurfing. Año Nuevo. Fiesta de jóvenes franceses. Mucho alcohol. Nada de conciencia. Ningún conductor designado. Nuestro anfitrión se empecinó en llevarnos a la casa en su auto. No nos dejó manejar a nosotros. No quería bajar la velocidad. No veía nada ni era consciente de nada. Por suerte llegamos bien, aunque con mucha tensión y angustia.

Aunque en general son excepciones, al alojarse con desconocidos uno se expone a vivir situaciones que no controla.  

Los últimos días de esta aventura de 119 noches de viaje sin pagar alojamiento fueron en Couchsurfing. Llegamos a Suriname con la confirmación de que Rachel nos iba a recibir unos días; justo lo que necesitábamos para ponernos a buscar un hogar transitorio. Y lo encontramos.

Por Couchsurfing fueron en total 79 noches distribuidas en 22 casas. Imagínense lo que es estar moviéndose cada -en promedio- tres o cuatro noches y adaptarse a 22 rutinas diferentes. Dormimos en camas de dos plazas y de una plaza, en cama cucheta, en sillón, en colchón inflable y en el piso sobre una manta. No será pago, pero tampoco es gratis.

Intercambio: Ofrecer trabajo a cambio de hospedaje

Una de nuestras principales maneras de viajar sin pagar alojamiento es a través del intercambio laboral. Con certeza que esto no es alojamiento gratis. Nosotros ofrecemos –en la mayoría de los casos- nuestros servicios profesionales en comunicación –principalmente asesoramiento en comunicación digital y redes sociales- y pedimos a cambio hospedaje y desayuno en distintos tipos de alojamiento. Esto lo habíamos hecho en Uruguay, Chile y Bolivia.

La dificultad que se nos presentó en Brasil tuvo que ver con el idioma. Si bien nos manejamos con el portuñol para el día a día, nuestro nivel de portugués no nos permite trabajar profesionalmente, mucho menos en cuestiones relacionadas con la comunicación. Así fue que tuvimos que encontrarle una vuelta.Empezamos a pensar en la posibilidad de pedir hospedaje a cambio de únicamente difusión en el blog. Esta práctica es muy habitual pero la dificultad que le veíamos era justamente el idioma. No nos imaginábamos que con nuestro portugués podíamos llegar a convencer a nadie de nada. Si bien nuestros amigos Mariel y Mariano, de El gran viaje, se esforzaban por decirnos que era posible, no terminábamos de animarnos.

Como en muchas situaciones de la vida, uno decide actuar cuando está bajo presión y sin alternativas. Así fue que en Lençóis, en la Chapada Diamantina, luego de que una “anfitriona” de couchsurfing nos dejara plantados –con cuatro horas de espera- y sin solución de hospedaje a la vista nos lanzamos a hacer nuestra propuesta. A los 10 minutos habíamos resuelto nuestro hospedaje por una semana a cambio de difusión y ayuda en la gestión del Facebook de una posada.

Con esa confirmación, nos lanzamos, de manera más organizada y profesional, a enviar propuestas por mail a distintos hostels, hoteles y posadas. Lo que ofrecimos fue, además de la difusión, nuestro asesoramiento en comunicación –en portuñoly la producción de fotografías.

Así fue que conseguimos hospedaje además de en Lençóis, en Salvador, Pipa, Jericoacoara y Barreirinhas. En todos estos lugares viajamos sin pagar hospedaje. No pagamos en dinero, aunque si lo hicimos con nuestro esfuerzo laboral.

Si están pensando en probar con algo parecido tienen que ser muy claros en los términos del intercambio. Un malentendido puede hacerlos pasar un mal momento.

A nosotros nos pasó solo una vez. El dueño del hostel que había “aceptado” hacer el intercambio por mail nos esperaba en la entrada. Cuando llegamos, sin que siquiera invitarnos a pasar y a dejar las mochilas en el piso, nos dijo que teníamos que contratar las excursiones de la zona con su empresa de turismo. Cuando le respondimos que eso no era parte de lo acordado, nos dijo que en realidad no necesitaba lo que ofrecíamos y que igual nos podíamos quedar, cambiando en un segundo lo que era un intercambio, por un favor (de mala gana) que no le habíamos pedido. Así fue que rápidamente nos fuimos de ahí a una posada que sí se interesó por hacer un intercambio real, en el que las dos partes nos vimos beneficiadas.

En total fueron 31 noches sin pagar en seis alojamientos –casi siempre- con cómodas camas, toallas y desayunos abundantes por la mañana.

Bus y barco: Viajar de noche también es ahorrar en alojamiento

Otra manera que encontramos de no pagar alojamiento durante estos cuatro meses fue hacer tramos nocturnos en transporte. Si bien esta opción es un clásico, no por eso es menos efectiva. Elegir estratégicamente qué transportes tomar durante la noche en total nos hizo ahorrar el pago de siete noches, o de hacerlas por intercambio o por Couchsurfing. Obviamente, cuando el viaje dura más de 24 hs no hay mucho que decidir.

