Carmelo: Crónica de nuestros días en el destino más esperado

El viaje a Carmelo era para nosotros mucho más que ir a un punto en el mapa o a una pequeña ciudad de Uruguay. Desde hace unos meses Carmelo era el nombre que veníamos dando a la siempre bienvenida pregunta de “¿Por dónde empiezan?”.

Un par de semanas antes de viajar a Carmelo, por $375 cada uno compramos los pasajes desde Tigre a Carmelo de la empresa Cacciola. Fecha de ida: domingo 15 de marzo de 2015. Fecha de vuelta: no aplica.

Familiares y amigos nos fueron a despedir a la terminal fluvial, bajo un sol potente en plena tarde.

El viaje a Carmelo y el comienzo de nuestra nueva vida

Minutos antes de la hora indicada para zarpar, avisaron por altoparlantes que por inconvenientes técnicos no podríamos partir en la embarcación que yacía imponente pero herida amarrada en el puerto. Sin embargo, lo que parecía una pésima manera de comenzar el viaje no lo fue cuando seguidamente anunciaron que existía un barco sustituto de otra empresa llamada Delta. El comentario generalizado del resto de los pasajeros nos adelantó lo que luego saltaría a la vista. La diferencia de embarcaciones era notoria, algo así como viajar en el lechero en lugar de en un coche cama. El interior del Delta era tan incómodo que gente de más de 1,60 de altura tenía que poner las piernas de costado.

La sensación de estafa por la diferencia entre las embarcaciones fue insignificante ante lo que nos generaba ese momento. Felicidad, alegría, emoción y nervios; también tristeza, nostalgia y miedo; algo de preocupación, incertidumbre, seguridad y una fuerte convicción. Y unos 323 sentimientos y sensaciones más se hacían un festín cuasi carnavalesco. En el puerto quedaban nuestros familiares sacando fotos y en el barco quedábamos solo nosotros dos. Y nuestras ganas.

Más tarde, ya en viaje a Carmelo, un atardecer imponente en el río y la brisa fresca en la cara nos daba la pauta de que íbamos por el buen camino.

Llegamos a Carmelo a la noche, apreciamos su encanto de pueblo al recorrer las primeras cuadras. Para el ritmo que veníamos llevando –mudanza, despedidas, velorio y cierre de etapas en general- y los nervios pre-viaje fue un shock de tranquilidad.

Probando alojamientos en Carmelo

Estuvimos cuatro días y cuatro noches, si bien esperamos mucho tiempo nuestro viaje a Carmelo, con el paso del tiempo podemos decir que estuvimos pocos días, en comparación con otros destinos visitados. Sin planificarlo mucho, paramos en tres lugares diferentes. Quizás fue en la búsqueda de llevarnos distintas impresiones.

En Hostel en Carmelo

Primero paramos en un hostel, que en realidad era una casa particular en la que alquilaban dos habitaciones: una doble privada y otra con varias camas, compartida y mixta. Tenía TV, Wi Fi y jardín. Una puerta en el baño le hubiese venido bien, aunque la cortina semi transparente era mejor que nada. ¿Saben lo que pagamos por la primera noche de nuestra nueva vida? u$s49 en efectivo (lo máximo –por mucho- que erogamos para dormir en Uruguay). Esto fue un aviso de que Uruguay se nos venía caro. El tipo de cambio es así: u$s1 estadounidense son 25 pesos uruguayos, $1 argentino equivale a 1,80 peso uruguayo (aunque esto fue cambiando en los distintos lugares que estuvimos).

La primera mañana desayunamos en el jardín mientras reflexionábamos sobre la nueva vida que empezábamos a transitar. A la conversación se sumó el dueño del hostel quien nos contó sobre sus viajes por Europa –incluidos seis años de residencia en España- y por América. También nos confesó que actualmente estaba en Carmelo para cuidar a sus padres, ya un poco mayores. Aunque tiene pensado más adelante retomar la ruta. Le contamos de nuestro proyecto y le hicimos saber que tenía el honor de ser el primero en alojarnos.

Si bien el hostel, sobre todo por el jardín y la ubicación, invitaba a quedarse, se nos iba mucho de presupuesto y decidimos buscar otro lugar para dormir.

