Amazonía brasileña para citadinos

Definitivamente no somos viajeros perfil Indiana Jones (ni mucho menos Steve Irwin) pero nos gusta desafiar nuestra comodidad y nuestros miedos. Amazonía brasileña para citadinos es una muestra de que la selva no es territorio exclusivo de las almas aventureras.

Conocer la selva supone transpirar mucho y todo el tiempo, convivir con mosquitos e insectos de todo tipo y después soportar las ronchas, sentir en la cara los restos de telaraña mientras caminás por los senderos, escuchar ruidos que no sabes de dónde vienen y quién los produce, embarrarte y ensuciarte, sentir cosas extrañas cuando te metés al río y que te imaginás que pueden ser anacondas o pirañas. Pero, con repelente y ropa de manga larga, un buen protector solar y un sombrero, zapatillas impermeables y medias altas y un guía que te diga por dónde avanzar, es posible tener una gran experiencia. Y sino no te importa nada lo podés hacer con havaianas, pantalón corto o traje de baño, que igual la vas a pasar bien.

Entrada a la Amazonía brasileña
¿Vamos a la selva?

Cuando estuvimos en Manaos, aprovechamos para tener un acercamiento tímido a la selva. Eso es lo bueno de la ciudad, que ofrece propuestas para todos los gustos, incluso para los viajeros perfil citadino que tienen ganas de conocer la Amazonía brasileña sin meterse en el medio de la selva a una expedición. Digamos que son propuestas para conocer los márgenes, pero no por ello no son interesantes. Aunque es un acercamiento –muy de lejos- nos dejó una idea de todo lo que hay más allá de lo accesible.

Paseos por el Río Negro: Encuentro de la aguas, nado con delfines y visita a comunidad indígena

Hacia la Amazonía brasileña, lejos de la ciudad
¡Chau ciudad!

La cita obligada es navegar por el Río Negro. El paseo tradicional incluye una serie de actividades en un solo día para aprovechar y tener un panorama general de la vida en la Amazonía brasileña. Una buena opción es contratar un tour, con todo lo que eso implica: todo resuelto y todo estructurado.

Salimos a las nueve de mañana del puerto de Manaos y navegamos media hora hacia el Este para ver el encuentro de las aguas. Es literal. En las coordenadas 3°07’55.02’’S 59°54’20.5’’ el Río Negro que viene bajando desde la frontera de Brasil, Colombia y Venezuela se encuentra con el Río Solimões que también viene bajando, pero desde algún lugar en la Cordillera de los Andes entre Perú y Ecuador. Y ese encuentro surge un nuevo río, el Río Amazonas. Es una cuestión de denominación. Lo que no es una cuestión de nombres es el color de cada uno de los ríos: uno bien negro y otro bien marrón; distintos recorridos, distintos colores, distintos minerales, distintas densidades. Hablar de encuentro es muy inocente; parece más que cada uno va marcando un territorio, se autodelimitan. Lo único que mezcla las aguas es la hélice de la lancha. Pero finalmente gana el marrón.

Cosas que solo pasan solo en la Amazonía brasileña.
El Río Amazonas a la izquierda y el Río Negro a la derecha.

El día que lo hicimos nosotros salió el sol, así que el contraste entre las aguas fue ideal. Unos días después pasamos por el mismo lugar rumbo a Tabatinga, el cielo estaba muy nublado y fue totalmente diferente la experiencia.

El tour incluyó el recorrido por un poblado flotante que se va conformando con casas construidas sobre balsas construidas, en general, por familias de pescadores que se van moviendo por la región según la época de reproducción de los distintos peces. Había una escuela y una iglesia, aunque también estaban flotando suponemos que se quedan siempre ahí.

La ventaja es que la subida o bajada no les afecta como a quienes están sobre el terreno. La variación de nivel del río va desde los tres a los 30 metros según la época del año o los efectos climáticos. Así que la balsa es una gran solución.

