Arboretum Lussich y Casa Pueblo: Entre la obra de dos visionarios

Desembarcamos en Punta del Este a fin de marzo, cuando ya no había casi ningún turista. Quizá esa sea la razón por la cual la señora de la oficina de turismo ni se interesó en darnos información sobre qué y cómo conocer la ciudad. O quizá le molestó que lo primero que le preguntamos fuera cómo hacíamos para llegar a  Casa Pueblo, ya que técnicamente queda al lado, en Punta Ballena.

Pero recordando bien, el puesto de información correspondía al municipio, así que no sabemos a qué atribuir la mala voluntad para con dos jóvenes argentinos con mochila al hombro. Nos dijo que casi no había forma de llegar en transporte público, que consultemos en la agencia de autos Hertz. También le preguntamos de un lugar que habíamos leído en una guía de viajes: un arboretum  o algo así. “Ah, sí. Es un bosque… para caminar un rato”, nos contestó.

Somos curiosos y obstinados. No nos importaron los comentarios de la empleada municipal, ni que en el mapa no existiera ninguna referencia de Páez Vilaró. Yendo de un lado a otro y preguntando a toda persona que nos cruzábamos, encontramos cómo ir a Punta Ballena de un modo económico. Ya estábamos listos para caminar por el bosque y para buscar a Casa Pueblo entre los rincones de Punta Ballena.

El bus nos bajó en la Ruta Interbalnearia, “justo frente al arboretum” nos dijo el chofer. Solo se le olvidó decirnos que teníamos que caminar 500 metros por una subida súper empinada hasta la entrada. A mitad de camino una señora muy amable que nos vio agotados, nos dio un aventón de 200 metros para que llegáramos con aire. Antes de que nos bajáramos, nos dijo: “Es hermoso el arboretum, les va a encantar”.

Por supuesto le devolvimos una gran sonrisa. Ya valía la pena haber viajado hasta allí.

Arboretum Lussich, Uruguay.
Galería de la casona de Lussich.

Una casa de campo amplia, tipo colonial, balcón, puertas y ventanas grandes, pisos de madera y muy luminosa es la entrada al Arboretum  Lussich, mucho más que un bosque para caminar.

Llegamos de casualidad y conocimos la historia de la forestación del departamento de Maldonado. La leyenda cuenta que toda la zona estaba llena de piedras, nada de vegetación; nada. Cuesta imaginar la costa uruguaya sólo como un lugar pedregoso, pero las fotografías en blanco y negro lo prueban.

Y como en toda historia importante, hay una protagonista mujer. En este caso, la Señora Lussich que estaba cansada de no poder salir al patio de su casa por los fuertes vientos que llegaban desde la costa por lo que le pidió a su esposo que encontrara una solución.

Así fue que Don Lussich mandó a comprar especies de distintos árboles de diversas partes del mundo y las empezó a plantar para ver cuáles resistían y se adaptaban al clima y a la tierra. Nadie creía que iba a tener resultado por las características del terreno. A él no le importó lo que decían los especialistas, y se dedicó personalmente a plantar los pequeños árboles que llegaban. Con el paso de los años crecieron y así forestó toda la región, además de complacer a su mujer.

El Arboretum  Lussich está abierto todos los días y es gratuito. Al entrar te invitan a recorrer la casa donde se exhiben fotografías del lugar y se proyecta un video explicativo, con la historia y entrevistas. Una excelente introducción para después ir a caminar por el bosque. La casona también es sede del Museo del Azulejo. No entendimos la relación, pero en el segundo piso hay una exposición de venecitas y azulejos de muchos colores y tamaños.

Hay varios senderos para recorrer, algunos más abiertos y otros más tupidos. El más largo es de 6km hasta el final de la estancia. La vegetación es muy diversa: árboles, arbustos, plantas, flores y yuyos. El folleto que te entregan en la entrada tiene el listado de las 500 especies de árboles y arbustos y la mayoría tiene un número para que se puedan identificar en ese listado y así conocer su procedencia y características. Sinceramente, no nos acordamos de ninguno pero aprendimos la lección: Con mucho esfuerzo, dedicación y convicción –y algunas otras cosas a favor- es posible concretar los sueños/proyectos/objetivos.

Arboretum Lussich, Uruguay.
Tanta variedad de árboles que no reconocimos ninguno.

Cuando uno se interna en el bosque casi no se escucha la ruta que está a pocos metros. Es acústico. Se escuchan las hojas y las ramas golpeándose entre sí por el viento. Los pájaros escondidos. Los aromas son de lo más diversos.