Un rato después de despedirnos, nos mandó un mail en el que nos contaba que se sentía identificado con lo que estábamos haciendo y nos ofrecía que nos quedaramos en el hostel dos noches más sin costo. La propuesta era genial y nos sorprendió darnos cuenta tan rápido de la hospitalidad que se nos ofrecía en el camino. El único problema es que vimos el mail cinco días después, estando ya en Colonia del Sacramento. Si, unos fenómenos. Solo nos quedó responderle agradeciendo y esperando que se nos presente esa situación muchas veces más aunque con mejor suerte. (Actualización: Efectivamente se nos presentó esta situaciones muchas más veces, en parte lo contamos en “Cómo viajar sin pagar alojamiento durante cuatro meses”)

Camping gratis en Carmelo

Cuando dejamos el hostel nos fuimos caminando para el lado de la costa, a Playa Seré. Si bien estaba alejada del centro, prometía ser un buen lugar para descansar y disfrutar de la naturaleza. Sobre la playa hay dos campings. Decidimos ir al gratuito. Lo llamaban camping Municipal o bosque frente a Playa Seré. Es gratis porque en realidad no es un camping, sino un espacio en donde poner carpas que cuenta con un baño público, sin ducha, aunque en muy buenas condiciones de higiene y además con puerta.

Es el lugar ideal de quienes manejan muy bajo presupuesto y de quienes vienen viajando hace un buen rato exprimiendo el peso al máximo. Incluso por ese motivo, había varias personas instaladas de manera permanente. No obstante, conseguir agua caliente y unas tortas fritas en un carrito cercano nos salió casi tan caro como una noche del camping pago.

Las personas que estaban acampando allí coincidían en que no había que alejarse de las carpas si querías conservar tus cosas, así que eso hicimos. Aunque no parecía ser un lugar inseguro.

De vecinos tuvimos a unos chicos que viajaban desde Chile, vendían artesanías y tocaban música con su guitarra para ganar algo de plata. Unos días más tarde los cruzamos en la ruta, haciendo dedo a Colonia.

También había una pareja de Montevideo, muy humilde, que se había mudado a Carmelo porque la vida en la ciudad le resultaba muy costosa. De hecho, planeaban instalarse en el camping,  acomodarse y, después, llevar a su hijos que habían quedado a la ciudad. El señor se acercó a conocernos, nos contó algo de su historia y nos advirtió del rastrero: otro vecino que aparentemente tenía fama de amigo de lo ajeno.

En pocos metros a la redonda nos encontramos con diferentes historias de vida, muy distintas a las nuestras. Pero por distintas decisiones, esas trayectorias particulares se cruzaban en el mismo lugar.

Pagando camping en Carmelo

Luego de un día y una noche en el camping gratis, en el que no nos despegamos más de 20 metros de la carpa (lo que nos permitió llegar a la playa a tomar mate) nos fuimos al camping Naútico. Armar la carpa nos costó $283 uruguayos. Eso sí, si querías electricidad había que sumarle $57 y una ducha de agua caliente, $43 cada ficha.

El camping Naútico es en realidad el atracadero donde veleros y cruceros paran en temporada alta. El lugar estaba muy bien: siempre iluminado, con mesas, parrillas y piletas y con los baños siempre limpios.

Ambos campings (El Municipal y el Naútico) están frente a la playa Seré, mágica playa sobre el inicio del Río de la Plata que tiene la hermosa particularidad de tener muchos árboles, por lo que en días de mucho sol se encuentra fácil resguardo. Como si fuese poco te regala atardeceres de todo tipo: detrás de la escollera, entre árboles, sobre el río.

Playa Seré - Viaje a Carmelo
Playa Seré – Carmelo

Playa Seré cuenta con cuatro paradores, aunque por estar fuera de temporada los vimos cerrados excepto uno que habría luego del mediodía y cerraba por la noche. El poco movimiento nos obligaba a caminar unas 15 cuadras hasta la despensa más cercana. Para nosotros era como hacer el Camino del Inca en chancletas. Así que cada vez que íbamos y volvíamos del centro practicamos el complejo arte de hacer dedo con más éxito del que esperábamos.

También estaban cerrados los puestos de alquiler de motos y bicicletas, pero que obviamente funcionan durante los meses de verano a la salida del camping. Es una buena opción para recorrer el pueblo y las afueras (las canteras, los viñedos y las estancias) o incluso en las motos llegar a otros pueblos cercanos como Nueva Palmira y Colonia Estrella.

A poco más de una hora y media está Colonia del Sacramento. Hay ómnibus que unen las dos localidades y tienen una amplia frecuencia diaria, por lo que es un buen plan visitar Carmelo desde allí o viceversa.