Típica imagen de la Amazonía brasileña.
Pueblo flotante

También fuimos a uno de los lagos que se conforman hacia el interior porque los terrenos son inundables. Ahí es donde crecen las famosas plantas Victoria Regia. Son grandes hojas circulares que pueden medir hasta 1,80 m de diámetro. Crecen en lagos y lagunas cerca de los bordes, donde hay poca profundidad porque las raíces llegan hasta los dos metros, suben, encuentran la superficie y ahí se abren las hojas, que nacen arrugadas y se estiran de viejas, y las flores, que nacen blancas y su vuelven violetas.

Puede ser la única planta que tiene su hoja más linda que la flor. Nosotros ya la conocíamos, la habíamos visto en la Amazonía Boliviana, y nos volvió a encantar.

Flor típica de la Amazonía brasileña y de toda la región.
En la foto parecen chiquitas pero llegan a medir hasta metro y medio.
Macaco de la Amazonía brasileña.
Los monos cuando huelen comida están al acecho.

En general estos tours intentan que el turista deje algo de dinero en cada uno de los lugares que pasa; lo que nos parece bastante razonable porque es una fuente más de ingreso para las familias que viven en el medio de la Amazonía brasileña y que no toda la plata que dejan los turistas quede en la ciudad. Por eso se hacen distintas paradas y en cada una, los locales exhiben sus artesanías o sus comidas.

Esto es básicamente lo que pasa también cuando los que venden el tour dicen “visita a comunidad indígena”. Bajamos en una playita de arena blanca donde había una construcción de ramas y hojas de palmeras. Adentro hombres y mujeres vestidos como alguna vez se habrán vestido los antepasados de esos hombres y mujeres y como algunas comunidades indígenas lo siguen haciendo hoy en día.

Hicieron un show de danza, música y canto tradicional y nos invitaron a pasar al “escenario”. El show lo cobran a la gorra y después te invitan a sacarse fotos con ellos. Esos hombres y mujeres estaban haciendo una representación, y no lo ocultaban –debajo de las polleras hechas de hojas tenían una zunga de lycra-. Eso nos pareció bien. No se trata de hacernos creer que ellos viven así actualmente, sino que trabajan haciendo una representación escénica de danzas y cantos tradicionales.

Miembros de comunidades indígenas de la Amazonía brasileña.
No queda dudas de que se trata de una puesta en escena. ¿no?

Es una forma de verlo. Otros piensan que es una ofensa que los pongan a bailar para los turistas. Para nosotros es un trabajo, como quienes bailan folklore en Argentina o la danza de Tapatí en Isla de Pascua o tantos otros ejemplos. ¿Mercantilización de la cultura? Puede ser. ¿Una fuente de trabajo digna? También. Pensar que “los indígenas” son “utilizados” por los “blancos” para “entretener” a los “gringos” no solo es un prejuicio sino también una ofensa para esos hombres y mujeres que ven en esa “puesta en escena” una oportunidad laboral.

Esto nos contaron algunos jóvenes con los que conversamos después. Algunos vinieron de la frontera con Venezuela, otros de la frontera con Colombia; todos, desde algún lugar de la Amazonía brasileña, buscando cerca de la ciudad mejores condiciones de vida, porque con la pesca no alcanza.

Artesanías de las comunidades de la Amazonía brasileña.
¡Muy buenos en diseño de indumentaria tradicional!

Viven en una “comunidad mixta, mezcla de indígena y no indígenas” –lo entrecomillamos porque así lo dijeron-, un lugar con electricidad, señal de teléfono, escuela; a una hora en lancha de Manaos a donde van cada tanto a comprar mercaderías. A la falsa comunidad indígena donde hacen la representación, van a trabajar.

Para seguir juntando dinero te invitan a pasar a otro lado de la playita donde tienen sus puestos de artesanías, de comida típica y de body painting indígena con pigmentos naturales.

No estamos diciendo que la relación es equilibrada: las agencias llevan los turistas y pueden decidir un día no llevarlos más o llevarlos a otro lugar y ellos no tienen tanto a su favor para negociar. Por eso, lo mejor para nosotros es comprar artesanías directamente a ellos y pagarles por su show como cuando pagamos cualquier espectáculo cultural.