Después de dos horas de caminata por el bosque nos fuimos hacia la Punta Ballena, literalmente el lugar geográfico que le da nombre a toda esa zona. Ahí está –lo sabíamos- Casa Pueblo. Caminamos 1.500 metros por la Ruta Interbalnearia hasta que un cartel indicaba que había que doblar a la derecha para llegar a nuestro destino. Una zona muy residencial, de casas enormes y autos de lujo pero ninguna persona amable que nos levantara.

Divisamos la Punta Ballena sin noticias de Casa Pueblo. Ni un cartel ni una indicación. Literalmente es una punta de tierra elevada entrando al agua. Estaba ahí, la veíamos a tan solo 400 metros. Se terminaba el camino y ni siquiera el Google Maps del teléfono marcaba las coordenadas del Museo Taller de Carlos Páez Vilaró.

Punta Ballena, Uruguay
Esta es la Punta Ballena

Seguimos caminando solo para buscar algún puesto de comida porque eran las tres de la tarde y desfallecíamos del hambre. Así fue que un poco más adelante divisamos un cartel blanco hacia los acantilados y la típica construcción estilo mediterránea. Volvimos a sonreír. Ahí estaba Casa Pueblo. Majestuosa. Blanca. Laberíntica. Misteriosa.

No pudimos resolver el misterio de por qué no figura en ningún mapa turístico ni por qué en el punto de información ni la nombran. Igualmente, el lugar estaba lleno de gente; no sólo el museo sino también en los hoteles y restaurantes que forman parte de todo el complejo Casa Pueblo. Cuando nos confirmaron que dentro teníamos un pequeño lugar para comer, no nos importó ni la cantidad de gente ni el precio de la entrada ni por qué casi no hay difusión del museo.

Museo Taller de Carlos Páez VIlaró Casa Pueblo
Ahí está Casa Pueblo, escondida.

Una vez recuperadas las energías, estábamos listos para empezar el recorrido. Casa Pueblo es una casa porque fue el hogar de Páez Vilaró hasta su muerte en 2014; un pueblo porque está construida sobre el acantilado con pasillos, como si fueran casas y casitas entre callejuelas, unidas entre sí pero independientes.

Toda la construcción fue realizada por Páez Vilaró con la ayuda de amigos, con barro y moldeada a mano. Quiso simular el trabajo de un hornero, sin líneas rectas, todo curvo. Él mismo dijo que era una falta de respeto a la arquitectura. Pero para nosotros que no entendemos nada de construcción todo es una obra de arte, con terrazas y balcones que miran al horizonte, puertas, ventanas y murales. Todo blanco y mucho azul.

Hotel de Casa Pueblo.
Uno de los hoteles que están en el complejo Casa Pueblo.

El espacio destinado al museo es muy chico en comparación a todo el complejo que ocupa 13 pisos. Hay diversas salas con sus pinturas de acuerdo a las distintas etapas de su vida, una colección de vajilla pintada a mano, libros con poemas y pensamientos, esculturales. Cada sector tiene el nombre de algún personaje reconocido; encontramos un espacio dedicado a Ernesto Sábato y otro a Pelé.

Rincones de Casa Pueblo con nombre propio.
Pasillo dedicado al escritor argentino.

El recorrido comienza con un video documental relatado en primera persona por Páez Vilaró en el que cuenta sobre todos sus viajes alrededor del mundo y cómo influyeron en su arte. Termina al atardecer sobre la terraza con la ceremonia de la puesta del sol. Es una puesta en escena con un audio de Páez Vilaró relatando un poema dedicado al sol mientras –parece que- se va escondiendo en el horizonte. Lo bueno es que todos los que salieron se quedaron callados y pudimos escuchar el sonido del viento y del agua contra los acantilados. Más de 15 minutos de pura paz.

Balcón de Casa Pueblo
En la mejor posición para la Ceremonia del Sol.

Al final, la caminata y la entrada valen la pena. Y definitivamente la combinación Lussich-Vilaró de Punta Ballena justificó toda nuestra estadía en Maldonado.

Para tener en cuenta

  • Hay buses locales para llegar hasta Arboretum  Lussich (y 300 metros en subida) y Casa Pueblo (más 2km de caminata). Obviamente son más baratos que los intermunicipales pero tienen menos frecuencia. Los horarios cambian de temporada alta a baja.
  • La entrada al Arboretum Lussich es gratis, a Casa Pueblo no.
  • Están abiertos los 365 días del año.

Más capítulos de esta aventura

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Acerca de Trayectorias

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