Atravesar el túnel del tiempo hacia Colonia del Sacramento

Cruzar la puerta de la muralla de Colonia del Sacramento por el puente de madera es como introducirse en un túnel del tiempo. Su nombre, incluso, es redundante. Caminar por Colonia es transitar claramente una ciudad colonial.

¿Pero en qué pensamos cuando adjetivamos a Colonia del Sacramento como una ciudad  “colonial”?

Así caracterizamos a Cusco, en Perú; a Trinidad, en Cuba; a Cartagena de Indias, en Colombia, a Paraty, en Brasil –por nombrar algunos ejemplos que conocemos en primera persona-.

¿Una ciudad colonial es la que conserva las características arquitectónicas de cuando era una colonia? Sí, claramente en esas ciudades o pueblos los rasgos de la colonización son los que predominan.

Fachada en Calle de San Pedro.
Fachada en Calle de los Suspiros.

Pero no solo están presentes esos rasgos, sino que además están potenciados. Porque en cada uno de esos lugares hay un trabajo de restauración y conservación, lo que implica la valoración de la estética colonial. Por lo tanto, todo parece estar embellecido –probablemente cientos de años atrás las paredes se caían abajo y las calles se inundaban porque no había desagües-.

Recorrer el barrio histórico –porque no todo es colonial en Colonia del Sacramento- es caminar por calles, callecitas y pasajes de adoquines; introducirse a una ciudad amurallada, encandilarse con los faroles y maravillarse por los colores de las fachadas de las casas –y  también con las flores que se trepan por las puertas y ventanas-.

Los colores lo dan las fachadas pintadas y restauradas y también las flores
Los colores lo dan las fachadas pintadas y restauradas y también las flores

Pero además de la arquitectura y de los elementos hay un ambiente o clima particular que esa construcción genera en el lugar. Ya lo dijimos. Cruzar la puerta es como cruzar un portal. Es imaginarse a los carruajes, a las mujeres con vestidos, a los vendedores ambulantes, al ejército español o al portugués (depende de los años a los que nos traslademos), a los mulatos, a los mestizos; a todos interactuando en las calles.

Además, los nombres de las calles refuerzan esa sensación de haber retrocedido en el tiempo. De los suspiros, Del Comercio, De las Flores y De la Playa son algunas de las calles que caminamos. No remiten ni a próceres, ni a batallas por la independencia ni a fechas patrias. Obvio que no, porque estar allí es estar en el 1600 cuando españoles y portugueses se disputaban la ciudad (y casi todo Uruguay) por un problema de interpretación de un tratado en el que no quedaban claro los límites de cada territorio colonial.

No había que tener mucha imaginación para viajar en el tiempo.
No hay que tener mucha imaginación para viajar en el tiempo.

¿Qué hacer en Colonia del Sacramento?

Nuestro recorrido por Colonia empezó por el lado de la Terminal Fluvial y de Ómnibus, porque nos alojamos en un hostel fuera del barrio histórico pero a pocas cuadras de la muralla. En ese punto ingresamos al Centro de Bienvenida, Interpretación y Turismo en el predio de la antigua estación de tren donde además de información turística hay un material interactivo con información histórica –es recomendable ir previo a adentrarse al barrio-. En ese mismo parque se pueden ver las estructuras de los galpones de la estación, las vías y vagones abandonados.

Ahí mismo hay un paseo a orillas del río con mesas y bancos donde los jóvenes se juntan a tomar mate – y obviamente nosotros hicimos lo mismo-. Desde allí ya se ven los restos de la muralla y si se sigue caminando te topás literalmente con la pared. Así que no queda otra que ir hacia la derecha para ingresar al barrio histórico por el puente de madera.

De ahí en adelante, el recorrido es libre. Ir hacia el río, subirse a los restos de la muralla –el Bastión de San Miguel-, avanzar hacia la Plaza Mayor, ir y venir por las calles, ingresar a los museos, sentarse en los bancos de las plazas a tomar unos mates, sacar fotos a los faroles, a las puertas y a las ventanas, descansar en alguna de las mesitas que los locales de café tienen al aire libre.