Vestimenta típica de las comunidades de la Amazonía brasileña.
Este señor hablaba poco portugués así que a todo respondía con una sonrisa.

Otra actividad que incluyen estos tours es ir a nadar con los botos; los delfines de río. A diferencia de los de mar, son ciegos porque en el agua marrón no verían nada así que nadan guiados por sondas. También son más feos y encima están todos golpeados y rayados por la vegetación del río que se llevan por delante cada vez que intentan agarrar un pez. Pero son muy tiernos y suavecitos. Como a la mayoría de los animales, la comida los motiva. Los pescadores vieron que si les dan comida se acercan y saltan más, lo que lo hace más atractivo para “comercializarlo”.

Así que nos metimos al río con chaleco salvavidas a la cintura –para poder flotar, pero parados- y nos quedamos al lado de un señor que en una mano tenía peces con los que atraía a los delfines y después de saltar se los tiraba para premiarlo. Para algunos fue impresionable, así que se alejaron. Otros nos quedamos cerca para observar al delfín cada vez que saltaba en busca de su comida.

Delfín de río de la Amazonía brasileña.
Como un perro en busca de su hueso…

Seguramente, los proteccionistas nos estarán odiando en este momento, pero como solemos disfrutar de los animales domésticos, le damos de comer, los acariciamos y a veces hasta los retamos, no nos sentimos autorizados a hacer ningún juicio sobre esta actividad. Cada uno puede opinar lo que tengan ganas e incluso compartirlo en los comentarios.

Esperamos que este tipo de negocio sea más redituable que venderlos muertos porque ese es el principal problema que actualmente tienen los delfines. Aunque su caza es ilegal en toda la Amazonía brasileña, hay alrededor de 2500 muertes por año porque los pescadores lo usan como carnada para pescar otros peces carnívoros.

El turismo con los delfines rosados tiene cinco lugares autorizados por el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA). Eso porque el turismo genera ingresos e incentiva la protección de los animales por parte de los propios pescadores de la región. Los delfines rosados no son mantenidos en cautiverio y viven en su ambiente natural.” Sitio de Turismo de Brasil. 

Canales de la Amazonía brasileña.
Canales internos del Río Negro.

A pesar de ser la típica actividad de tour de todo un día, en la que te bajan y suben del bus –en este caso del barco-, nos gustó porque es una buena manera de conocer la cotidianidad de la vida en la Amazonía brasileña.

Nosotros hicimos la excursión con Amazing Tour Agency, a quien le interesó nuestra propuesta de contar la experiencia en el blog.

Otra forma de contratar el tour es hacerlo directamente en el puerto con los guías de la Cooperativa de Turismo. El servicio es el mismo; una introducción a la Amazonía brasileña: encuentro de las aguas, conocer la Victoria Reggia, nadar con delfines y visita a la comunidad indígena, almuerzo en restaurante sobre el río y agua durante todo el paseo.  Lo que cambia es que las agencias te incluyen el traslado, te ofrecen otros medios de pagos y en general te ofrecen organizarte varias actividades y hacer más descuentos.

Lo que no aconsejamos es contratar el tour fuera del puerto. Hay un montón de vendedores ofreciendo el mismo tour por la zona del Mercado, a un precio más barato, pero son embarcaciones que no están habilitadas para hacerlo.

Un puente en medio de la Amazonía brasileña.
Este puente de 3500 metros atraviesa el Río Negro desde Manaos hasta Iranduba.

Para concientizarse de la Amazonía brasileña

El Jardín Botánico del Museo de la Amazonía (MUSA) es un parque natural de 100 hectáreas que está en Manaos, pero no en el medio de la ciudad como en la mayoría de las grandes ciudades sino en el borde, justo donde termina. Está ahí porque hace años tuvieron que delimitar hasta dónde se podía extender la ciudad porque sino iban a seguir talando la selva. Entonces demarcaron un área de 1000 hectáreas y la nombraron Reserva Florestal Adolpho Ducke. Ahora, una partecita muy chiquita de esa reserva conforma el Jardín Botánico.