¿Qué hacer en Carmelo en bicicleta?

Si te vas de viaje a Carmelo, te recomendamos que evalúes alquilar una bicicleta. Además de que siempre es bueno hacer ejercicio, te va a permitir llegar a lugares que están un poco alejados y valen mucho la pena.

Instalados en la Playa, alquilamos en el centro de Carmelo unas bicis a 200 uruguayos (todo el día). Pese al calor que hacía y el deplorable estado físico que presentamos, nos animamos a alejarnos un poco hacia los viñedos de la Bodega Familia Irurtia y unas canteras que aparecen escondidas entre los arbustos y árboles por esa zona.

Nosotros fuimos hasta las que están al final del camino. Como no había ningún camino directo y la calle hacia arriba conducía a un sector de grúas, decidimos preguntar en la única casa que había. Un señor nos contó que pocos meses atrás el agua de la cantera había aparecido de un color verde amarillento y que había empezado a tener feo olor.

Habrá visto nuestra cara de decepción por haber pedaleado hasta allá bajo el sol del mediodía, porque en seguida nos dijo que podíamos encontrar otra retrocediendo un kilómetro. Lo único que nos aseguramos antes de volver hacia atrás para encontrar el camino es que hubiera algún árbol para que nos refugiara con su sombra y pudiésemos comer. “Si, algunos arbustos en la parte baja hay”, nos dijo. Su respuesta no fue muy convincente, pero era la única opción que teníamos antes de volver al pueblo sin éxito.

Efectivamente, cuando se terminan los viñedos, hay un camino en el que de a poco la vegetación empieza a ser más tupida, y después de una pequeña subida aparece la cantera.
De las Canteras del Cerro Carmelo todavía se extrae granito gris. Aunque tuvo mucha producción durante fines del siglo XIX y principios del XX cuando se extrajeron toneladas de piedra para hacer millones de adoquines que se mandaban para Buenos Aires, Argentina, y para los cordones de las calles de Carmelo.

Hoy, algunas de esas canteras están inundadas y tienen una profundidad de hasta 40 metros. Los folletos de información turística dicen que muchos argentinos van a hacer buceo a esas canteras.

Viaje a Carmelo en bicicleta
Las bicis que alquilamos y atrás la cantera inundada

Por la tarde aprovechamos para recorrer todo el pueblo, tanto la parte histórica –las plazas, la iglesia y el museo municipal-, como la zona más empobrecida donde se pueden ver a muchas familias con sus caballos y carros.

Nuestro viaje a Carmelo fue a fin de temporada, un marzo que regaló temperaturas de verano y posibilitó que los pobladores se acercaran todas las tardes a tomar mate a la playa. Muchos se animaban a bañarse en las, todavía cálidas, aguas del Río de la Plata.

Al contrario de otros pueblos, donde toda la actividad se desarrolla alrededor de una plaza principal, en Carmelo hay dos plazas. La Plaza Independencia es el centro de la zona comercial: la heladería dos restaurants, dos puestos de comidas callejeras, dos bancos, dos quioscos. Y la iglesia. La otra plaza principal, más antigua, es la Plaza Artigas, frente al museo y archivo parroquial del Santuario del Carmen. Es el antiguo centro del pueblo.

En la Casa de la Cultura Cnel. Ignacio Barrios, una casona colonial con pisos de madera y un aljibe en su patio, funciona la oficina de información turística (Lugares que siempre recomendamos visitar como uno de los principales “Consejos para visitar lugares turísticos“). Además de talleres y exposiciones temporarias, cuenta con una sala museo con objetos que reconstruyen la historia del pueblo.

La Rambla de los Constituyentes es un paseo peatonal al borde del Arroyo las Vacas, cerca del famoso puente giratorio (gira sobre sí mismo haciendo eje en la plataforma del medio, y así pueden pasar los barcos como lo hacen con los puentes levadizos).

Es un pueblo en el que se respeta la siesta; los comercios cierran al mediodía y vuelven a abrir a la tarde por pocas horas (con suerte). Un pueblo de calles simples en las que se respira el interior del país.

En nuestro viaje a Carmelo pudimos vivir la tranquilidad de los habitantes del pueblo y nos sirvió para empezar a adaptarnos al nuevo estilo de vida. Nos resultó mágico por los atardeceres, por su calma, pero sobre todo porque estar ahí significó que la aventura había empezado y que habíamos dado el primer paso de un viaje de mil millas.

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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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