El norte de Brasil es un territorio extremadamente grande y puede pasar que entre dos capitales de estado haya alrededor de 1000 kilómetros. Esos trayectos largos nos presentaron bastante dificultad para hacer dedo, por lo que luego de algunas frustraciones empezamos a mirar al transporte público con buenos ojos. Si bien pagamos por los pasajes, de todas formas íbamos a gastar en el transporte; así que preferimos hacerlo de noche y así ahorrar el gasto de hospedaje. De hecho, en distintas oportunidades pasamos varias horas del día intentando hacer dedo hasta que al caer la tarde decidíamos ir a la terminal de buses.

Además, en uno de los casos pudimos combinar esta técnica con la del trabajo por intercambio. Conseguimos ahorrar una parte en el viaje en barco de 24 hs de Belem a Macapá (Brasil), aunque esta gestión fue en un 90% responsabilidad de Juan y Carol (ellos cuentan sobre este tramo en su nota “Sao Luis, Belem y Macapa. Norte Brasilero“) y nosotros sólo formamos parte del acuerdo aportando nuestra cuota de difusión y recibiendo un descuento.

En el barco tocó dormir en hamaca.

Aunque sirve para economizar, pasar la noche en un ómnibus (o en cualquier transporte público) tiene todas las incomodidades que se imaginan. Obviamente siempre compramos el pasaje más barato por lo que 120° de inclinación es lo máximo a lo que aspiramos y algunas veces nos ha pasado de no tener distancia entre nuestras rodillas y el asiento de adelante. También está el tema de los sonidos: los ronquidos obviamente pero además de esa mala suerte en Brasil está la costumbre de ver la novela del prime time y muchos brasileños tienen TV móvil para no perderse ningún capítulo incluso en el bus. ¿Auriculares? No, entretenimiento para todos.

Viajar sin pagar alojamiento a veces es incómodo.
A las 9 de la noche el hombre sacó su TV portatil y odos tuvimos que escuchar la novela.

Las excepciones

En los cuatro meses en los que pudimos combinar diferentes técnicas para no pagar alojamiento, hubo dos excepciones. Las dos tuvieron el mismo motivo. La imposibilidad de combinar distintos tramos de transporte a tiempo para llegar al lugar en el que nos estaban esperando. Así fue que nos encontramos dos noches “varados” en pequeños pueblos a la espera de continuar viaje al amanecer. La primera vez nos pasó en Ibotirama y luego de un autostop frustrado. Como no pudimos hacer dedo, decidimos “hacer noche” en un hotel de mala muerte. La segunda nos pasó en Parnaíba y fue luego de perder un bus por 15 minutos. Esa vez estábamos acompañados por Juan y Carol y los detalles de la aventura lo pueden leer en esta nota desopilante que ellos escribieron.

En ambos casos podríamos haber optado por tirar la carpa al costado del camino o en la estación de servicio amiga y así tener alojamiento gratis. Sin embargo, como no somos fanáticos de la carpa y los valores no eran exorbitantes preferimos pagar.

¿Por qué fueron cuatro meses de viajar sin pagar alojamiento y no más?

Algunos pueden pensar: “Así yo también me la pasaría viajando”. Pero lo que muchos no piensan es en lo cansador que resulta ir de casa en casa, de hospedaje de buena calidad a otro de mala muerte, pasar horas en terminales de bus y después más horas arriba de bus.

Para los nómadas digitales a veces es complicado encontrar buenos lugares para trabajar
Fueron varias las oportunidades en las que tuvimos que trabajar así.

Cuatro meses fue nuestro límite. Ese tiempo fue el máximo que logramos viajar sin pagar alojamiento. Necesitábamos parar y tener nuestro lugar, no preocuparnos por la hora en la nos levantamos ni por la hora en la llegamos o nos vamos a dormir y no tener que convencer a nadie para que acepte un intercambio.

Además, necesitábamos un lugar propio para concentrarnos en el trabajo (para los que no saben nos dedicamos a trabajar en comunicación y lo hacemos a través de Internet).

Hace unas semanas, reconocimos que tanto movimiento nos estaba afectando: ya no teníamos ganas de recorrer los lugares, nos costaba concentrarnos para trabajar y teníamos ganas de dormir más horas de lo que acostumbramos. Sabíamos que necesitábamos por un tiempo tener un lugar solo para nosotros: un espacio íntimo, un baño para los dos, una cocina (para Camu), una cama de dos plazas para dormir, un escritorio para descansar, un sillón para ver la tele y mueble que poner nuestra ropa y poder desarmar las mochilas por unos días.

Ahora estamos escribiendo desde nuestro hogar transitorio: un monoambiente en Paramaribo, Suriname por el que pagamos 14 Euros por día con cama, escritorio, sillón, televisión, internet, cocina, heladera, lavaropas, placard, ventanas grandes, circulación de aire, luz natural y un balcón en el que todas las tardes nos sentamos a merendar.

Acá terminó la racha de viajar sin pagar alojamiento
Acá, en Suriname, decidimos cortar la racha de noches sin pagar alojamiento.

¿Qué pensás sobre viajar de esta manera? ¿Tenés alguna experiencia para compartir? Dejanos tu mensaje en “Comentarios” así hacemos de este blog un “ida y vuelta”.

🙂

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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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