Árbol típico de la Amazonía brasileña.
45 metros.

La visita es un poco aburrida porque los senderos son muy cortos y sin mucho para ver. Además, solo se puede hacer la visita con los guías de ahí y los grupos que forman son muy grandes y a nosotros se nos complicó estar atrás del guía para escuchar todo lo que explicaba.  El recorrido es de apenas una hora en el que vimos animales y peces que nacieron en cautiverio y así seguirán con el objetivo de estudiarlos. A los monos y osos perezosos que viven ahí porque es su ambiente natural ni los escuchamos, apenas divisamos a un roedor.

Durante el recorrido aprendimos que el Pirarucú es el pez más grande de agua dulce y a medida que crece tiene que salir a la superficie a respirar y que las víboras venenosas más peligrosas son las más jóvenes porque no tienen experiencia y cada vez que quieren atacar lo hacen con todo el veneno porque aún no saben calcular.  También que mientras más altos son los árboles más chicas son sus hojas para dejar que el sol pase y llegue hasta abajo donde las plantas son más chicas, pero tienen las hojas grandes para captar más la luz que llega hasta ellas.

Sensación típica de la Amazonía brasileña.
Sentirse chiquito en habitual en la selva.

El punto a favor es la propuesta. A lo largo del recorrido hay unas instalaciones didácticas que muestran el resultado de investigaciones en las comunidades indígenas de la Amazonía brasileña. Cuando fuimos nosotros estaba la exposición de las comunidades de São Gabriel de la Cachoeira (cerca de la frontera con Venezuela). Hay fotografías, videos, utensilios y artefactos de uso cotidiano, dibujos y textos informativos acerca de la vida de estas comunidades. Los instrumentos que usan para pescar, cómo cocinan, cuál es su cosmovisión.

El guía nos contó que el proyecto consiste en difundir y concientizar acerca de la vida natural y cultural de la Amazonía brasileña; son dos aspectos inseparables.

Cómo se pesca en la Amazonía brasileña.
Muestra de los artefactos que se utilizan para pescar.

Después subimos a una torre que construyeron en el medio del parque para ofrecer una experiencia un poco más intensa. Intensa porque hay que subir por escalera a una altura de 14 pisos, superando los 45 metros. El día que fuimos estaba totalmente gris y la vista de las copas de los árboles resultó bastante chata. Pero nos dio un panorama de lo que hay más allá de los troncos que uno ve desde abajo.

Lo más interesante fue cuando el guía nos dijo que teníamos que empezar a bajar porque se acercaba una tormenta. A los pocos minutos empezamos a escuchar un sonido parecido al de una máquina de obra que cada vez se hacía más fuerte. Era la lluvia que se acercaba. Fue la primera vez que escuchamos la lluvia antes de que realmente esté lloviendo. (Después nos pasó muchas otras veces en diferentes puntos de la Amazonía).

Paisaje de la Amazonía brasileña.
A más de 45 metros de altura, la selva se ve así.
Amazonía brasileña desde arriba.
Es tan cerrada la selva que apenas de visualiza el suelo.

Hay que tener en cuenta que el MUSA está a una hora del centro de Manaos en transporte público pero lo bueno es que hay colectivos que te dejan en la puerta y el recorrido que hace te permite conocer la periferia.

Internarse en la selva

“La selva” es uno de esos términos tan asociados a los cuentos y películas que nos parece que no refiere a algo real sino del mundo de la fantasía. Pero en la Amazonía es tan real como normal. La selva es el entorno natural de Manaos, todo lo que rodea la ciudad es selva.

Aunque internarse en la selva es uno de los principales atractivos de Manaos para los viajeros aventureros todo terreno, nosotros veníamos de más de dos meses en las Guyanas, donde todo es vida en la selva, y nos estábamos a punto de subir a un barco durante siete días desconectados de todo. Así que por una cuestión económica mezclada con la cuestión de ganas –o la falta de ellas- no lo experimentamos.