No hay camino predefinido. Hay que dejarse llevar por los colores. Esa fue la premisa que seguimos.

El primer día estuvo nublado. Un día de esos en los que el cielo está encapotado de un gris clarito, opacando y apaciguando las diferentes tonalidades. La mañana siguiente nos sorprendió soleada, el cielo de un celeste intenso; el viento soplaba fuerte y había llevado las nubes hacia otro lugar. Volvimos a pasar por los mismos lugares que el día anterior, porque los colores de las paredes, de las flores y de los árboles habían cambiado. Había que viajar en el tiempo otra vez.

Con cielo celeste se ilumina Colonia
Con cielo celeste se ilumina Colonia

Alrededor de la Plaza Mayor están los artesanos, el Museo Municipal y las ruinas del Convento de San Francisco Javier, una construcción del Siglo XVII. De este, actualmente solo quedan en pie algunas paredes, muy anchas y de piedras grandes, con las aberturas de lo que habrán sido las ventanas. A fines del 1800, construyeron ahí el faro.

Frente a la Basílica del Santísimo Sacramento está una pequeña Plaza de Armas. Allí intentaron reconstruir la disposición de lo que fue la casa del gobernador a partir de los cimientos (lo único que queda, aunque no en pie porque están debajo de la tierra). Hay que esforzarse y ser verdaderamente imaginativo para hacerse la idea de cómo era la casona. Vale la pena el intento.

Aunque uno se maravilla con el interior del barrio, no hay que olvidarse que Colonia del Sacramento está emplazada sobre el río. De hecho, si no fuera así, probablemente no habrían construido una muralla para defenderse de quienes llegaban en los barcos. También recomendamos asomarse a la costa e imaginarse a los navíos venir.

El recorrido por toda la costanera es para disfrutar del Río de la Plata y para animarse a descansar un rato sobre las piedras. El camino por la costa te lleva hasta el puerto de Yates desde donde se aprecia el edificio del Teatro Bastión del Carmen –la chimenea hace juego con los mástiles de los veleros-. De a poco, viajamos en el tiempo otra vez. El Siglo XXI nos estaba esperando.

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Puerto de Yates

Después de ese trayecto (en el que a lo sumo se recorren 6 cuadras por 5) se termina el barrio histórico. Así que hay dos opciones: volver a recorrer todo otra vez –seguro se descubren cosas nuevas- o seguir para la playa del Rowing (a pocas cuadras de ahí) a descansar sobre la arena y tentarse en el paseo de los artesanos.

Los que se animen a caminar un poco más –nosotros no lo hicimos- pueden llegar hasta la playa del Balneario Municipal –pasando por las playas El Álamo y Las Delicias-  por los 3 km de la Rambla de las América, desde donde se aprecia una espectacular vista del Río de la Plata y del puerto deportivo. Lo sabemos porque el camionero que nos levantó en la Ruta 21 nos dejó ahí y después tuvimos que volver a hacer dedo para llegar al centro histórico.

Esa es la ruta por la que llegamos a Colonia del Sacramento desde Carmelo a dedo. De hecho, es una buena opción combinar ambos destinos en un mismo viaje. El viaje en ómnibus tiene mucha frecuencia y es corto ya que están solo a 75 Km de distancia. Otro destino que se le puede agregar al recorrido es la ciudad capital del Uruguay, Montevideo, para seguir disfrutando de los atardeceres en el Río de la Plata. Está a 181 km por una ruta que está nueva y otra parte es autopista, por lo que se hace muy fácil llegar.

Los que están en Bs.As. y piensan cruzar el charco tienen la posibilidad de atravesar el río tanto hacia Colonia como a Montevideo y a Carmelo (desde Tigre). Por eso las opciones para combinar estos destinos son variadas.

Nosotros nos fuimos de Colonia del Sacramento hacia Montevideo a dedo. Por lo que tuvimos que tomar un ómnibus local para que nos alejara de la ciudad y nos dejara la Ruta 21. Con paciencia y un cartelito, conseguimos que nos levantaran.

Si quieren ver más fotos, pueden verlas en la galería de imágenes de Colonia >>

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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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