Nos enteramos de que hay una categoría de “hoteles de selva” que ofrecen paquetes de varios días con todo el confort, pero en el medio de la selva. Y también averiguamos sobre las distintas opciones que ofrecen las agencias de turismo. Nuestros amigos, Carol y Juan, cuentan su experiencia en la Amazonía brasileña en su blog. Los invitamos a leer “Selva del Amazonas: El lado salvaje de la naturaleza” donde detallan cómo fue pasar cuatro días en plena selva, ver a los osos perezosos, caimanes y hasta un águila cazando a un mono.

Embarcarse por el Río Amazonas

Algunos viajeros pasan por Manaos, la capital de la Amazonía brasileña, porque queda de paso. Es tan irónico decir eso porque no queda de paso para nadie que viaje por Brasil. Pero para los que viajamos por Sudamérica y tenemos la obsesión de conocer todos los países o hacer una especie de vuelta, sí queda de paso.

Los que vienen recorriendo el Nordeste brasilero en general se embarcan en Belém, donde desemboca el Amazonas en el mar, hasta Santarem y luego continúan, también en barco, hasta Manaos. La opción ahí es seguir por tierra hasta Venezuela y luego Colombia para seguir a América Central.

Los que están en Perú y Ecuador, entran por Iquitos, en Perú, hasta Manaos y luego siguen por tierra, si quieren ir para las Guyanas o Venezuela, o por agua hasta el litoral brasilero, si quieren bajar por las playas.

Nosotros entramos en el grupo de los que después de haber recorrido el nordeste brasilero, siguieron a las Guyanas, volvieron a entrar a Brasil, llegaron a Manaos y se embarcaron hasta la frontera con Colombia para luego cruzar a Perú y después, mucho después, seguir por Ecuador, Colombia y, finalmente, Venezuela.

Cualquiera sea la dirección, el motivo o el tramo, viajar en barco por el Amazonas es la mejor manera de conocer algo de la vida de la región; sencillamente porque la vida en la Amazonía es en el río. Las familias viven a la vera del río y se trasladan en bote, se alimentan principalmente de lo que encuentran en la selva o lo que la selva les permite producir –inclusive la ganadería familiar-, los comercios son fluctuantes – se montan sobre balsas-, los chicos juegan, las mujeres lavan y los hombres pescan; todos en el río.

Niños de la Amazonía brasileña.
La autofoto es popular en medio del río también.

Nosotros viajamos durante siete días de Manaos a Tabatinga, en una embarcación en que dormimos todas las noches en una hamaca en un gran salón junto a otras 200 personas, nos levantamos a las seis de la mañana, almorzamos a las 11.30 y cenamos a las 17.30.

Info útil y de contacto para descubrir la Amazonía brasileña desde Manaos

Amazing Tour Agency:

Musa (Jardín Botánico):


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Si quéres conocer un poco más sobre la Amazonía brasileña también podés leer “Qué hacer en Manaos, una ciudad en medio de la selva”, donde detallamos las principales actividades de la capital de Amazonas.

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Si querés saber cómo fue la experiencia de viajar durante siete días de Manaos a Tabatinga/Leticia te recomendamos leer Diario de viaje en barco por el Amazonas de Brasil.

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Si te gusta la selva, el río y también un poco de ciudad, podés ver más fotos de la Amazonía brasileña en la “Galería de imágenes de Manaos”.

Si tenés ganas de compartir tus impresiones o tu experiencia, nos encantaría que nos dejes un comentario. (Tenés que ir hasta el final de la página, donde está el recuadrito)

 

 Esta publicación está patrocinada. Es una de las formas que usamos para viajar: mencionar una marca, empresa u organismo a cambio de un producto/servicio/remuneración. Todo lo que escribimos es subjetivo, está basado en nuestra experiencia y redactado con mucho ♥.
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Acerca de Trayectorias

Somos Marian y Camu, novios, pareja, concubinos, convivientes y compañeros, entre otros rótulos que tenemos acumulados. Hace un tiempo estrenamos uno nuevo, el de viajeros. Luego de varios años juntos decidimos salir a emprender un estilo de vida en permanente movimiento.

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